MISTERIO DEL REINO

por El Responsable

¡Escuchad! Mirad que salió el sembrador a sembrar. Y sucedió que, al sembrar, parte de la semilla cayó al borde del camino y vinieron los pájaros y se la comieron. Y otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y enseguida brotó, porque no tenía tierra profunda, y cuando salió el sol se marchitó y porque no tenía raíz se secó. Y otra parte cayó entre espinos, y los espinos crecieron y la ahogaron y no dio fruto. Y otra parte cayó en tierra buena y dio fruto, saliendo y creciendo, y produjo el treinta, y el sesenta, y el ciento por uno.

Mc 4, 3-8

“[…] la sorprendente semejanza entre 4 Esdras 4, 26-29 y Marcos, 4, 3-8, nos permite suponer que Marcos está recibiendo su tema de una metáfora apocalíptica corriente: la nueva edad se expresará pronto como un campo milagrosamente fecundo. Pues bien, desde ese fondo resultan también sorprendentes las diferencias entre las dos parábolas (de 4 Esdras y de Marcos).

En 4 Esdras el campo malo, el campo donde se ha sembrado la mala semilla, debe desaparecer antes de que venga a existir el buen campo, el campo donde se siembra la buena semilla. En otras palabras, de una manera que resulta muy lógica, primero debe terminar la edad antigua; sólo después podrá surgir la nueva edad. Pero en Marcos, por el contrario, ambas edades coexisten, una al lado de la otra (cf. en esa línea Mt 13, 20-30). Eso significa, en otras palabras, que la nueva edad ha llegado ya (mientras en otro plano sigue existiendo el mundo viejo); la gloriosa y casi increíble cosecha que se atribuye a la buena tierra […] constituye un testimonio de su llegada para aquellos que tienen ojos para ver.

Pues bien, debemos poner de relieve el hecho de que en Marcos (en contra de lo que sucede en 4 Esdras) la nueva edad no ha llegado aún de una forma tal que elimine todos los vestigios de la edad antigua: la mala tierra, que es símbolo de la esterilidad, debilidad y sufrimiento del eón antiguo, persiste aún tenazmente y produce su cosecha de muerte. Esta extraña coexistencia de la edad nueva y de la antigua constituye para Marcos el misterio del reino de Dios. A causa de este misterioso ocultamiento, uno necesita abrir los ojos de la fe para discernir la presencia del reino de Dios. Así fue como lo dijo Martin Buber: Las auténticas victorias, vencidas en secreto, a veces parecen derrotas… A la luz de una débil lámpara, nuestra fe en Dios como Señor de la Historia puede parecer a veces ridícula; pero hay algo secreto en la historia y que confirma nuestra fe. Para Marcos, ese algo secreto es la cruz, porque es aquí donde el creyente es capaz de ver la victoria de Dios en una aparente derrota.”

El evangelio según Marcos (Mc 1-8), de Joel Marcus; Sígueme, 2010; pgs. 337-338.

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