PROCESOS DE FORMACIÓN DE LA LIBERTAD HISPANA: EL EJEMPLO CATALÁN

por El Responsable

“Que si alguno de ellos (los hispani) en la parte que cultiva para habitar, llevase a otros hombres procedentes de otros linajes y los hiciera habitar consigo en su porción que llaman aprisiones, se utilice el servicio de éstos (los que vienen de otro linaje) sin oposición ni impedimento por parte de alguno. Y si alguno de estos hombres que fue llevado por alguno de ellos y colocado en su porción, eligiese como señor a otro (el patrocinio de otro), es decir, al conde, vizconde, vicario o a otro hombre cualquiera, tenga licencia para marcharse, pero de las cosas que posee nada tenga ni nada lleve consigo, sino que todas las cosas vuelvan plenamente al dominio y a la potestad del primer señor. (…) Y sea lícito en todo caso que vendan, cambien y donen entre sí, y dejen a sus descendientes todas sus posesiones o aprisiones, y si no tuvieren hijos o nietos les sucedan en la herencia sus parientes según su ley, de tal forma que, por supuesto, los que hereden no desdeñen de prestar los servicios recordados arriba.”

Capitular de Carlos el Calvo, de 11 de junio del 844 (La formación del feudalismo en la Península Ibérica, de A. Barbero y M. Vigil; Crítica, 1991; pg. 356).

Mientras estudiaba la carrera de Derecho, tuve que realizar varios comentarios de texto para una asignatura optativa de historia del derecho; en este caso en concreto, utilicé como apoyo bibliográfico el libro La formación de los reinos hispánicos, de José Luis Villacañas Berlanga [Espasa, 2006; me apoyé, concretamente, en las páginas 188-190, del parágrafo titulado Cataluña, hacia la articulación de la pluralidad condal; en nota al pie, el profesor Villacañas refiere que su explicación se basa en el libro de Archibald R. Lewis, The Development of Southern French and Catalan Society; el cual, a su vez, sería un resumen de las tesis de Ramon d’Abadal sobre la formación de Cataluña].

Se trata de un decreto promulgado por Carlos II de Francia, dirigido, al parecer a los territorios de la Marca Hispánica del Imperio Carolingio. Seguramente la fecha del documento no es baladí, pues nos encontramos en el año inmediatamente posterior al Tratado de Verdún: el Sacro Imperio ha sido dividido en tres partes, entre los hijos de Luis I (nietos, por lo tanto, de Carlomagno). Carlos II, muy probablemente, estaría tratando de asegurar las fronteras (y las voluntades) de la parte que le había tocado, la Francia Occidental.

¿En qué sentido la institución de la aprisio puede ayudarle? Como la presura y el escalido, supone una típica medida incentivadora del poblamiento de zonas de frontera; y es por ello que ya había sido utilizada anteriormente por las autoridades carolingias, intentando fortalecer las zonas de fricción con vascones y musulmanes. “Se trataba de un permiso o derecho que se concedía a los hispani para ocupar tierras baldías […] pertenecientes al fisco. […] podían ser entregadas a los maiores, que las ocupaban con sus séquitos de clientes, o a los minores. Los primeros debían prestar un homenaje al emperador, que los reconocía como fideles. Con ello contraían deberes de auxilio militar en la defensa de las fronteras y, a la llamada del rey, debían presentarse con sus hombres. A cambio obtenían derechos de justicia sobre los clientes de su séquito, a los que repartían tierras de la aprisio. […] era casi una toma de propiedad de la tierra y fácilmente se transformaba en absoluta -en Cataluña a los 40 años-, por lo que los señores acaban siendo señores territoriales con funciones jurisdiccionales. Los minores, que eran hombres libres, pagaban un censo por la tierra entregada”.

La libertad de los minores podemos comprobarla en el texto comentado, pues no quedaban obligados a permanecer bajo el patronato inicial, pudiendo cambiar de maior; con lo cual es probable que se produjera una cierta ‘competencia’ entre maiores, intentando presentar ventajas para afianzar la fidelidad de su minores (lo cual, evidentemente, revertiría en beneficio de éstos).

¿Y cuál es, entonces, la ventaja que obtienen los maiores del sistema de aprisio? Para ello, es necesario comparar esta forma de vasallaje con otras que también se daban en el mundo carolingio -aunque en menor proporción en zonas de frontera-: se trata de las instituciones de los honores y los beneficia.

En el primer caso “[…] implicaban la entrega de posición, oficio o cargo público, como un condado, un obispado o una abadía. Por lo tanto, se trataba de una misión pública, mediaba ceremonia de homenaje y se ofrecía reconocimiento de fidelitas al rey.” Se trata de un vasallaje ‘funcionarial’, que, como la aprisio, podía ser revocado por deslealtad o incompetencia; pero que en ningún caso puede producir un traspaso de propiedad o jurisdicción que acabe siendo permanente. Nos encontramos ante la estructura feudal del Imperio Carolingio, soportado en la legitimidad indiscutible de su primera figura, el Emperador; y en el uso que el mismo realiza de las propiedades imperiales, en las que se ha producido una patrimonialización de lo público; pero no en provecho propio, sino para general provecho del reino, tratando de cohesionar la voluntad de sus vasallos.

En cuanto a los beneficia, “[…] no implicaban un cargo público o un oficio, sino más bien una porción de tierra fiscal o pública. Tenían duración vitalicia -contra la aprisio, que se heredaba [como se puede ver en el párrafo final del texto comentado]- y no se removían salvo causa excepcional -contra los honores-.”

Por lo tanto, las aprisiones aventajaban a honores y beneficios, tanto en los derechos adquiridos, como en el aspecto temporal de los mismos. Por ello suponían un incentivo a la hora de establecerse en las peligrosas tierras fronterizas. Cuánto más necesario, si cabe, el contento de los maiores hispanos, teniendo en cuenta el momento histórico: pues a su frontera sur, ahora el rey Carlos II debía añadir a su lista de preocupaciones la recién nacida frontera oriental con su hermano Lotario.

Estas necesidades estratégicas acabaron provocando la fractura definitiva de los condados catalanes respecto del Imperio. “Las aprisiones se transformaron en propiedades, y los grandes detentaron los derechos jurisdiccionales. La autoridad real desapareció. […] Se puede decir que la relación de fidelidad prácticamente desapareció, excepto aquella entregada a la figura de los condes. Fueron ellos los que ahora autorizaban las aprisiones y daban tierras en precario. […] De esta manera, los condes devinieron señores jurisdiccionales independientes y se entregaron a la definición de un cosmos político propio y específico.”

Con la desaparición del patrimonio imperial, se hizo inviable el anterior juego de recompensas. Aunque permaneció el respeto simbólico a la figura del Emperador, éste vio drásticamente reducida su capacidad para actuar políticamente en estos territorios, pues nada podía ofrecer a los nuevos señores que éstos no gozasen ya.

verdun