DHIMMA

por El Responsable

“Mosul es un buen ejemplo. Nada más tomar la ciudad, Abu Bakr al Bagdadi nombró gobernador: el elegido fue Azhar al Obeidi, general del extinto Ejército iraquí. Apenas dos días después, el oficial publicó un bando con las nuevas normas que regían en las calles: aplicación estricta de ley islámica según la interpretación más restrictiva de la corriente wahabí-saudí. Al igual que en Arabia Saudí, delitos considerados capitales -como el robo a mano armada, la violación o la apostasía- serían castigados con la muerte y su ejecución rápida y pública. La ciega locura de Al Bagdadi y su jauría de alfaquíes transgrede la norma más allá de la rigidez de la letra. El piloto jordano capturado y ajusticiado a principios de 2015 fue quemado vivo en una jaula porque, según la interesada interpretación de los ulemas del Estado Islámico, la ley consigna que el reo debe morir de la misma manera que mata; y él lanzaba fuego desde el cielo.

Los wali se ocupan, también, de que las mezquitas estén llenas y las calles vacías durante las cinco oraciones del día; de que las mujeres vayan tapadas de pies a cabeza y no salgan solas a la calle; de que ni en supermercados, colegios o edificios públicos los sexos se mezclen. De que no se apueste, de que no se escuche música y de que no haya otros símbolos religiosos más que los islámicos. Y de perseguir con saña a homosexuales, blasfemos, adúlteros y asociadores -en esta categoría se incluye a los chiítas-. Normas en vigor también en Arabia Saudí. El absurdo llega hasta para prohibir los helados porque estos no existían en tiempos del Profeta.

Las normas son incluso más restrictivas para los no musulmanes. Si pertenecen a la religión del Libro (cristianos y judíos) tienen tres opciones: someterse, convertirse o huir. Si aceptan el estatus de dimmies (habitual en la Edad Media), deberán pagar un impuesto especial (jizya), abstenerse de utilizar sus símbolos religiosos y renunciar a productos prohibidos como el alcohol y la carne de cerdo. No podrán tampoco portar armas ni rezar en comunidad. Peor destino se les reserva al resto: chiíes y yaizies -a los que se considera politeístas- solo tienen la opción de la conversión o la muerte. Los últimos pueden igualmente ser vendidos como esclavos y sus mujeres engrosar los harenes como concubinas sin derechos.”

Estado Islámico. Geopolítica del caos, de Javier Martín; Catarata, 2015; pgs. 59-60.

Jordan pilot

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