EL CELO DE TU CASA ME DEVORA

por El Responsable

“Calman cantaba las palabras mientras se pasaba la mano por la barba para alisarla. Fijó la vista en el comentario del rabí Yom Tov Heller, y vio el antiguo templo, el templo en cuya estancia más recóndita se encontraba el Arca Sagrada de oro macizo. Y el Sumo Sacerdote entraba, una vez al año, en aquel sanctasanctórum vestido con rica túnica, cubierta la cabeza con un velo y en las manos un recipiente para quemar incienso. Alrededor de la sagrada estancia se alzaban los restantes edificios que formaban el templo. Los sacerdotes ofrecían el sacrificio de animales en los altares, quemaban grasa animal y freían alimentos en ofertorio. Más lejos, se encontraba el patio del templo, en el que todos los judíos podían entrar. Estaba lleno a rebosar. No cabía ni un alfiler en el patio. Pero cuando el Sumo Sacerdote entonaba el nombre de Jehová, el patio se ensanchaba para que los judíos pudieran arrodillarse e inclinar la cabeza hacia el suelo.

Calman sentía el ardiente deseo de que volvieran los tiempos en que los judíos vivían en la tierra de Israel. Tres veces al año peregrinaban a Jerusalén. Tenían sus propios campos, bosques, viñedos e higueras. Un rey reinaba entre los judíos, y los hombres hacían profecías. Sin embargo, pensó Calman, no por esto los judíos dejaban de pecar. En otros tiempos adoraron al Becerro de Oro. ¡Qué extraño! ¿Cómo fue posible tamaña enormidad?

Calman ni siquiera recordaba cuándo había aprendido el cántico que ahora entonaba para rezar y estudiar a un tiempo. Aquel cántico había llegado hasta él a través de las generaciones. Las palabras del Mishnah eran muy claras. Hacían referencia a un buey, un asno, un ladrón, un asesino, un matrimonio y un divorcio. Y cada palabra exhalaba un aroma indescriptible. Las letras hebreas estaban trazadas por mano santa, sagrada, eterna. Calman tenía la impresión de que aquellas letras le unieran a los patriarcas, a Josué, a Gamaliel, a Eliezer… Aquellos textos le hablaban tal como hablan los abuelos, los bisabuelos. Le decían lo que era justo y lo que era injusto, lo que era puro y lo que era impuro. Le hacían partícipe de los tesoros del Tora. Cuando se encontraba entre libros sagrados, Calman se sabía a salvo. Sobre cada volumen se cernía el alma de su autor. Allí, el Señor le vigilaba y protegía.”

La casa de Jampol, de Isaac Bashevis Singer; Debate, 2003; pgs. 508-509.

Israeli soldiers from a tank squadron wearing "Talit" (prayer shawls) and "Tefilin" (phylacteries) hold a Torak scroll as they conduct morning prayers at an Israeli army deployment area near the Israel-Gaza Strip border on November 19, 2012. The Israeli cabinet gave its green light for the recruitment of up to 75,000 reservists, Channel 2 television said, amid signs that Israel was gearing up for a ground offensive in Gaza.  AFP PHOTO / JACK GUEZ

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