EL BARRIO

por El Responsable

Hay ciertos lugares donde el pasado es tan denso que volver a caminar por ellos es como entrar andando en el mar. El bullicio de la memoria emborrona sin pausa la mirada presente.

Volver a ciertas calles de Madrid es igual que volver a ciertas calles de Ferrol: un viaje en el tiempo.

El Barrio nos ve regresar en un día ventoso, como si la conversación de los árboles zarandeados quisiera mezclar recuerdos y sensaciones de mis dos infancias, la gallega y la castellana.

Se suele decir que la familia no se elige y los amigos sí. Pero hay amistades que tampoco se eligen. Nacidas en esos años en que todos los errores son meras amenazas silenciosas, acaban siendo tan ajenas a la voluntad como el ADN. Te sientes ligado a ellas a pesar de todas las distancias: espaciales, temporales, espirituales.

No puedes evitar desear que todos esos personajes de la literatura de tu vida sean felices y coman perdices. Es una oración sencilla que brota de tu ser como el más inocente de los manantiales.

Hay amistades que no se eligen: son tatuajes ancestrales que no se pueden arrancar sin desfigurar el alma. Nada las rinde, cualquier cosa las renueva.

Sobre todo la muerte.

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