LA REDENCIÓN DE LAS SERPIENTES

por El Responsable

“El camino: ahí lo tienes, justo hasta mi puerta. Toda la mala suerte que va y viene por él tiene que encontrarla por fuerza. Le dije a Addie que no era ninguna bicoca vivir junto a un camino como éste, y ella, como mujer que es, dijo: Pues ponte en marcha y vete a otra parte, entonces. Y yo le dije que no era ninguna buena suerte, porque el Señor puso los caminos para viajar: ¿no los ha hecho todos planos y extendidos en la tierra? Cuando quiere que algo esté siempre en movimiento, lo hace alargado, como un camino o un caballo o una carreta, pero cuando quiere que algo esté quieto, en su sitio, lo hace de arriba abajo, como un árbol o un hombre. Así que Él nunca quiso que la gente viviera en los caminos, porque ¿qué es lo que está en un sitio antes, el camino o la casa? ¿Es que alguna vez ha puesto un camino al lado de una casa?, pregunto yo. No, nunca, digo yo, porque es siempre la gente la que no descansa hasta poner su casa donde todo el que pasa en una carreta pueda escupir en el umbral, y así la gente está intranquila y con ganas de coger y largarse a cualquier sitio, cuando lo que Él quiso para ella era que se quedara quieta como los árboles o los maizales. Porque si Él hubiera querido que el hombre estuviera siempre moviéndose de un lado para otro, ¿no lo habría hecho alargado sobre la panza, como a las serpientes? Es de pura lógica que sí.”

Mientras agonizo, de William Faulkner; Anagrama, 2011; pgs. 40-41.

'Wind from the sea', de Andrew Wyeth (1947)

‘Wind from the sea’, de Andrew Wyeth (1947)