El sosiego acantilado

NON MEA VOLUNTAS

Mes: Xullo, 2015

LA MÁSCARA EXTRANJERA

Only the dramatic mind wincing under the strain of outer evil thus projects itself instinctively into figures which must utter wholly the derangement that is partly its own.

Pessoa, sobre Shakespeare; en Páginas sobre literatura e estética; Publicaçôes Europa-América; pg. 112.

“El propio Pessoa fecha en septiembre de 1908 [a los 20 años] el momento en que deja de escribir exclusivamente en inglés para hacerlo en portugués. No cabe duda de que el principal motivo de este repentino cambio es político. Tras dos años de permanencia en ese país donde se sentía aún medio extranjero, le invade un intenso sentimiento patriótico.

[…] Lo que es seguro es que entre los ocho y los nueve años domina completamente el inglés, que será, durante diez años, su lengua de trabajo intelectual y de creación literaria.

Mucho se ha dicho acerca del papel del bilingüismo en la génesis de su obra. Jorge de Sena sostiene que durante toda su vida Pessoa pensó en inglés y escribió en portugués; ése sería el secreto de su estilo inimitable, tanto en verso como en prosa. Otros defienden casi lo contrario: el portugués, lengua materna, en sentido estricto, le resultaba más natural que el inglés, lengua adquirida, de la cual tenía una práctica sobre todo libresca y que hablaba y escribía, según su antiguo condiscípulo Ormond, casi demasiado bien, con un estilo académico. Jennings resume su opinión con una frase tajante: Para Pessoa, el inglés era la lengua del intelecto, y el portugués, la lengua del corazón. El propio Pessoa, mucho más tarde, haciendo el elogio de Babel y del bilinguismo, propondrá otro reparto en su profecía del Quinto Imperio, que será el reino de la cultura: Se utilizará el inglés como lengua científica y general, y el portugués como lengua literaria y particular. Para aprender, se leerá en inglés; para sentir, en portugués. Para enseñar se hablará en inglés; para expresarse, en portugués.

Todos estos juicios, incluido el suyo, no agotan el tema, que por el momento apenas ha sido tratado por los especialistas. Tiendo a pensar que el uso del inglés, en una obra donde predomina el portugués, crea una distancia análoga a la que establecen los heterónimos entre el poeta y el propio Pessoa: se pueden leer Antínoo y los Sonetos como poemas de un cuarto gran heterónimo, cuya máscara no es un nombre sino una lengua. Conviene añadir sin embargo que ambas lenguas le son igualmente consustanciales, hasta el punto de que a veces, escribiendo sus borradores en prosa, pasa de una a otra, sin advertirlo.”

Extraño extranjero. Una biografía de Fernando Pessoa; de Robert Bréchon; Alianza, 1999; pgs. 104-105, 50-51.

entroido

EL TEMPLO DEL ESPÍRITU SANTO

“Era un bicho raro de nombre concreto pero no podían recordarlo. La caseta donde estaba se había dividido en dos partes con una cortina negra; un lado para los hombres, el otro para las mujeres. El tipo iba de un lado para otro, hablando primero con los hombres y luego con las mujeres, pero todo el mundo podía escuchar. El escenario ocupaba toda la parte delantera. Las chicas oyeron cómo les decía a los hombres:

-Os voy a enseñar esto y si os reís, Dios podría castigaros de la misma manera.

Tenía una voz rural, lenta y nasal, ni alta ni baja, simplemente plana.

-Dios me hizo así y, si os reís, podría castigaros de la misma manera. Así es como quiso que yo fuera y nunca pongo en duda su voluntad. Os lo enseño porque tengo que sacarle provecho. Espero que se comporten como señores. Nunca me he hecho nada ni he tenido nada que ver con él, pero le estoy sacando provecho. Nunca pongo en duda su voluntad.

Luego hubo un largo silencio al otro lado de la caseta y, por fin, dejó a los hombres y se pasó al lado de las mujeres para hacer lo mismo.

La niña sintió tensarse cada músculo del cuerpo como si estuviera oyendo la respuesta a un enigma que era más enigmático que el enigma en sí.

-¿O sea, que tenía dos cabezas? -dijo.

-No -dijo Susan-. Era hombre y mujer a la vez. Se levantó el vestido y nos lo enseñó. Llevaba un vestido azul.”

Del relato Un templo del Espíritu Santo, de Flannery O’Connor; en la antología Un encuentro tardío con el enemigo; Encuentro, 2006; pgs. 179-180.

'White Hermaphrodite', de Odd Nerdrum (1992)

‘White Hermaphrodite’, de Odd Nerdrum (1992)

LA CULTURA DE ESTADO O EL ESTADO DE LA CULTURA

“Koróviev, pasando ante la reja, dijo:
-¡Bah! ¡Si es la casa de los escritores! Sabes qué te digo, que he oído muchas cosas buenas y favorables sobre esta casa. Fíjate en ella, amigo mío. Es agradable pensar que bajo este tejado se ocultan y están madurando infinidad de talentos.
-Como las piñas en los invernaderos -dijo Popota, subiéndose sobre la base de hormigón de la reja, para ver mejor la casa color crema con columnas.
-Eso es -asintió Koróviev, compartiendo la idea de su amigo inseparable-. Y qué emoción tan dulce envuelve el corazón cuando piensas que en esta casa madura el futuro autor de Don Quijote o del Fausto, o ¿quién sabe?, de Almas muertas. ¿Eh?
-Da miedo pensarlo.
-Pues sí -seguía Koróviev-, se pueden esperar cosas sorprendentes de los invernaderos de esta casa, que ha reunido bajo su techo a varios ascetas, decididos a consagrar su vida al servicio de Melpómenes, Polihimnia y Talía. ¿Te imaginas el jaleo que se va a organizar cuando uno de ellos ofrezca al público de lectores El revisor o, en último caso, Eugenio Oneguin?
-Pues podía pasar -asintió de nuevo Popota.
-Sí -continuaba Koróviev, levantando un dedo con aire preocupado-. ¡Pero!… ¡Pero, digo yo y repito el ‘pero’!… ¡Si a estas delicadas plantas de invernadero no les ataca algún microbio, no les pica las raíces, si no se pudren! ¡Porque esto ocurre con las piñas! ¡Y tanto que ocurre!

[…] -Los carnets, por favor -dijo ella mirando sorprendida los impertinentes de Koróviev y el hornillo de Popota y su codo roto.
-Mil perdones, pero, ¿qué carnets? -preguntó Koróviev, extrañado.
-¿Son ustedes escritores? -preguntó a su vez la ciudadana.
-Naturalmente -contestó Koróviev con dignidad.
-¡Sus carnets! -repitió la ciudadana.
-Mi encanto… -empezó dulcemente Koróviev.
-No soy ningún encanto -le interrumpió la ciudadana.
-¡Ah! ¡Qué pena! -dijo Koróviev con desilusión y continuó-: Bien, si usted no desea ser encanto, lo que hubiera sido muy agradable, puede no serlo. Dígame, ¿es que para convencerse de que Dostoievski es un escritor, es necesario pedirle su carnet? Coja cinco páginas cualesquiera de alguna de sus novelas y se convencerá sin necesidad de carnet de que es escritor. ¡Y me sospecho que nunca tuvo carnet! ¿Qué crees? -Koróviev se dirigió a Popota.
-Apuesto a que no lo tenía -contestó Popota, dejando el hornillo en la mesa junto al libro y secándose con la mano el sudor de su frente, manchada de hollín.
-Usted no es Dostoievski -dijo la ciudadana, desconcertada, dirigiéndose a Koróviev.
-¿Quién sabe?, ¿quién sabe? -contestó él.
-Dostoievski ha muerto -dijo la ciudadana, pero no muy convencida.
-¡Protesto! -exclamó Popota con calor-. ¡Dostoievski es inmortal!
-Sus carnets, ciudadanos -dijo la ciudadana.
-¡Esto tiene gracia! -no cedía Koróviev-. El escritor no se conoce por su carnet, sino por lo que escribe. ¿Cómo puede saber usted qué ideas artísticas bullen en mi cabeza? ¿O en ésta? -y señaló la cabeza de Popota, que hasta se quitó la gorra para que la ciudadana pudiera verla mejor.
-Dejen pasar, ciudadanos -dijo la mujer nerviosa ya.
Koróviev y Popota se apartaron para dejar paso a un escritor vestido de gris, con camisa blanca, veraniega, sin corbata; con el cuello de la camisa abierto sobre el cuello de la chaqueta. Llevaba un periódico bajo el brazo. El escritor saludó amablemente a la ciudadana; al pasar escribió en el libro, previamente abierto, un garabato y se dirigió a la terraza.”

El maestro y Margarita, de Mijaíl Bulgákov; Alianza, 2009; pgs. 459-460, 460-462.

Escena de la película Amor bajo el espino blanco, de Zhang Yimou.

LIBERTAD Y ESTADO SERVIL

“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres. Digo esto, Sancho, porque bien has visto el regalo, la abundancia que en este castillo que dejamos hemos tenido; pues en mitad de aquellos banquetes sazonados y de aquellas bebidas de nieve me parecía a mí que estaba metido entre las estrecheces de la hambre, porque no lo gozaba con la libertad que lo gozara si fueran míos, que las obligaciones de las recompensas de los beneficios y mercedes recibidas son ataduras que no dejan campear el ánimo libre. ¡Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan sin que le quede obligación de agradecerlo a otro que al mismo cielo!”

Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes; capítulo LVIII de la Segunda Parte; Alfaguara, 2004; pgs. 984-985.

'Don Quijote en Barcelona', de Augusto Ferrer-Dalmau.

‘Don Quijote en Barcelona’, de Augusto Ferrer-Dalmau.

LA MIRADA DEL ESCRITOR

“En los tiempos del leninismo y del estalinismo más terribles, las gentes que leían, clandestinamente, Demonios de Dostoievski se preguntaban: ¿Y cómo lo sabía? Quizás pensaban en una documentación histórico-social excepcional, o quizás en alguna especie de profetismo, adivinación, o talante visionario. Pero hay que responder que lo sabía sencillamente porque era escritor. Y, para aclarar esta afirmación, me gustaría recordar lo que escribe Henry James acerca de lo que podríamos llamar el misterioso o enigmático modo de configurarse una narración. Se lo leo; dice:

Recuerdo a una novelista inglesa, una mujer genial, quien me contó que la alabaron mucho la impresión que había sabido dar en sus relatos sobre la naturaleza y forma de vida de la juventud protestante francesa. La preguntaron dónde había aprendido tanto sobre estos seres recónditos, y ella se había congratulado de sus propias oportunidades. Estas oportunidades consistían en que una vez, en París, cuando subía por una escalera, había pasado frente a una puerta abierta, donde unos jóvenes protestantes, en la casa de un Pastor, estaban sentados alrededor de una mesa, una vez terminada la comida. De un vistazo captó el cuadro; sólo duró un momento, pero ese momento fue una experiencia. Había captado una impresión personal directa, y había formado su modelo… Estaba adornada con la facultad de recoger el ciento por uno, lo que para el artista es una fuente de energía mucho mayor que algo accidental como la residencia o la posición en la escala social. El poder de imaginar lo desconocido por lo conocido, de averiguar la implicación de las cosas, de juzgar el todo por una parte, la cualidad de sentir la vida en general tan intensamente que va bien encaminado para conocer cualquier rincón especial de ella.

Así funciona un escritor, realmente. Éstos fueron toda la documentación y el método para escribir y dar en el corazón del asunto. Y Dostoievski seguro que sólo tenía la conciencia de estar escribiendo una fábula sobre el mal que veía, que luego resultó profética, porque la mirada había sido profunda y por la parte de atrás, sencillamente, que es la que a veces se concede a un escritor. Y se le había concedido, verdaderamente.”

José Jiménez Lozano, en el prólogo a la antología de cuentos de Flannery O’Connor Un encuentro tardío con el enemigo; Encuentro, 2006; pgs. 19-20.

'Sunlight in a Cafeteria', de Edward Hopper (1958)

‘Sunlight in a Cafeteria’, de Edward Hopper (1958)

LA OLLA SANGRIENTA

“Parece haber en esta asamblea algunos oídos delicados que no son capaces de soportar la palabra sangre. Algunas consideraciones generales pueden convencerles de que nuestra crueldad no es mayor que la de la naturaleza, o el tiempo. La naturaleza sigue sus propias leyes sin aspavientos ni oposición, aniquilando al hombre en cualquier ocasión en que éste se pone en su camino. Miles son enterrados por un cambio en los elementos del aire, una inflamación del fuego telúrico, una fluctuación en el equilibrio de una masa de agua, una plaga, una erupción volcánica o una inundación. ¿Cuál es el resultado? Un cambio insignificante, apenas destacable, del gran todo de la naturaleza física, que sería olvidado sin dejar rastro, si no fuera por los cadáveres que deja a su paso.

Y yo les pregunto: ¿debe ser más considerada la naturaleza moral en sus revoluciones que la naturaleza física? ¿No debe una idea eliminar lo que se le opone de la misma manera en que lo hace una ley de la Física? ¿En ningún caso debe llegarse, a través de la sangre, a un acontecimiento que modifique completamente la organización de la naturaleza moral, es decir, de la humanidad? El espíritu del mundo se sirve de nuestras manos en la esfera espiritual, de la misma manera en que utiliza volcanes y torrentes en el plano físico. ¿Qué más le da matar a través de plagas, que a través de revoluciones? Los pasos de la humanidad son lentos, se cuentan sólo por siglos, y tras cada uno de ellos se levantan las tumbas de generaciones. El éxito de los inventos y de las máximas más sencillas han costado la vida de millones, muertos en el camino. ¿No es, por lo tanto, normal, que en un tiempo en que el curso de la historia va más rápido, mueran más hombres?

(…) La revolución es como las hijas de Pelias: descuartiza la humanidad para rejuvenecer. De la misma manera que la tierra se alzó de entre las olas del diluvio, así lo hará la humanidad de la olla sangrienta; con miembros renovados, como si lo hiciera por vez primera.”

 Danton´s Tod (La muerte de Danton), de Georg Büchner; en las Sämtliche Werke de Insel Taschenbuch, edición de 2002, preparada por Henri Poschmann, con ayuda de Rosemarie Poschmann; el texto está en el volumen “Dichtungen” y la traducción la hice (en el año 2008, cuando mi alemán gozaba de mejor salud) a partir de los párrafos de las páginas 54 y 55; Büchner puso estas palabras en boca de Saint-Just.

LA MUERTE RODEADA DE LA MÁS DESLUMBRADORA BELLEZA

“El otro gran tema por que me preguntas, el toreo, es probablemente la riqueza poética y vital mayor de España, increíblemente desaprovechada por los escritores y artistas, debido principalmente a una falsa educación pedagógica que nos han dado y que hemos sido los hombres de mi generación los primeros en rechazar. Creo que los toros es la fiesta más culta que hay hoy en el mundo. Es el drama puro, en el cual el español derrama sus mejores lágrimas y sus mejores bilis. Es el único sitio adonde se va con la seguridad de ver la muerte rodeada de la más deslumbradora belleza. ¿Qué sería de la primavera española, de nuestra sangre y de nuestra lengua si dejaran de sonar los clarines dramáticos de la corrida? Por temperamento y por gusto poético soy un profundo admirador de Belmonte.”

Entrevista de Luis Bagaría a Federico García Lorca para el diario El Sol (1936).

Belmonte

En Compostela

NON MEA VOLUNTAS

Calle del Orco

Blog de Literatura. Grandes encuentros

plan zeta

apología de mí mismo