LA OLLA SANGRIENTA

por El Responsable

“Parece haber en esta asamblea algunos oídos delicados que no son capaces de soportar la palabra sangre. Algunas consideraciones generales pueden convencerles de que nuestra crueldad no es mayor que la de la naturaleza, o el tiempo. La naturaleza sigue sus propias leyes sin aspavientos ni oposición, aniquilando al hombre en cualquier ocasión en que éste se pone en su camino. Miles son enterrados por un cambio en los elementos del aire, una inflamación del fuego telúrico, una fluctuación en el equilibrio de una masa de agua, una plaga, una erupción volcánica o una inundación. ¿Cuál es el resultado? Un cambio insignificante, apenas destacable, del gran todo de la naturaleza física, que sería olvidado sin dejar rastro, si no fuera por los cadáveres que deja a su paso.

Y yo les pregunto: ¿debe ser más considerada la naturaleza moral en sus revoluciones que la naturaleza física? ¿No debe una idea eliminar lo que se le opone de la misma manera en que lo hace una ley de la Física ? ¿En ningún caso debe llegarse, a través de la sangre, a un acontecimiento que modifique completamente la organización de la naturaleza moral, es decir, de la humanidad? El espíritu del mundo se sirve de nuestras manos en la esfera espiritual, de la misma manera en que utiliza volcanes y torrentes en el plano físico. ¿Qué más le da matar a través de plagas, que a través de revoluciones? Los pasos de la humanidad son lentos, se cuentan sólo por siglos, y tras cada uno de ellos se levantan las tumbas de generaciones. El éxito de los inventos y de las máximas más sencillas han costado la vida de millones, muertos en el camino. ¿No es, por lo tanto, normal, que en un tiempo en que el curso de la historia va más rápido, mueran más hombres?

(…) La revolución es como las hijas de Pelias: descuartiza la humanidad para rejuvenecer. De la misma manera que la tierra se alzó de entre las olas del diluvio, así lo hará la humanidad de la olla sangrienta; con miembros renovados, como si lo hiciera por vez primera.”

 Danton´s Tod (La muerte de Danton), de Georg Büchner; en las Sämtliche Werke de Insel Taschenbuch, edición de 2002, preparada por Henri Poschmann, con ayuda de Rosemarie Poschmann; el texto está en el volumen “Dichtungen” y la traducción la hice (en el año 2008, cuando mi alemán gozaba de mejor salud) a partir de los párrafos de las páginas 54 y 55; Büchner puso estas palabras en boca de Saint-Just.

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