SOBRE EL ESCÁNDALO Y EL MAL GUSTO EN LITERATURA

por El Responsable

“Sobre el escándalo de los pequeños: cuando comencé a escribir estaba muy preocupada sobre la cuestión de escandalizar a la gente, pues creía que lo que escribía era tremendamente incendiario. Me equivocaba; ni siquiera mantendría despierta a la gente; pero, de todos modos, pensando que se trataba de un problema mío, hablé con un sacerdote. Lo primero que me dijo fue: No tienes que escribir para quinceañeras. Por supuesto, la mente de una quinceañera acecha en muchas cabezas de 75 años y la gente se escandaliza no sólo por lo que es escandaloso por naturaleza, sino también por lo que no lo es. Si un novelista escribiese un libro sobre Abrahán haciendo pasar a su mujer Sara por su hermana -tal como hizo- y permitiendo que la tomaran aquellos que la deseaban para satisfacer su lujuria -lo que hizo para salvar el pellejo-, ¿cuántos católicos no se escandalizarían del comportamiento de Abrahán? El hecho es que para no escandalizarse se debe tener una visión panorámica de las cosas, algo de lo que carecemos muchos de nosotros.

[…] Sobre el mal gusto, no sé, porque el gusto es una cuestión relativa. Hay quien encontrará casi todo de mal gusto, desde escupir en la calle hasta asociar a Cristo con la Magdalena. Se supone que la ficción representa la vida y el escritor de ficción debe emplear tantos aspectos de la vida como sean necesarios para hacer que su imagen global sea convincente. El escritor de ficción no pontifica, muestra y representa. Es la naturaleza de la ficción y no se puede hacer nada. Si estás escribiendo sobre gente vulgar, debes mostrar que son vulgares por lo que hacen. Los dos peores pecados del mal gusto en ficción son la pornografía y el sentimentalismo. Uno es demasiado sexo y el otro demasiada emoción. Has de tener lo justo de ambos para convencer, pero no más. Por supuesto, hay algunos escritores de ficción que creen que han de recluirse en el baño o en la cama con cada personaje cada vez que los llevan allí. A menos que este recorrido sirva para hacer avanzar el relato, me parece que es de mal gusto. En el segundo capítulo de mi novela tengo una escena así, pero consideraba que era vital para el sentido del relato. No creo que uno se deba preocupar demasiado por el mal gusto con un novelista competente, porque usa todo por un motivo, aunque el lector no siempre lo descubra. Son aquellos casos en que el sexo o lo difamatorio son fines en sí mismos los que son de mal gusto.”

Carta de Flannery O’Connor a Eileen Hall (10 de marzo de 1956); en El hábito de ser; Sígueme, 2004; pgs. 127, 128.

Flannery O'Connor and her peacocks

Anuncios