EL SIMIO ASOMBRADO

por El Responsable

A la Biblia no la inspiró un Dios ventrílocuo.
La voz divina atraviesa el texto sacro como un viento de tempestad el follaje de la selva.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 164.

“Hija de esperanzas inmortales, sólo la Iglesia nos hermana a la meditación que cubre los peñascos asiáticos de una inmóvil epifanía de estatuas.

Su liturgia secular reitera el gesto de las consagraciones primitivas.

Un villorrio neolítico amasa un blanco pan en las grutas del Carmelo.

En la Iglesia perdura la postración del primer simio ante la impasibilidad de los astros.”

Textos, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2010; pg. 129.

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