HUMILDE LUZ DE PALMATORIA EN LA ERA DE HOOPER

por El Responsable

El cristiano actual no se conduele de que los demás no estén de acuerdo con él, sino de no estar de acuerdo con los demás.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 307.

Los arquitectos no sabían a qué fin se destinaría su tarea; hicieron una casa nueva con las piedras del viejo castillo; año tras año, generación tras generación, la enriquecieron y ampliaron; año tras año, la gran plantación de árboles del parque fue creciendo hasta alcanzar la madurez; hasta que, en una helada repentina, llegó la era de Hooper; el lugar quedó desierto y todo aquel esfuerzo no sirvió para nada. Quomodo sedet sola civitas. Vanidad de vanidades, todo es vanidad.

Y, sin embargo, seguí pensando, al tiempo que aligeraba el paso hacia el campamento, en donde, después de una pausa, la corneta repetía el toque de fajina, sin embargo, ésa no es la última palabra; ni siquiera es válida; es una palabra muerta desde hace diez años.

Ha surgido algo totalmente ajeno al proyecto inicial de los arquitectos y a la pequeña y violenta tragedia humana en la que yo desempeñé un papel; algo que ninguno de nosotros pensaba entonces. Una llamita rojiza… Una lámpara de cobre batido, de diseño deplorable, encendida de nuevo ante las puertas de cobre de un sagrario…, la llama que los antiguos caballeros vieron desde sus tumbas, y que vieron apagar; esa llama vuelve a encenderse para otros soldados, lejos del hogar, más lejos en su corazón que Acre o Jerusalén. No habría sido posible encenderla si no fuera por los arquitectos y los actores de la tragedia, y aquí la encuentro esta mañana, de nuevo prendida entre las viejas piedras.

Apresuré el paso y llegué al barracón que servía de antesala.

-Hoy pareces mucho más contento que de costumbre -dijo el segundo comandante.”

Retorno a Brideshead, de Evelyn Waugh; Tusuets, 2010; pg. 410.

Ruinas

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