SIGMUND FREUD, DOCTOR DE LA IGLESIA

por El Responsable

“The ignorant pronounce it Frood, to cavil or applaud.
The well-informed pronounce it Froyd,
But I pronounce it Fraud.”

Gilbert Keith Chesterton

…aquí estamos suponiendo que [la institución psicoanalítica] sólo ha podido gestarse y arraigar en una muy determinada situación socio-cultural e histórica, que vamos a identificar con la sociedad ‘modernista fin de siglo’ (en la transición entre el siglo XIX al XX), y en el seno de ciertas ciudades cosmopolitas características de dicha sociedad (como era el caso desde luego de la Viena finisecular), situación que vamos a caracterizar, a efectos de lo que aquí nos importa, por un proceso de desmoronamiento de las formas de vida comunitarias, y muy en especial de la que consideramos la piedra angular de dichas formas de vida, que es la familia, un desmoronamiento éste que conlleva necesariamente un proceso de desmoralización, es decir, de desfallecimiento de la fuerza moral de ánimo para restaurar dicha vida comunitaria y familiar. […] la institución deberá ciertamente disponer de una determinada concepción teórica del hombre, justamente aquélla que deslegitime por la raíz todo genuino sentido de la responsabilidad moral, y deberá asimismo disponer de una forma práctica de canalizar dicha concepción de modo que sus institucionalizados puedan llegar a asumirla como propia, como la versión verdadera del sentido último de sus vidas, y dicha forma práctica va a consistir en la muy peculiar forma que adopta la terapia psicoanalítica.

La impostura freudiana, de Juan Bautista Fuentes; Encuentro, 2009 (pgs. 15-16).

Una mujer que cae en manos de un psicoanalista se vuelve inadecuada para cualquier uso, lo he comprobado muchas veces. No hay que considerar este fenómeno un efecto secundario del psicoanálisis, sino simple y llanamente su efecto principal. Con la excusa de reconstruir el yo los psicoanalistas proceden, en realidad, a una escandalosa destrucción del ser humano. Inocencia, generosidad, pureza… trituran todas estas cosas entre sus manos groseras. Los psicoanalistas, muy bien remunerados, pretenciosos y estúpidos, aniquilan definitivamente en sus supuestos pacientes cualquier aptitud para el amor, tanto mental como físico; de hecho, se comportan como verdaderos enemigos de la humanidad. Implacable escuela de egoísmo, el psicoanálisis ataca con el mayor cinismo a chicas estupendas pero un poco perdidas para transformarlas en putas innobles, de un egocentrismo delirante, que ya sólo suscitan un legítimo desagrado. No hay que confiar, en ningún caso, en una mujer que ha pasado por las manos de los psicoanalistas. Mezquindad, egoísmo, ignorancia arrogante, completa ausencia de sentido moral, incapacidad crónica para amar: éste es el retrato exhaustivo de una mujer ‘analizada’.

Ampliación del campo de batalla, de Michel Houellebecq; Anagrama, 1999; pgs. 115-116.

Reclining Woman 1961 Francis Bacon 1909-1992 Purchased 1961 http://www.tate.org.uk/art/work/T00453

‘Reclining Woman’, de Francis Bacon (1961)

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