EL SÍNODO, LA TRAICIÓN

por El Responsable

Escuchaba ecos de la noticia durante la semana, pero desde hace tiempo hago lo posible por no prestar demasiada atención al circo romano.

Sabía que esta actitud tenía fecha de caducidad: la del inicio del partido de vuelta del Sínodo de la Familia, en el que los obispos católicos volverán a votar la doctrina que los fieles debemos seguir. Hecho que en sí mismo ya muestra el estado de decrepitud espiritual de nuestros jerarcas.

Mi ostracismo voluntario ha sido fulminado mucho antes de lo deseado por mi persona, tras leer la última entrada en el blog The Wanderer. Que enlaza, además, al artículo publicado hoy por Sandro Magister. Del cual, me gustaría rescatar la siguiente cita:

“…lo que es interesante es lo que los participantes se han dicho verdaderamente, según el resumen autorizado que de ello ha hecho el 26 de mayo “la Repubblica”, el único periódico que ha participado en el encuentro y, por casualidad,  también el único periódico que lee el Papa, según ha dicho él mismo:
Un sacerdote y docente habla con decisión de ’caricias, besos, coito en el sentido de llegar juntos, co-ire’, como también de ’lo que acompaña a las luces y las sombras no conscientes de las pulsiones y el deseo’. Un compañero suyo: ’La importancia del estímulo sexual representa la base para una relación duradera’. Se cita a Freud. Se recuerda a Fromm. ‘La falta de la sexualidad – se añade – puede igualarse al hambre, a la sed. La pregunta que la caracteriza es: ¿tienes ganas de sexo? Pero esto no significa desear al otro, si el otro no quiere. La pregunta debería ser: ¿tú me deseas? He aquí cómo el deseo sexual del otro puede unirse al amor’.

La negrita es mía. Este es el nivel de cierta jerarquía católica. No minoritaria, me temo. No queda más remedio, una vez más, que dar la razón a don Nicolás:

No habiendo logrado que los hombres practiquen lo que enseña, la Iglesia actual ha resuelto enseñar lo que practican (Escolios a un texto implícito; Atalanta, 2009; pg. 418).

Hablo desde la experiencia del converso que ha vivido muchos años de su vida el tipo de relaciones basadas en presupuestos ideológicos como los que son citados por esta caterva de obispos -no sé si despistados o directamente malignos; en cualquier caso, resueltamente perdidos-.

Yo volví a la Iglesia precisamente porque quería encontrar refugio y trinchera de combate frente a toda esa basura disfrazada de pseudo-erudición.

Yo he sufrido y he hecho sufrir a los que estaban a mi alrededor esos principios que, al parecer, ahora deberían conformar el acervo espiritual católico.

Cuando ya son evidentes los resultados del desquiciamiento de la jerarquía de valores en el mundo secularizado, ¿qué ciego y sordo puede desear la contaminación de tal ponzoña en la misma raíz del Árbol de la Vida?

Fuego eterno para los culpables de tal traición.

Y conste ya que si el cambio finalmente se ejecuta, yo seré el primero a excomulgar.

Sancte Michaël Archangele, defende nos in proelio.

SANMIGUEL

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