MI VECINA MUSULMANA

por El Responsable

Salgo a recoger la colada. En el patio de la corrala, veo que mi vecina musulmana también recoge la suya.

Ha transcurrido un año, más o menos, desde su llegada a este interesante proyecto sociológico en el que habitamos, mezcla forzosa de ancianos aborígenes, amables filipinos y camellos dominicanos. Matrimonio joven (creo que de origen marroquí) con un nene muy simpático que ya debe de tener un año, más o menos.

Vecinos amables y silenciosos (lo cual, en este barrio, es una virtud heroica), su nene, como todos los que habitan el edificio, ha sido automáticamente adoptado como nieto por casi todas las ancianas de la corrala (que esperan la muerte olvidadas por sus respectivas familias, demasiado modernas ya para hipotecar sus felicidades cuidando viejas). Como el nombre del nene se les hace muy difícil de pronunciar, cada una le llama como le da la gana. El papá suele vestir una camiseta de la selección española de fútbol. Algo típico en este barrio de aluvión emigrante, que se suele echar a la calle en masa cuando la selección gana algún título (algo realmente emocionante de ver, la verdad).

El caso es que, por primera vez, veo a mi vecina musulmana sin su típico velo. Sorprendido por la imagen, me pregunto si se meterá rápidamente en casa, al descubrirme en el primer piso. No. Se queda tranquilamente recogiendo su ropa. El nene se entretiene en el portal de la corrala, con una de sus múltiples abuelas postizas.

Quizá es que aún no me ha visto. Pasa el rato, cada uno a lo suyo, pinza va, pinza viene. Ahí sigue ella, con su pelo recogido en coleta (como yo). Le habla a su hijo en un más que correcto castellano (más correcto que mi árabe, desde luego).

El marido no parece estar en casa, pero no sé si será ésa la clave de este hecho extraordinario. En todo caso, nunca le he visto tratar mal a su mujer, al contrario: ella parece una persona razonablemente feliz.

Me quedo dándole vueltas al asunto, muerto de curiosidad. ¿He contemplado un acto de rebeldía? ¿Un simple descuido? ¿He asistido al principio de un proceso de secularización? ¿Ganas de pasar desapercibidos, al notar malas caras provocadas por las barrabasadas del Estado Islámico?

Todas las pelotudeces que brotan de una vida excesivamente teórica y libresca muestran su limitado alcance en la cercana cotidianidad de la convivencia personal, cara a cara. Me caen bien mis vecinos musulmanes. Me puedo imaginar perfectamente tomando té en su humilde morada, hablando de fútbol, de la vida o de nuestros respectivos credos. No se me ocurre otra forma de convertirlos que tratando de ser mejor vecino que ellos.

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