El sosiego acantilado

non mea voluntas

Mes: mayo, 2015

HUMILDE LUZ DE PALMATORIA EN LA ERA DE HOOPER

El cristiano actual no se conduele de que los demás no estén de acuerdo con él, sino de no estar de acuerdo con los demás.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 307.

Los arquitectos no sabían a qué fin se destinaría su tarea; hicieron una casa nueva con las piedras del viejo castillo; año tras año, generación tras generación, la enriquecieron y ampliaron; año tras año, la gran plantación de árboles del parque fue creciendo hasta alcanzar la madurez; hasta que, en una helada repentina, llegó la era de Hooper; el lugar quedó desierto y todo aquel esfuerzo no sirvió para nada. Quomodo sedet sola civitas. Vanidad de vanidades, todo es vanidad.

Y, sin embargo, seguí pensando, al tiempo que aligeraba el paso hacia el campamento, en donde, después de una pausa, la corneta repetía el toque de fajina, sin embargo, ésa no es la última palabra; ni siquiera es válida; es una palabra muerta desde hace diez años.

Ha surgido algo totalmente ajeno al proyecto inicial de los arquitectos y a la pequeña y violenta tragedia humana en la que yo desempeñé un papel; algo que ninguno de nosotros pensaba entonces. Una llamita rojiza… Una lámpara de cobre batido, de diseño deplorable, encendida de nuevo ante las puertas de cobre de un sagrario…, la llama que los antiguos caballeros vieron desde sus tumbas, y que vieron apagar; esa llama vuelve a encenderse para otros soldados, lejos del hogar, más lejos en su corazón que Acre o Jerusalén. No habría sido posible encenderla si no fuera por los arquitectos y los actores de la tragedia, y aquí la encuentro esta mañana, de nuevo prendida entre las viejas piedras.

Apresuré el paso y llegué al barracón que servía de antesala.

-Hoy pareces mucho más contento que de costumbre -dijo el segundo comandante.”

Retorno a Brideshead, de Evelyn Waugh; Tusuets, 2010; pg. 410.

Ruinas

SIGMUND FREUD, DOCTOR DE LA IGLESIA

“The ignorant pronounce it Frood, to cavil or applaud.
The well-informed pronounce it Froyd,
But I pronounce it Fraud.”

Gilbert Keith Chesterton

…aquí estamos suponiendo que [la institución psicoanalítica] sólo ha podido gestarse y arraigar en una muy determinada situación socio-cultural e histórica, que vamos a identificar con la sociedad ‘modernista fin de siglo’ (en la transición entre el siglo XIX al XX), y en el seno de ciertas ciudades cosmopolitas características de dicha sociedad (como era el caso desde luego de la Viena finisecular), situación que vamos a caracterizar, a efectos de lo que aquí nos importa, por un proceso de desmoronamiento de las formas de vida comunitarias, y muy en especial de la que consideramos la piedra angular de dichas formas de vida, que es la familia, un desmoronamiento éste que conlleva necesariamente un proceso de desmoralización, es decir, de desfallecimiento de la fuerza moral de ánimo para restaurar dicha vida comunitaria y familiar. […] la institución deberá ciertamente disponer de una determinada concepción teórica del hombre, justamente aquélla que deslegitime por la raíz todo genuino sentido de la responsabilidad moral, y deberá asimismo disponer de una forma práctica de canalizar dicha concepción de modo que sus institucionalizados puedan llegar a asumirla como propia, como la versión verdadera del sentido último de sus vidas, y dicha forma práctica va a consistir en la muy peculiar forma que adopta la terapia psicoanalítica.

La impostura freudiana, de Juan Bautista Fuentes; Encuentro, 2009 (pgs. 15-16).

Una mujer que cae en manos de un psicoanalista se vuelve inadecuada para cualquier uso, lo he comprobado muchas veces. No hay que considerar este fenómeno un efecto secundario del psicoanálisis, sino simple y llanamente su efecto principal. Con la excusa de reconstruir el yo los psicoanalistas proceden, en realidad, a una escandalosa destrucción del ser humano. Inocencia, generosidad, pureza… trituran todas estas cosas entre sus manos groseras. Los psicoanalistas, muy bien remunerados, pretenciosos y estúpidos, aniquilan definitivamente en sus supuestos pacientes cualquier aptitud para el amor, tanto mental como físico; de hecho, se comportan como verdaderos enemigos de la humanidad. Implacable escuela de egoísmo, el psicoanálisis ataca con el mayor cinismo a chicas estupendas pero un poco perdidas para transformarlas en putas innobles, de un egocentrismo delirante, que ya sólo suscitan un legítimo desagrado. No hay que confiar, en ningún caso, en una mujer que ha pasado por las manos de los psicoanalistas. Mezquindad, egoísmo, ignorancia arrogante, completa ausencia de sentido moral, incapacidad crónica para amar: éste es el retrato exhaustivo de una mujer ‘analizada’.

Ampliación del campo de batalla, de Michel Houellebecq; Anagrama, 1999; pgs. 115-116.

Reclining Woman 1961 Francis Bacon 1909-1992 Purchased 1961 http://www.tate.org.uk/art/work/T00453

‘Reclining Woman’, de Francis Bacon (1961)

EL SÍNODO, LA TRAICIÓN

Escuchaba ecos de la noticia durante la semana, pero desde hace tiempo hago lo posible por no prestar demasiada atención al circo romano.

Sabía que esta actitud tenía fecha de caducidad: la del inicio del partido de vuelta del Sínodo de la Familia, en el que los obispos católicos volverán a votar la doctrina que los fieles debemos seguir. Hecho que en sí mismo ya muestra el estado de decrepitud espiritual de nuestros jerarcas.

Mi ostracismo voluntario ha sido fulminado mucho antes de lo deseado por mi persona, tras leer la última entrada en el blog The Wanderer. Que enlaza, además, al artículo publicado hoy por Sandro Magister. Del cual, me gustaría rescatar la siguiente cita:

“…lo que es interesante es lo que los participantes se han dicho verdaderamente, según el resumen autorizado que de ello ha hecho el 26 de mayo “la Repubblica”, el único periódico que ha participado en el encuentro y, por casualidad,  también el único periódico que lee el Papa, según ha dicho él mismo:
Un sacerdote y docente habla con decisión de ’caricias, besos, coito en el sentido de llegar juntos, co-ire’, como también de ’lo que acompaña a las luces y las sombras no conscientes de las pulsiones y el deseo’. Un compañero suyo: ’La importancia del estímulo sexual representa la base para una relación duradera’. Se cita a Freud. Se recuerda a Fromm. ‘La falta de la sexualidad – se añade – puede igualarse al hambre, a la sed. La pregunta que la caracteriza es: ¿tienes ganas de sexo? Pero esto no significa desear al otro, si el otro no quiere. La pregunta debería ser: ¿tú me deseas? He aquí cómo el deseo sexual del otro puede unirse al amor’.

La negrita es mía. Este es el nivel de cierta jerarquía católica. No minoritaria, me temo. No queda más remedio, una vez más, que dar la razón a don Nicolás:

No habiendo logrado que los hombres practiquen lo que enseña, la Iglesia actual ha resuelto enseñar lo que practican (Escolios a un texto implícito; Atalanta, 2009; pg. 418).

Hablo desde la experiencia del converso que ha vivido muchos años de su vida el tipo de relaciones basadas en presupuestos ideológicos como los que son citados por esta caterva de obispos -no sé si despistados o directamente malignos; en cualquier caso, resueltamente perdidos-.

Yo volví a la Iglesia precisamente porque quería encontrar refugio y trinchera de combate frente a toda esa basura disfrazada de pseudo-erudición.

Yo he sufrido y he hecho sufrir a los que estaban a mi alrededor esos principios que, al parecer, ahora deberían conformar el acervo espiritual católico.

Cuando ya son evidentes los resultados del desquiciamiento de la jerarquía de valores en el mundo secularizado, ¿qué ciego y sordo puede desear la contaminación de tal ponzoña en la misma raíz del Árbol de la Vida?

Fuego eterno para los culpables de tal traición.

Y conste ya que si el cambio finalmente se ejecuta, yo seré el primero a excomulgar.

Sancte Michaël Archangele, defende nos in proelio.

SANMIGUEL

LEER, CAMINAR

La silenciosa comunicación de los lectores. El árbol en el que te convierte cada lectura, que te hace desear estirarte en nuevas ramas que alcancen esos libros que el otro ha leído, y tú no.

Leer a alguien y querer conocerlo. Creo que no hay mejor prueba para la calidad literaria. “¿De dónde ha salido esto? ¿Cómo es posible? ¿Estaré bien a su lado, como estoy bien cuando le leo? ¿Morirá la soledad seca junto a él, como muere cuando me habla con palabras de papel?” Con el terrible riesgo tan bien expresado por aquel personaje de McCarthy en Blood Meridian:

There is no such joy in the tavern as upon the road thereto…

Que se puede completar con esa formidable frase de Santa Catalina de Siena:

El camino al cielo ya es el cielo.

The road, el camino. El Éxodo. La insidiosa sospecha de que la Tierra Prometida es más el caminar hacia ella que ella misma.

Y esa profunda y triste verdad sartreana, que tantas veces se cumple. El infierno son los otros.

Pues también el caminar juntos puede ser desesperante. Ver cómo los compañeros se dedican a adorar becerros de oro.

En cualquier caso, caminar con la esperanza de que se va hacia algún sitio, aunque no se tenga claro hacia dónde. Que no da todo lo mismo.

Pocos han estado conmigo en mis acantilados. Ésos que son referente real de la metáfora. Él sí. Lo recordó en un texto que, siempre que lo leo, me hace llorar de la risa. Siempre me ha gustado caminar a su lado. Lo echo de menos. Le echo de menos.

Hoy he pensado que me gustaría entrevistar a algunos de los escritores que leo. Colgar aquí las entrevistas. Míguel haría las fotos. Es un fotógrafo maravilloso.

Porque es buena persona.

Te haría reír en medio del más árido de los desiertos.

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MI VECINA MUSULMANA

Salgo a recoger la colada. En el patio de la corrala, veo que mi vecina musulmana también recoge la suya.

Ha transcurrido un año, más o menos, desde su llegada a este interesante proyecto sociológico en el que habitamos, mezcla forzosa de ancianos aborígenes, amables filipinos y camellos dominicanos. Matrimonio joven (creo que de origen marroquí) con un nene muy simpático que ya debe de tener un año, más o menos.

Vecinos amables y silenciosos (lo cual, en este barrio, es una virtud heroica), su nene, como todos los que habitan el edificio, ha sido automáticamente adoptado como nieto por casi todas las ancianas de la corrala (que esperan la muerte olvidadas por sus respectivas familias, demasiado modernas ya para hipotecar sus felicidades cuidando viejas). Como el nombre del nene se les hace muy difícil de pronunciar, cada una le llama como le da la gana. El papá suele vestir una camiseta de la selección española de fútbol. Algo típico en este barrio de aluvión emigrante, que se suele echar a la calle en masa cuando la selección gana algún título (algo realmente emocionante de ver, la verdad).

El caso es que, por primera vez, veo a mi vecina musulmana sin su típico velo. Sorprendido por la imagen, me pregunto si se meterá rápidamente en casa, al descubrirme en el primer piso. No. Se queda tranquilamente recogiendo su ropa. El nene se entretiene en el portal de la corrala, con una de sus múltiples abuelas postizas.

Quizá es que aún no me ha visto. Pasa el rato, cada uno a lo suyo, pinza va, pinza viene. Ahí sigue ella, con su pelo recogido en coleta (como yo). Le habla a su hijo en un más que correcto castellano (más correcto que mi árabe, desde luego).

El marido no parece estar en casa, pero no sé si será ésa la clave de este hecho extraordinario. En todo caso, nunca le he visto tratar mal a su mujer, al contrario: ella parece una persona razonablemente feliz.

Me quedo dándole vueltas al asunto, muerto de curiosidad. ¿He contemplado un acto de rebeldía? ¿Un simple descuido? ¿He asistido al principio de un proceso de secularización? ¿Ganas de pasar desapercibidos, al notar malas caras provocadas por las barrabasadas del Estado Islámico?

Todas las pelotudeces que brotan de una vida excesivamente teórica y libresca muestran su limitado alcance en la cercana cotidianidad de la convivencia personal, cara a cara. Me caen bien mis vecinos musulmanes. Me puedo imaginar perfectamente tomando té en su humilde morada, hablando de fútbol, de la vida o de nuestros respectivos credos. No se me ocurre otra forma de convertirlos que tratando de ser mejor vecino que ellos.

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CON PERFECTA SIMPLICIDAD

Su latín, que me llega desde el banco de atrás, tiene acento francés.

El francés me parece, al oído, la lengua más bella del mundo. Una caricia hecha de palabras. El latín litúrgico, en esa coloratura, me afina el alma.

Cada vez aprecio más la misa rezada. Por la armoniosa omnipresencia del silencio. En la partitura callada del rito, brillan un instante los susurros.

Pienso en mis tareas. En este momento de la vida, trabajo y misión confluyen en un mismo afán. Busco a una escritora en cuya existencia creo, pero a la que aún no he encontrado. Conocí su biografía al saber de Annabelle Wilkening. He leído últimamente varias cosas que me han dado pistas de su paradero.

Cuando nos encontremos, no recordará mi cara. Aunque yo la violé en otro tiempo. Lo hice sutilmente, aprovechando las coartadas modernas. No me pudo recriminar nada: yo era todo lo que se podía esperar de la época.

Ahora, gracias a Dios, la época no espera nada de mí. Que no moleste, nada más. Alguien me dijo una vez que yo era una persona tolerante. A pesar de haberme hecho católico. Que no intento imponer mis creencias. Me dio que pensar. Por alguna razón, me vino a la mente ese exquisito diálogo, en Rendición incondicional, entre Virginia y el tío Peregrine:

-¿Quieres decir mal según tu religión?

-Claro. ¿Cómo, si no, podría algo estar mal? -preguntó el tío Peregrine con perfecta simplicidad…

Creo que esa persona confundía método con objetivo. Seamos honestos: yo quiero convertir a todo el mundo. Pero he llegado a ciertas conclusiones sobre cómo ocurren las cosas. Sobre cómo ocurrió mi propia conversión. Simplemente, me mantengo a la distancia adecuada. Y espero. Con perfecta simplicidad.

Pero por ella no espero, a ella la busco con insistencia. Porque ella está dibujando un mapa con su escritura. El mapa que todas ellas necesitan para huir.

Termina la misa. Me arrodillo para dar gracias. Para pedir ayuda en la búsqueda. Rodeado de lindos murmullos franceses.

Se acabó el descanso.

'Last Call', de Ron Hicks.

‘Last Call’, de Ron Hicks.

EL CERRO DE LOS LOCOS Y DE LAS BALAS

Una intempestiva brisa mañanera convierte en caricia el sol de mayo.

Abro los ojos y me dejo inundar de azul, que se cuela entre las ramas desde el hermoso cielo castellano.

Paso a posición de sentado en el banco de abdominales y fijo la mirada en el hombre que está regando. No es del ayuntamiento. Es uno de los locos por los que este cerro se llama como se llama. Riega y planta porque le da la gana. Para hacer más bello el cacho de mundo en el que le tocó vivir.

Me acerco a charlar. El hombre deja de remover el suelo con la azada y atiende educadamente a mis preguntas.

-Unos treinta años… Todo esto lo hemos plantado nosotros… También esos árboles de ahí, sí… Y ese romero, para hacer una barrera natural y evitar que se pierdan las pelotas con las que jugamos ahí…

Sonrío. Uno de mis sueños de vida es ver jugar a mis nietos y bisnietos bajo las ramas de los árboles que yo mismo he plantado. Va a ser difícil de cumplir ya. No tengo hijos y sólo he plantado un árbol. Mi limonero. El próximo 18 de junio cumple 9 años. Pero vive en una maceta. No da mucha sombra.

-¿Es usted de Madrid?

-Sí.

-Es decir, que su pasión por la jardinería no es porque venga de algún pueblo y lo eche de menos…

-No; es simple amor a la naturaleza.

Yo hago abdominales, que es otra forma de jugar, a la sombra de los árboles que estos hombres han plantado. En cierta forma, es como hablar con los abuelos de los que nunca disfruté. Me gusta la sensación.

-Lo del cerro de los locos era porque, cuando había sólo dos gimnasios en Madrid, muchos nos veníamos aquí para hacer ejercicio; y nos duchábamos en la fuente de ahí abajo. En invierno también. Y la gente nos veía empapados en la fuente, en pleno invierno, y nos decía que estábamos locos. De ahí viene.

-¿Y lo del cerro de las balas?

-Porque ahí abajo había un campo de tiro. Y como no había control, volaban las balas por aquí que no veas. Murió un torero que venía a la Dehesa a practicar, por una bala perdida de ésas…

La noticia me sorprende.

-Pensé que el nombre venía de cuando la Guerra Civil…

-Sí, mucha gente piensa eso.

-Porque por aquí pasaba la línea del frente, ¿no?

-Sí, se reforzó toda esta zona, porque pensaban que entrarían por donde la carretera de La Coruña…

-Pero al final entraron por ahí, ¿no? -señalo hacia Ciudad Universitaria.

-Sí… Y en la zona del Clínico estaban a tiros todos los días.

Nos quedamos callados, mirando hacia Moncloa. Hace unos días, durante una conversación sobre literatura española, alguien dijo que estaba harto de leer novelas sobre la Guerra Civil. Completamente de acuerdo. Pero añadí: y, sin embargo, la gran novela sobre la Guerra Civil está por escribir…

Eso pienso, sí. El ejemplo a seguir quizá sería Vida y destino de Grossman. El Tolstoi de Guerra y Paz. Y la profundidad psicológica de Dostoyevski o Roth. Mejor, de ambos. Novela coral, con gran cantidad de personajes. Los protagonistas, deberían encarnar las principales ideologías en lucha; pero el autor debería hacer el esfuerzo de tratar de hacer de todos ellos buenas personas, con buenas intenciones. Irán aprendiendo y desarrollando sus personalidades en las vicisitudes de la guerra, por supuesto, y conocerán el horror, la desilusión y el sacrificio; pero aquél debería de ser el punto de partida para hacer una gran novela sobre nuestra Guerra Civil.

Alguien me contó una anécdota, creo que real. No recuerdo bien los detalles, así como no recuerdo quién me la contó. Puede que la reconstruya mal, pero trataré de transmitir la misma sensación que me transmitió a mí cuando la escuché. Un extranjero visita una zona rural de España, poco después de la Guerra Civil. Se encuentra con un campesino. El extranjero se acerca a charlar, como yo me acerqué a charlar con el loco de la Dehesa. Le dice al campesino que es una tierra muy bella y que es una pena que haya corrido tanta sangre entre hermanos. En el fondo, dice el extranjero, una guerra así no vale la pena.

Entonces el campesino levanta la mirada y la clava en los ojos del extranjero.

-Aquí se luchó por el destino del mundo.

Sin decir más, el campesino se va. El extranjero se queda callado, no sabemos qué piensa exactamente. Como nosotros, no puede saber si el campesino ganó o perdió la guerra.

Su frase es como una oración por el honor de los muertos. De todos los muertos. Así debería ser la gran novela sobre la Guerra Civil española.

-¿Cómo se llama usted?

-Ángel.

Nos damos la mano.

-Yo, Xacinto.

-¿Jacinto?

-Sí, Jacinto.

Nos despedimos.

-Bueno, nos seguiremos viendo por aquí -me dice-. Porque tú vienes mucho por aquí, ¿no?

-Todo lo que puedo.

Cerro de los locos

RESECA CICATRIZ DE MI ESTATURA

Todo estremecimiento ante la muerte no parece ya sino flaqueza de mentalidades reacias a admitir la naturalidad causal de todo acontecimiento cualquiera.

Textos, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2010; pg. 43.

“Como la flor cortada que en un cuenco de barro
se resiste a doblar bajo su peso,
sabrás sobrevivirme algunas horas.
Expuesto a la difícil
tarea de mirar lo que es un hombre,
serás solo, otra cosa:
callada acusación en la espalda del tiempo,
silencioso clamor que el clamor de la vida
en el silencio apaga.
Serás, solo, sin mí,
memoria mía que olvidé de golpe,
desdibujado cuerpo para el daño
sólo ya de los otros.

En tu equívoco sueño faltarán mis sueños,
y ensuciarás los sueños un instante
de quien a ti se acerque a despedirme.
Nada serás sino molesta sombra
que golpea en la luz de un sol ajeno.

Qué asombroso es pensar que durarás
un poco más que yo, contorno amado
de doliente tiniebla en que seguir muriendo,
reseca cicatriz de mi estatura,
cuerpo mío sin mí
en el que fue mi mundo.”

Cuerpo presente; poema de Vicente Gallego incluido en su bellísimo libro Santa deriva; Visor, 2002; pg. 89.

'Anatomía del corazón', de Enrique Simonet (1890)

‘Anatomía del corazón’, de Enrique Simonet (1890)

LAS GRANDES OBRAS Y LA COMUNIDAD INVERTIDA

“Las llamadas grandes obras contribuirían a totalizar, dotando de unidad e identidad, a cada esfera cultural, a modo de una suerte de aparato perceptivo capaz de orientar el rumbo de la esfera cultural en el curso histórico por el que dichas unidades (unidades de supervivencia dice N. Elias) transitan. Ahí radica la dimensión política que estas obras poseen siempre. Estas grandes obras alcanzan su máximo radio de acción cuando realizan dicha función sobre plataformas imperiales que, a la vez que las hacen posibles, también reciben de ellas un aporte determinante para su propia unidad e identidad. Estas grandes obras obras de cultura logran desde tales esferas su máxima potencia proyectiva, al punto de definir, a partir de su determinado horizonte histórico (diapolítico), un objetivo metapolítico de alcance universal.

Ahora bien, nuestro presente nos ofrece la contrafigura moderna de semejantes grandes obras en la forma de las obras del nihilismo ultramoderno, fundadas en los viejos maestros de la sospecha. Se elevan éstas sobre una plataforma de ensueño, es decir, sobre la sociedad universal cosmopolita en cuyo seno, queriendo escuchar la voz del hombre nuevo sólo han logrado silenciar la voz del hombre real. En efecto estas grandes obras del nihilismo han contribuido a la demolición de las últimas resistencias opuestas al aventurado alumbramiento del hombre nuevo, al advenimiento del gran individuo que, no obstante su magnitud, busca impotente la (re)construcción de una nueva comunidad.

En efecto, un renovado anhelo de comunidad aparece hoy por doquier. Pero ahora se tratará de una comunidad invertida en cuanto que el individuo se quiere substante y anterior a esa nueva comunidad que busca instituir según sus directrices. Estaríamos ante una comunidad de individuos cuya figura apenas se vislumbra. El nihilismo suspicaz habría logrado así el cenit de la negación que define el proceso de la modernidad. En el desértico silencio que resulta de la crítica, estos nuevos hombres sustantivos aguardan nuevas formas de comunidad. Nueva comunidad a definir en los vacíos espacios dejados por la naturaleza humana, aptos para la construcción sin límites del superhombre.

No podemos afirmar rumbo alguno en este frío espacio vacío, no podría señalársele objetivo alguno. Su rumbo es sin sentido y fruto lúdico de su potentísima voluntad.”

Elementos para la comprensión de las raíces metapolíticas de Europa. Del fundamento antropológico de la comunidad al ocaso de la familia en la sociedad universal, de Fernando Muñoz Martínez; tesis doctoral; pgs. 38-39.

'Estudio del retrato del Papa Inocencio X hecho por Velázquez', de Francis Bacon (1953)

‘Estudio del retrato del Papa Inocencio X hecho por Velázquez’, de Francis Bacon (1953)

INDISCUTIBLE

Nuestro progreso descendente, con cada revolución, era lento, pero muy perceptible.

Un descenso al Maelström, de Edgard Allan Poe

“El que radicalmente discrepa no puede argüir, sino enunciar.

La época de argumentar feneció para el que rechaza los postulados modernos.

No compartiendo convicciones con nuestros contemporáneos, podemos ambicionar convertirlos, pero no convencerlos.

Al reaccionario sólo le es dable proferir sentencias abruptas que se le indigesten al lector.”

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 449.

'Automat', de Edward Hopper (1927)

‘Automat’, de Edward Hopper (1927)

Calle del Orco

Blog de Literatura. Grandes encuentros

Prensaboxeo.com

La gran comunidad del boxeo en español al día

plan zeta

apología de mí mismo

El Rancho de San Ysidro

Peripecias de un aprendiz de campesino

El perfil menos humano

“En aquella idea vaciaba, como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir; en aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y quizá menos humano de su carácter”

La saga de Dashiell

non mea voluntas

A Día de Hoy

Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester