EL SOSIEGO ACANTILADO

por El Responsable

La crucifixión, según el cristiano de hoy, fue un lamentable error judicial.
La facultad de percibir la misteriosa necesidad de lo atroz pereció con la escena griega y los altares cristianos.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 459.

“Del mismo modo que cuando se pierde la paz del corazón, hay que hacer todo lo posible por recuperarla, debes saber igualmente que no puede suceder en el mundo nada que razonablemente nos la pueda quitar o turbar. Es verdad que debemos dolernos de nuestros pecados, pero ha de ser con un arrepentimiento lleno de paz, como te he dicho ya más de una vez. Y así, sin perder la serenidad, y con sentimientos de caridad, se tenga compasión de cualquier otro pecador y se lloren, al menos interiormente, sus culpas.

En cuanto a los otros acontecimientos graves y dolorosos, como enfermedades, heridas, muertes -aun de nuestros más queridos familiares-, pestes, guerras, incendios u otros males semejantes, que la gente del mundo rechaza ordinariamente como gravosos a la naturaleza, ayudados por la divina gracia, podemos nosotros no solo desearlos, sino incluso agradecerlos como reparación por los malos y como ocasión de practicar la virtud para los buenos. Son estos los motivos por los que Dios nuestro Señor los permite, de forma que si fuésemos nosotros dóciles a su voluntad, pasaríamos serenos e imperturbables entre las amarguras y contrariedades de esta vida. Convéncete de que cualquier inquietud nuestra le desagrada, pues, cualquiera que sea su origen, va siempre acompañada de imperfección y procede siempre de alguna mala raíz del amor propio.

Por eso es bueno que tengas siempre apostada tu guardia, que, apenas descubra algo que pueda turbarte o hacerte perder la paz, llame tu atención, de forma que puedas echar mano de tus armas defensivas y consideres que todos esos males y muchos otros semejantes ni son en el fondo verdaderos males, ni pueden quitarnos los verdaderos bienes, aunque aparenten lo contrario.

Ten en cuenta que Dios lo ordena o permite todo para los fines que hemos dicho o para otros que no conocemos, pero que son, sin duda, muy santos y justos. Manteniendo así el alma tranquila y en paz en cualquier acontecimiento, por adverso que sea, puede hacerse mucho bien; de lo contrario, cualquier ejercicio resulta mermado o sin fruto alguno.

Hay que decir, además, que, mientras el corazón se encuentra desasosegado, queda expuesto a toda suerte de ataques de los enemigos; y, por otra parte, en tal situación, nosotros somos incapaces de distinguir bien el sendero recto y el camino seguro de las virtudes.”

Combate espiritual, de Lorenzo Scupoli; San Pablo, 2014; pgs. 146-147.

isis

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