LA TABERNERA DE LOS DIOSES

por El Responsable

“La tabernera le respondió así a Gilgamesh:

-Si tú eres Gilgamesh, el que mató al Guardián del Bosque,
abatiste a Khumbaba que vivía en el Bosque de los Cedros,
has matado leones en los desfiladeros de las montañas,
y venciste y mataste al Toro bajado del cielo,
¿por qué tus mejillas están demacradas, tu rostro abatido,
tu corazón dolido y tus rasgos demudados?,
¿por qué la angustia ha entrado en tus entrañas?,
¿por qué tu aspecto es como el del que ha hecho un largo viaje
y tu cara está curtida por el frío y por el calor?,
¿por qué, afrontando las ráfagas de viento, andas vagabundeando por la estepa?

[…] -Mi amigo, al que yo amaba entrañablemente,
que conmigo había franqueado tantos obstáculos,
Enkidu, al que yo amaba entrañablemente,
que conmigo había franqueado tantos obstáculos,
se ha ido al destino del hombre.
Yo he llorado por él días y noches,
no permití que se le enterrase
-para ver si mi amigo se levantaba ante mis lamentos-
durante siete días y siete noches
hasta que los gusanos cayeron de su nariz.
Desde que partió yo he buscado en vano la Vida,
no ceso de errar como un bandido a través de la estepa.
Ahora, tabernera, que he visto tu rostro,
ojalá pueda evitar la muerte que constantemente temo.

[…] La tabernera respondió así a Gilgamesh:

-Nunca, Gilgamesh, ha existido tal proyecto,
nadie desde los tiempos más antiguos ha atravesado el mar,
el único que atraviesa el mar es Shamash, el valiente, excepto Shamash, ¿quién podría cruzarlo?
La travesía es penosa, muy difícil su recorrido,
pues en su curso las Aguas de la Muerte bloquean su paso.
¿Cómo podrías, Gilgamesh, atravesar el mar?
Una vez llegado a las Aguas de la Muerte, ¿qué harías?”

Poema de Gilgamesh; estudio preliminar, traducción y notas de Federico Lara Peinado; Tecnos, 1997; pgs. 146, 148, 150.

Tablet_V_of_the_Epic_of_Gligamesh

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