El sosiego acantilado

non mea voluntas

Mes: abril, 2015

MISTERIOSO CALLAR

En la interior bodega

de mi amado bebí, y cuando salía

por toda aquesta vega,

ya cosa no sabía

y el ganado perdí que antes seguía.

Canción 26 del Cántico espiritual de San Juan de la Cruz; en sus Obras completas; BAC, 2009; pg. 842.

Celebrando misa en la capilla de san Nicolás, fue conmovido por un maravilloso cambio y después nunca escribió ni dictó nada. Es más, retiró todos los instrumentos de escribir. Estaba escribiendo en la tercera parte de la Suma el tratado de la penitencia. Viendo fray Reginaldo que el Maestro había cesado de escribir, le dijo: ‘Padre, ¿por qué dejas una obra tan grande que redundaría en alabanza a Dios y sería para luz del mundo?’ A lo que respondió el Maestro: ‘Reginaldo, no puedo’. Temiendo fray Reginaldo que el mucho estudio le hubiera debilitado la mente, le insistía siempre para que continuase escribiendo. Y fray Tomás le respondía: ‘Reginaldo, no puedo, porque todo lo que he escrito me parece paja’.

Fray Reginaldo continuaba insistiendo para que le explicara el motivo de que estuviera abstraído, sin darse cuenta de lo que le rodeaba y, tan absorto, que no quería ni escribir. Después de mucho insistir, santo Tomás le respondió:

‘Yo te conjuro por Dios omnipotente y por la fe que profesáis para con nuestra Orden y por la caridad que te une a mí, que lo que te voy a decir no lo digas a nadie mientras viva’. Y añadió para sí: ‘Todo lo que he escrito me parece paja respecto de lo que he visto y me ha sido revelado’.

Santo Tomás de Aquino. Su vida, su obra y su época, de Eudaldo Forment; BAC, 2009; pgs. 600-601.

'Santo Tomás de Aquino', de Bartolomé Esteban Murillo (1650)

‘Santo Tomás de Aquino’, de Bartolomé Esteban Murillo (1650)

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SEAN CRUELES CON VOSOTROS

“Sean crueles con vosotros quienes ignoran con cuánta fatiga se halla la verdad y cuán difícilmente se evitan los errores. Sean crueles con vosotros quienes ignoran cuán raro y arduo es superar las imaginaciones de la carne con la serenidad de una mente piadosa. Sean crueles con vosotros quienes ignoran cuán difícil es curar el ojo del hombre interior para que pueda ver el sol que le es propio -no este que adoráis, que brilla y resplandece a los ojos de carne de los hombres y de los animales, sino aquel otro del que dijo el profeta: Ha salido para mí el sol de justicia, y del que se dice en el Evangelio: Era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo-. Sean crueles con vosotros quienes ignoran tras cuántos suspiros y gemidos acontece el poder comprender, por poco que sea, a Dios. Finalmente, sean crueles con vosotros quienes nunca se vieron engañados en error tal cual es ese en que os ven a vosotros.

Pero yo, que, errante por tanto tiempo, pude ver al fin en qué consiste esa verdad que se percibe sin relatos de fábulas vacías de contenido; yo, que, miserable, apenas merecí superar, con la ayuda del Señor, las vanas imaginaciones de mi alma, coleccionadas en mis variadas opiniones y errores; yo, que tan tarde me sometí a médico tan clementísimo que me llamaba y halagaba para eliminar las tinieblas de mi mente; yo, que tanto tiempo lloré para que la sustancia inmutable e incapaz de mancillarse se dignase manifestarse a mi interior, testimoniándola los libros divinos; yo, en fin, que busqué con curiosidad, escuché con atención y creí con temeridad todas aquellas fantasías en que vosotros os halláis enredados y atados por la larga costumbre, y que me afané por persuadir a cuantos pude y defendí con animosidad y terquedad contra otros; yo en ningún modo puedo ser cruel con vosotros a quienes ahora debo soportar como en otro tiempo a mí mismo, y debo usar con vosotros de la misma paciencia de que usaron conmigo mis cercanos cuando erraba, lleno de rabia y ceguera, en vuestras doctrinas.”

Réplica a la carta de Manes llamada ‘Del Fundamento’, de San Agustín (2-3); en el tomo XXX de sus Obras completas; BAC, 1986; pgs. 387-388.

'Sálvame de mis demonios', de J. Kirk Richards (2012)

‘Sálvame de mis demonios’, de J. Kirk Richards (2012)

LA CHESTERTONADA

A xornada do martes promete ser apaixoante…

Así está escrito en mi diario, el sábado 21 de abril de 2007.

La jornada del martes devino un caluroso y radiante día de primavera. En esa época, andaba yo redactando el capítulo dedicado a la evolución para mi trabajo de DEA. Como descanso, leía los diarios de Jünger.

Una asociación de jóvenes estudiantes de izquierdas había organizado un debate sobre El hombre que fue jueves y había pedido su participación a dos profesores de la facultad. Uno de ellos era el hombre que me dirigía el doctorado: Juan Bautista Fuentes Ortega. Mi entrenada alma de marxista-leninista sospechaba que aquella invitación no escondía otra cosa sino una encerrona para hacer público escarnio de mi maestro, quien había dado recientemente un giro de 180 grados, abandonando el marxismo que había defendido casi toda su vida, para dirigirse -sobre todo de la mano de San Gilberto- de regreso hacia el pensamiento católico. Años después, mis sospechas fueron confirmadas por alguien que también vivió aquella jornada.

Y sí, aquel 24 de abril de 2007 fue realmente apasionante. Me recuerdo caminando detrás de mi maestro y entrar en el aula repleta de estudiantes donde se iba a celebrar el acto. Yo me encontraba al borde de un ataque de nervios. He de confesar que no era demasiado optimista; a pesar de conocer la potencia retórica del maestro, seguía yo sintiendo esa peculiar vergüenza del converso reciente, excesivamente preocupado por dar la talla en la lucha de apariencias contra el bando que acaba de dejar atrás; lo que demuestra más inseguridad y falta de auténtica fe que otra cosa, pero que no deja de ser una fase natural en ese tipo de circunstancias. Ya en la mesa, el profesor miró a los cuatro rincones del aula (incluso los alféizares servían de asientos) y me dijo con gesto serio: Esto es importante… Esto es importante…

La primera intervención confirmó que allí no se iba a debatir El hombre que fue jueves, sino las nuevas ideas filosóficas de Juan Bautista Fuentes. Era (es) uno de los profesores con mayor tirón entre los estudiantes (a pesar del cambio) y no se podía permitir que siguiese alentando desde su cátedra el estudio de la doctrina católica.

Mi preocupación se mezclaba con una creciente tristeza, porque a nadie le gusta ver sufrir a la gente que quiere. Pero entonces comenzó la intervención de mi maestro.

Hablando sobre aquel acto, a veces muchos años después, siempre me ha llamado la atención la disparidad de opiniones sobre el resultado de aquel combate dialéctico. Para mí, la actuación de Fuentes fue de tal calibre, que a veces se me olvida que hubo otro profesor en la mesa. Pero sé que no es una opinión generalizada. Porque no es una opinión objetiva. De hecho, ni pretende, ni quiere serlo. Así que, cada uno presa de sus propios prejuicios, ve la fiesta según le va en ella.

Pero sí creo que aquello fue un antes y un después en la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid. Si Fuentes no había convencido a todos, lo que sí había hecho era ganarse su respeto. A pesar de su giro reaccionario.

Me quedan imágenes muy bellas de aquel día: Fernando, Gabriel y Nacho, sentados en la tarima cerca de Fuentes, a modo de atenta guardia de corps; los múltiples corrillos de gente comentando lo escuchado, en la bella luz de un atardecer primaveral, echando unos cigarrillos antes de que terminara el descanso de la sesión; ese silencio casi místico que invadió el aula abarrotada cuando el maestro se preguntó a sí mismo si creía en Dios.

Las relaciones humanas son complicadas; básicamente, porque son protagonizadas por hombres y mujeres. Lo cual implica casi siempre un riesgo elevado de fracaso y desastre. Pero, a pesar de todo, yo tengo bastante claro que estos recuerdos me provocarán una sonrisa hasta el final de mis días. Y que va a ser difícil que ningún hombre me despierte el mismo nivel de admiración que Juan Bautista Fuentes me hizo sentir durante aquella intervención, el 24 de abril de 2007. Hace hoy ocho años.

Para terminar, me gustaría recordar las palabras de Sancho al final de El Quijote, que nuestro maestro nos leyó un día para poner fin a una de sus formidables clases de doctorado.

No se muera vuestra merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más, sin que nadie le mate ni otras manos le acaben que las de la melancolía. Mire no sea perezoso, sino levántese de esa cama, y vámonos al campo vestidos de pastores, como tenemos concertado: quizá tras de alguna mata hallaremos a la señora doña Dulcinea desencantada, que no haya más que ver. Si es que se muere de pesar de verse vencido, écheme a mí la culpa, diciendo que por haber yo cinchado mal a Rocinante le derribaron; cuanto más que vuestra merced habrá visto en sus libros de caballerías ser cosa ordinaria derribarse unos caballeros a otros y el que es vencido hoy ser vencedor mañana.

PRIMUM TRABEM DE OCULO TUO

“…os suplico que cada uno hable a su conciencia y no a la ajena. ¡Oh alma mía!, ¿no eres tú la causa de este mal, quién ha cometido tantos pecados sobre pecados, tantas ofensas, tantas cobardías, que justamente la ira de Dios ha caído sobre todo un pueblo? ¿No sabes, acaso, que si en otro tiempo se hubieran hallado diez hombres de bien, Dios, por ellos, hubiera preservado de la ruina a toda una ciudad? (Gén 18,32). ¡Ah!, que quizá faltara el décimo en este país, y si tú te hubieses convertido, tal vez habrías completado el número. ¡Oh, qué suerte! Y no me respondas: ‘¿Por qué los demás no lo han hecho?’. Ellos no tienen que preocuparte. Digamos, pues, todos y que cada uno hable para sí; hagamos cada uno para sí elevándonos a Dios: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti (Lc 15,2); he pecado contra ti (Sal 50,6), sólo he hecho el mal contra ti. Confesemos nuestras propias faltas y dejemos a los demás confesar las suyas; sepamos que no es tiempo de decir: Nuestros padres han comido uvas agraces y nosotros tenemos dentera (Jer 31,29), pues Nuestro Señor nos responderá: El alma que peque, esa morirá (Ez 18,20). Así pues, todos se han desviado (Sal 13,3), que nadie se excuse de ser la causa de las desgracias de nuestro tiempo; tenemos todos parte en la pena y en la tribulación, porque tenemos todos parte en la culpa.”

Del sermón predicado por San Francisco de Sales el domingo de Pentecostés de 1593 (tenía 25 años); en el primer volumen de sus Obras Selectas, editadas por la BAC (2010); pgs. 286-287.

'La Tentación', de J. Kirk Richards (1999)

‘La Tentación’, de J. Kirk Richards (1999)

LORETTA

En la historia siempre han existido seres humanos así. Seres humanos que trabajaron toda su vida, y que trabajaron mucho, sólo por amor y entrega; que dieron literalmente su vida a los demás con un espíritu de amor y de entrega; que sin embargo no lo consideraban un sacrificio; que en realidad no concebían otro modo de vida más que el de dar su vida a los demás con un espíritu de entrega y de amor. En la práctica, estos seres humanos casi siempre han sido mujeres.

Las partículas elementales, de Michel Houellebecq; Anagrama, 1999; pg. 92.

“A veces me despierto de noche y sé como que existe la muerte que no hay nada que pueda detener este tren como no sea el segundo advenimiento de Cristo. No sé qué sentido tiene que me quede en vela pensando estas cosas. Pero lo hago.

No creo que este trabajo se pudiera hacer sin una esposa. Una esposa bonita y poco común, eso sí. Cocinera y carcelera y no sé cuántas cosas más. Esos chicos no saben la suerte que tienen. Bueno, quizá sí. Siempre supe que ella no corría peligro. Tienen productos frescos del huerto durante gran parte del año. Buen pan de maíz. Alubias. Es sabido que ella les prepara hamburguesas y patatas fritas. Algunos de ellos han vuelto al cabo de los años y estaban casados y les iba bien. Trajeron a sus mujeres. Incluso a sus hijos. No vinieron a verme a mí. Los he visto presentar a sus esposas o a sus novias y luego echarse a llorar. Hombres hechos y derechos. Que habían cometido delitos importantes. Ella sabía lo que se hacía. Siempre lo ha sabido. Así que cada mes nos pasamos de presupuesto con la cárcel, pero ¿qué se le va a hacer? No se le va a hacer nada. Eso es lo que se le va a hacer.”

No es país para viejos, de Cormac McCarthy; DeBolsillo, 2008; pg. 128.

'Nacimiento de la Virgen María', de Bartolomé Esteban Murillo (alrededor de 1660)

‘Nacimiento de la Virgen María’, de Bartolomé Esteban Murillo (alrededor de 1660)

MYSTERION-SACRAMENTUM (LA TAREA MÁS URGENTE)

Devolvamos a la noche la positividad que le niega nuestra astronomía insuficiente.
Nuestra más urgente tarea es la de reconstruir el misterio del mundo.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 511.

“Que no me hallo cosa más a propósito para declarar algunas de espíritu que esto de agua; y es -como sé poco y el ingenio no ayuda y soy tan amiga de este elemento- que le he mirado con más advertencia que otras cosas, que en todas las que crió tan gran Dios, tan sabio, deve haver hartos secretos de que nos podemos aprovechar, y ansí lo hacen los que lo entienden; aunque creo que en cada cosita que Dios crió hay más de lo que se entiende, aunque sea una hormiguita.”

Moradas del castillo interior, de Santa Teresa de Jesús (Cuartas Moradas, capítulo 2, 2); en Obras completas; BAC, 2006; pgs. 499-500.

“En el jardín. Nublado, pero cálido. En el camino central las hormigas han construido por la noche una red de tráfico. Tres vías subterráneas desembocan en la superficie, atraviesan el camino y vuelven a hundirse en la tierra. En parte están techadas. Hay en ellas mucho movimiento.

[…] ¿Acaso soñarán en sus cuartos y también, cuando estén allí, unas al lado de las otras, intercambiarán con las antenas recuerdos, semejantes o superiores a nuestros pensamientos? Estoy convencido de ello. En cualquier caso tiene que haber una comunidad. De lo contrario, tal disposición sería imposible; crece de noche, como el palacio de Aladino. Instinto es una palabra demasiado económica para ello.”

Escrito por Ernst Jünger en su casa de Wilfligen, el 19 de agosto de 1987; en Pasados los setenta IV; Tusquets, 2011; pg. 182.

junger

AMAR EN TIEMPOS ULTRAMODERNOS

“Resulta de gran utilidad trazar un contraste entre el nuevo ideal romántico exaltado por la industria mediática y el ideal de matrimonio que prevale desde el siglo XVIII. Según Lawrence Stone, en esa época casi todos coincidían […] en que el deseo físico y el amor romántico no eran fundamentos sólidos para un matrimonio próspero, ya que ambos representaban perturbaciones mentales violentas que inevitablemente tendrían poca duración. Incluso en la segunda década del siglo XX se detecta todavía una concepción parecida del matrimonio, como podemos ver en el siguiente fragmento de la revista Good Housewife:

La amistad es algo espiritual, no es una exuberancia sentimental ni una ebullición pasional. Es una comunión de intereses en las realidades del carácter. Las relaciones construidas sobre esta base [del matrimonio concebido como una amistad] son propensas a durar. […] En el mejor de los casos, el matrimonio es un sacramento de la amistad. […] Más profundo que la pasión, más profundo que el sentimiento, es ese vínculo más intelectual y ético que con razón denominamos amistad.

Según se observa en esta cita, el ideal tradicional del matrimonio pretende dejar afuera los sentimientos ardientes pero inestables de la pasión. En el párrafo reproducido, la idea del matrimonio como una amistad resulta menos significativa que la exclusión de todas esas emociones que, a partir de 1920, aparecerían precisamente como los elementos esenciales de un matrimonio feliz. Las publicidades que expresaban las nuevas actitudes y expectativas de las parejas casadas reafirmaban, al mismo tiempo, la noción de que la intensidad inicial del romance podía y debía mantenerse mediante el consumo de bienes y servicios. Llegada la década de 1930, los avisos y las películas ya insinuaban que el matrimonio, además de cumplir con su función tradicional como marco para la reproducción de la especie, debía reunir los requisitos de la pasión, la diversión y las emociones intensas.

Todos estos cambios afectan no sólo a las definiciones del matrimonio propiamente dicho, sino también a los mecanismos mediante los cuales las personas se enamoran y forman pareja. En la época victoriana, aunque los pretendientes declararan su amor y compromiso desde el principio, el cortejo se concebía como un proceso delicado y extenso, salpicado con una serie de pruebas impuestas por las mujeres a sus candidatos para que éstos demostraran la profundidad y la persistencia de sus sentimientos. Ahora bien, la nueva importancia de la intensidad y la búsqueda de la diversión dejan sin efecto ese sistema de pruebas, a la vez que alteran la percepción del tiempo dedicado al encuentro romántico. El proceso lento, extenso y gradual del cortejo victoriano se ve reemplazado por una perspectiva más orientada hacia el presente.

Es más, como los obstáculos formaban parte integral de dicho cortejo, el dolor se consideraba intrínseco al proceso de conocimiento y a la construcción de la pareja, casi por definición. De hecho, los hombres y las mujeres del siglo XIX con frecuencia reconocían que el dolor era fundamental e incluso inevitable en el amor romántico (Lystra). Y el dolor es precisamente aquello que se elimina de manera lenta pero segura del lenguaje correspondiente al amor hedonista. En la medida en que el placer y las emociones intensas se transforman en características supremas de la experiencia romántica, el dolor, los obstáculos y las dificultades, asociados hasta entonces de modo inevitable y necesario con el amor, se convierten en elementos inaceptables y, sobre todo, incomprensibles. La densidad del amor comienza a disolverse en el aire del consumo, el ocio y el placer.

Por último, a diferencia de los relatos victorianos sobre el amor, las experiencias románticas del modelo hedonista no suponen un objetivo de autoconocimiento. La idea de que el amor invita a la introspección, a la apertura gradual de la intimidad y al delicado esfuerzo de conocer al otro se ve reemplazada por una visión más extrovertida del romance, orientada hacia un ideal de participación compartida en la esfera pública del ocio. Durante la era victoriana, la introspección y las revelaciones de la intimidad se entrelazan en la trama compleja del amor, mientras que en el período siguiente el conocimiento de sí mismo y del otro se ve cada vez más pautado por los nuevos discursos de la psicología y de las ciencias sociales. Como se verá más adelante, esto escinde la experiencia del amor dentro del yo y la torna inteligible sólo en términos derivados del mercado o de la psicología. Aunque este fenómeno no preanuncia necesariamente una decadencia del sentimiento amoroso, sí le abre la puerta a la concepción posmoderna del amor. En la segunda parte de este libro se verá que a la condición romántica posmoderna le allanan el camino diversos elementos, como el predominio de las imágenes visuales (capítulo 3), la visión hedonista del consumo (capítulo 4) y la comprensión del tiempo lineal en un presente signado por la intensidad (capítulo 5).”

El consumo de la utopía romántica. El amor y las contradicciones culturales del capitalismo, de Eva Illouz; Katz, 2009; pgs. 77-79.

LIBERACIÓN SEXUAL

Las reivindicaciones libertarias del ciudadano moderno se limitan a reclamar el derecho de copular sin trabas en el ergástulo donde lo encierran.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 473.

“El 14 de diciembre de 1967, la Asamblea Nacional aprobó en primera ronda la ley Neuwirth sobre la legalización de los anticonceptivos; aunque todavía no estaba subvencionada por la Seguridad Social, la píldora podía venderse libremente en las farmacias. A partir de aquel momento, amplias capas de población tuvieron acceso a la liberación sexual, hasta entonces reservada a las clases directivas, los profesionales liberales y los artistas, así como a algunos empresarios. Es chocante comprobar que a veces se ha presentado la liberación sexual como si fuera un sueño comunitario, cuando en realidad se trataba de un nuevo escalón en la progresiva escalada histórica del individualismo. Como indica la bonita palabra francesa ménage, la pareja y la familia eran el último islote de comunismo primitivo en el seno de la sociedad liberal. La liberación sexual provocó la destrucción de esas comunidades intermediarias, las últimas que separaban al individuo del mercado. Este proceso de destrucción continúa en la actualidad.”

Las partículas elementales, de Michel Houellebecq; Anagrama, 1999; pg. 116.

Shame movie crying

EL SILENCIO

“Examina bien las cosas que te dicta el corazón antes que pasen a la lengua; porque descubrirás que muchas de ellas sería preferible que no hubieran salido de ti. Y te advierto, además, que muchas de las cosas que creas conveniente decir, sería mucho mejor dejarlas sepultadas en el silencio. Lo descubrirás, volviendo sobre ellas una vez pasada la ocasión de decirlas.

Has de saber que el silencio es una gran fortaleza en la batalla espiritual y una garantía segura de victoria. El silencio es amigo de quien desconfía de sí mismo y confía en Dios; es guardián de la auténtica oración y una magnífica ayuda para el ejercicio de las virtudes.

Para acostumbrarte a callar, has de considerar a menudo los daños y peligros de la locuacidad y las grandes ventajas del silencio. Tómale afición a esta gran virtud y, para acostumbrarte a ella, calla oportunamente aun cuando no sea malo hablar, con tal que no vaya en perjuicio tuyo o de otros. A ello te ayudará el mantenerte alejado de los corrillos, porque en vez de tener por compañeros a los hombres, tendrás a los ángeles, a los santos y al mismo Dios. Finalmente, haz constante memoria del combate que tienes entre manos: al darte cuenta de lo mucho que te falta por hacer en este campo, perderás pronto las ganas de enredarte en palabrerías.”

Combate espiritual, de Lorenzo Scupoli; San Pablo, 2014; pg. 145.

El gran silencio

 

EL DESASOSIEGO

eritis sicut dii…

“Consideré que Dios, siendo improbable, podría ser; pudiendo, entonces, deber ser adorado; pero que la Humanidad, siendo una mera idea biológica, y no significando más que la especie animal humana, no era más digna de adoración que cualquier otra especie animal. Este culto de la Humanidad, con sus ritos de Libertad e Igualdad, me pareció siempre una reviviscencia de los cultos antiguos, en los que los animales eran como dioses, o los dioses tenían cabezas de animales.”

Livro do desassossego, de Fernando Pessoa; Europa-América, 2ª edición; pg. 47 [traducción propia].

“Cuando Stubb se hubo marchado, Ahab se quedó un momento inclinado sobre la borda; y entonces, como era su costumbre desde antaño, llamó a uno de los vigías y le hizo bajar a por su taburete de marfil y a por su pipa. La encendió con la lámpara de la bitácora, y plantando el taburete en el costado de barlovento de cubierta, se sentó y fumó.

En la antigüedad nórdica, decía la tradición que los tronos del rey danés, amante del mar, eran fabricados con colmillos de narval. ¿Cómo mirar a Ahab, sentado en su trípode de huesos, sin acordarse de la realeza que simbolizaba? Pues era Ahab kan de cubierta y rey del mar y gran señor de los leviatanes.

Así estuvo un rato, dando caladas rápidas y constantes que expulsaban un denso vapor de su boca, el cual se revolvía enseguida hacia su cara. Cómo puede ser, se dijo al fin, apartando la boquilla, que fumar ya no me sosiegue. ¡Oh, pipa mía! ¡Mal me tiene que ir para que tu encanto me haya abandonado! Aquí he estado, inconscientemente ocupado, sin disfrutar, -sí, y fumando contra el viento todo el rato, sin darme cuenta; contra el viento, y con caladas tan nerviosas como si, al igual que la ballena moribunda, mis chorros finales fuesen los más fuertes y atribulados. ¿Qué problema tengo con esta pipa? Esta cosa pensada para la serenidad; para elevar apacibles vapores blancos entre apacibles canas, no entre mis grisáceas greñas de loco. No fumaré más…

Lanzó la pipa aún encendida al mar. El fuego se apagó entre las olas; enseguida el barco pasó a través de la burbuja que la pipa había hecho al hundirse. Caída el ala del sombrero sobre los ojos, Ahab se paseaba dando bandazos de un lado a otro de cubierta.”

Moby Dick, de Herman Melville; Wordsworth, 2002; pgs. 106-107 [traducción propia].

Ego non baptizo te in nomine patris,

sed in nomine diaboli!

ojo de ballena

Calle del Orco

Blog de Literatura. Grandes encuentros

plan zeta

apología de mí mismo

El Rancho de San Ysidro

Peripecias de un aprendiz de campesino

El perfil menos humano

“En aquella idea vaciaba, como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir; en aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y quizá menos humano de su carácter”

La saga de Dashiell

non mea voluntas

A Día de Hoy

Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester