MIENTRAS LLEGA “SOUMISSION”

por El Responsable

“Por fin empezaba a darse cuenta de que los razonamientos y las ideas del pesimismo resultaban impotentes para aliviarle de verdad y que tan sólo la imposible creencia en una vida futura podría apaciguar su espíritu.

Entonces un ataque de ira barrió, como un huracán, sus estoicos deseos de resignación y sus tentativas de indiferencia. No podía disimular y cerrar los ojos por más tiempo: ya no le quedaba nada, todo estaba derrumbado. Bajo las ruinas grandiosas de la Iglesia que se había convertido en un lugar de citas, en un montón de escombros, profanados por incalificables chirigotas y escandalosas obscenidades, los burgueses engordaban con sus groseras y vulgares comilonas. ¿Acaso el terrible Dios del Génesis y el pálido crucificado del Gólgota, para demostrar de una vez por todas que existían, no podrían reactivar de nuevo los cataclismos del pasado y encender la lluvia de fuego que antaño devastó las ciudades malditas que fueron arrasadas?

¿Acaso este fango tenía que seguir extendiéndose y cubriendo con su pestilencia este viejo mundo en el que ya sólo brotaban las semillas de la iniquidad y las miserias del oprobio?

[…] Des Esseintes, abrumado, se dejó caer sobre una silla.

-Dentro de dos días estaré ya en París -exclamó-. Todo se ha terminado; como un maremoto, las olas de la mediocridad humana suben hasta el cielo y van a sepultar el refugio cuyos diques estoy abriendo, muy a pesar mío. ¡Ah! ¡Me falta valor y me duele el alma! ¡Señor, ten piedad de este cristiano que duda, de este incrédulo que quisiera creer, de este galeote de la vida que se embarca, en plena noche, solo, bajo un firmamento que ya no iluminan los faros consoladores de la antigua esperanza!”

A contrapelo, de Joris-Karl Huysmans; Cátedra, 2010; pg. 366.

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