El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

ORA ET LABORA

“La ociosidad es enemiga del alma; por eso han de ocuparse los hermanos a unas horas en el trabajo manual, y a otras, en la lectura divina.

En consecuencia, pensamos que estas dos ocupaciones pueden ordenarse de la siguiente manera: desde Pascua hasta las calendas de octubre, al salir del oficio de prima trabajarán por la mañana en lo que sea necesario hasta la hora cuarta. Desde la hora cuarta hasta el oficio de sexta se dedicarán a la lectura. Después de sexta, al levantarse de la mesa, descansarán en sus lechos con un silencio absoluto, o, si alguien desea leer particularmente, hágalo para sí solo, de manera que no moleste. Nona se celebrará más temprano, mediada la hora octava, para que vuelvan a trabajar hasta vísperas en lo que sea menester. Si las circunstancias del lugar o la pobreza exigen que ellos mismos tengan que trabajar en la recolección, que no se disgusten, porque precisamente así son verdaderos monjes, cuando viven del trabajo de sus propias manos, como nuestros Padres y los apóstoles (cf. Sal 128,2; 1 Cor 4,12).”

Regla de San Benito (XLVIII, 1-8); BAC, 2010; pg.73.

Hermano Francis Davoren, monje benedictino del monasterio de Nursia y maestro cervecero, en el tajo

Hermano Francis Davoren, monje benedictino y maestro cervecero del monasterio de Nursia, en el tajo

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LA ACUMULACIÓN ORIGINARIA DEL CAPITALISMO ESPAÑOL

“Las tierras y la riqueza acumulada de los monasterios fueron arrebatadas de manos de sus antiguos dueños con la intención de transferirlas a la corona; mas no pasaron ciertamente a manos de los reyes, sino a las de un sector ya rico de la comunidad, el cual, una vez que se consumó el cambio, se convirtió durante los siglos sucesivos en el verdadero soberano de Inglaterra.”

El Estado Servil, de Hilaire Belloc; El Buey Mudo, 2010; pg. 86.

 

“El diputado de Oviedo, Manuel Mª Acevedo, defendió el nuevo proyecto del gobierno más por razones de política que por simpatía hacia los frailes, ya que no sólo comulgaba con los criterios regalistas comunes a todos los procuradores, sino que incluso lamentó el ‘criminal silencio’ con que el clero acogió el inicuo decreto del despojo a los compradores. Pero tuvo la lucidez de tocar puntos oscuros hasta entonces soslayados, como los fraudes e irregularidades de muchas de las ventas, y los inconvenientes que reportaría a la masa proletaria la devolución de las fincas. El problema no estaba en los monjes, que veían ya la segur en su tronco y que, cortos en número y desprestigiados, no podían suscitar temores, sino en los arrendatarios pobres que quedarían en la mayor miseria.

[…] Es innegable que los monasterios son los que dan en colonia a precios más baratos, porque la corta duración de las prelacías no les permite hacer nuevos arriendos; y si algunos prelados más celosos lo verifican por temor a los foros presuntos, se contentan con renovar las antiguas escrituras, mudando sólo las fechas y el nombre de los otorgantes; y además, poseyendo rentas suficientes para todas las comodidades de su estado, no tienen ningún motivo que les obligue a aumentarlas. Al contrario, en el comprador, padre de familia, deseando o necesitando sacar de su capital el rédito posible, y estimulando por el mismo bajo precio en que están arrendados, duplica o triplica su valor, de lo que he visto más de un caso, como el de que compradores que no han subido sus rentas, sean mirados por los nuevos colonos como ángeles bienhechores. El disgusto de esta clase puede traer consecuencias más fatales que el de los antiguos compradores, que están unidos a su patria por otros vínculos morales, políticos y económicos, que no estos infelices, que su educación y miseria no les permite mirar el país que les vio nacer bajo otro punto que el de proporcionarles medios de subsistir, que arrojados de sus caseríos y transformados en mendigos, se agregarían a cualquier partido que los sacase de su infelicidad, y maldecirían un gobierno que los redujo a aquel estado.

Del debate ocurrido en el Estamento de Procuradores, el 4 de mayo de 1835, sobre la forma de devolver los bienes eclesiásticos desamortizados durante el Trienio Liberal a sus compradores, tras la revocación sin indemnización de dichas ventas ocurrida en 1823; en La exclaustración, de Manuel Revuelta González; CEU Ediciones, 2010; pgs.303-304, 304.

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EL NOMOS DE LA TIERRA: QUEMAR BILBAO

“-¡Hay que quemar Bilbao! ¡Si hubieras visto! Nos hicieron salir, sacar las cosas, y aquí mismo, con el carro cargado de muebles, estuvimos viendo las llamas… Las pobres vacas mugían de pena, el ternero se escondía bajo la madre, lleno de miedo; los chicos y la mujer, llorando, y no hacían caso. ‘Así escarmentarás’,  me decían… ¡Hay que quemar Bilbao!

Iba a resolverse el largo pleito entre la villa y la tierra llana, que llena con sus incidentes, alguna vez sangrientos, la historia del Señorío de Vizcaya. Iban a ahogar de una vez al pulpo, al alambique con que se les extraía los impuestos, a la oficina del engaño.

Allí, al pie de ellos, en un repliegue de la montaña, se alzaban, dominando a la villa, los viejos muros de la antigua casa-torre de los Zurbarán, testigo un tiempo de las turbulencias de los banderizos, de aquellos rudos parientes mayores, cabezas de la tierra llana, que resistieron con sus mesnadas la formación de las villas, fuerza de los reyes. Aquel viejo caserón era y es monumento del agitado período en que pasó Vizcaya del régimen familiar de la sociedad pastoril al régimen ciudadano de los mercaderes y de las villas; de los buenos usos y costumbres, a las ordenanzas de comercio y los fueros escritos; de la patriarcal casería abierta a todos vientos, a la calle oscura en que se amontonaban los hombres; de la montaña al mar.

Iba a resolverse la larga querella, la del rústico y el urbano; la del hombre de la montaña y del ahorro con el hombre del mar y de la codicia.”

Paz en la guerra, de Miguel de Unamuno; Alianza, 2009; pgs. 153-154.

'Abismo nostálgico', de Augusto Ferrer-Dalmau

‘Abismo nostálgico’, de Augusto Ferrer-Dalmau

Quod Vidimus

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The Wanderer

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En Compostela

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De libros, padres e hijos

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A Día de Hoy

Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester

Calle del Orco

Blog de Literatura. Grandes encuentros

Al Servicio de su Majestad

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El Rancho de San Ysidro

Peripecias de un aprendiz de campesino