AION, VERWEILE DOCH!

por El Responsable

Como una obra de arte, repitió ella, mirando alternativamente al lienzo y a los escalones del salón. Necesitaba descansar. Y mientras descansaba, dejando la mirada vagar de un sitio a otro, la vieja pregunta que atravesaba el cielo del alma perpetuamente, la vasta, la general pregunta que era capaz de concretarse en momentos como éste, cuando se permitía el reposo de las facultades que hasta entonces habían estado en tensión, quedaba en suspenso ante ella, se detenía ante ella, la cubría con su sombra. ¿Cuál es el sentido de la vida? Eso era todo – una pregunta simple; que solía agobiar cada vez más con el paso de los años. La gran revelación no había llegado nunca. La gran revelación quizá no llegase nunca. En su lugar, ocurrían pequeños milagros diarios, iluminaciones, cerillas encendidas de forma inesperada en la oscuridad; como éste. Esto, eso y lo otro; ella misma y Charles Tansley y la ola rompiendo; la señora Ramsay uniéndolos; la señora Ramsay diciendo Vida, párate aquí; la señora Ramsay haciendo del momento algo permanente (de la misma manera que Lily, en otro ámbito, trataba de hacer del momento algo permanente) – fue como una revelación. En medio del caos aconteció la forma; este eterno pasar y fluir (observó el movimiento de las nubes y el temblor de las hojas) fue obligado a la estabilidad. Vida, párate aquí, dijo la señora Ramsay.”

To the Lighthouse, de Virginia Woolf; Penguin Classics, 2000; pgs. 175-176 [traducción propia].

'Deserted Light', de Andrew Wyeth

‘Deserted Light’, de Andrew Wyeth

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