LAS AFINIDADES ELECTIVAS

por El Responsable

La distinción propiamente política es la distinción entre el amigo y el enemigo.
Carl Schmitt

El general Soleimani recorre con la vista la línea del frente, en algún lugar de Irak. Al otro lado, las tropas negras del Estado Islámico permanecen agazapadas, quizá esperando la llegada de nuevas provisiones, quizá preparando un nuevo movimiento ofensivo.

El jefe de la Fuerza Quds iraní ve cómo se acerca uno de sus colaboradores, miembro del Hezbollah libanés, desplazado a la zona para ayudar en la formación de las milicias chiíes que combaten a los salafistas del NeoCalifato. El libanés aún es incapaz de ocultar su admiración por el general, que pasea despreocupadamente sin casco ni chaleco antibalas. Dos formidables miembros de la elite de la Guardia Revolucionaria escoltan día y noche a su superior.

El general va pasando las cuentas de su tasbih y escucha las noticias sin mirar al libanés. Éste se muestra indignado ante la actitud de los turcos.

-¿Cómo pueden dejar actuar a las tropas del ISIS a través de su territorio? -se enerva- ¿Todo por su estúpido odio a los kurdos?

-Esa información aún no ha sido confirmada -dice el general, monótono.

Turquía y el Estado Islámico ya llevan varios meses compartiendo frontera. Pero esos fanáticos delirantes -así los muestran los medios de comunicación occidentales- son lo suficientemente inteligentes como para no invadir Turquía. Turquía es miembro de la OTAN y los fanáticos pueden ser delirantes, pero no son gilipollas. Bastantes frentes tienen ya abiertos como para darles una excusa magnífica a sus enemigos para presentarse en sus fronteras con decenas de miles de soldados de todos los países infieles del mundo. A su vez, Turquía pasa de meterse en ese avispero hasta que sea estrictamente necesario; y, si es posible, con toda la Alianza Atlántica a sus espaldas. Pero, para ello, es necesario sufrir una invasión formal por parte del NeoCalifato. Mientras tanto, que se maten entre ellos: cuantos menos kurdos y salafistas en el mundo, mejor.

-El Negro se acabará cabreando… -dice el libanés- Ya tiene que estar desesperado, para dejarnos actuar tan libremente; hace nada nos quería machacar en Siria y mira ahora…

El libanés sonrió. El general no. El libanés dejó de sonreír.

-Lo único que importa es tener claro quién es tu peor enemigo en cada momento -la voz del general se fundió con la brisa fría del desierto-; todo lo demás, sobra.

Varias explosiones brillaron al otro lado del frente. Un par de cazas estadounidenses cruzaron inmediatamente después el cielo. El libanés los siguió con la mirada mientras se encendía un cigarro. El general continuó su paseo. Oscurecía.

Soleimani

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