IGLESIA Y TABERNA

por El Responsable

“En el norte de Chile, una vez, tuve la ocasión de asistir a un oficio mariano en un pequeño santuario en medio del desierto, al que después siguió una danza al aire libre en honor a la Virgen, cuyas máscaras me parecían más bien temibles. Seguramente en el origen de esta danza había tradiciones precolombinas antiquísimas. Lo que en su día pudo estar marcado por una seriedad terrorífica a la vista del poder de los dioses, quedaba ahora liberado, se había convertido en veneración a la humilde mujer a la que le ha sido concedido llamarse Madre de Dios y que es el fundamento de nuestra esperanza. Otra cosa distinta es que, tras la liturgia, la alegría allí experimentada se convierta en una fiesta mundana que se expresa en la comida y el baile común, sin por ello perder de vista el motivo de la alegría que, al mismo tiempo, le da su medida y su razón de ser. Esta conexión entre liturgia y serena y alegre mundanidad (Iglesia y taberna) siempre ha sido considerada como típicamente católica y, de hecho, lo es.”

El espíritu de la liturgia, de Benedicto XVI; Ediciones Cristiandad, 2005; pg. 225.

Norcia