MEMORIA HISTÓRICA (AL TÍO ANTONIO, UN AÑO DESPUÉS DE SU MUERTE)

por El Responsable

Extrañas sensaciones las que le invaden a uno, cuando se topa en serios y gordos libros de historia con relatos de la infancia, mamados en reuniones familiares; meollo oral del clan. Cuenta Antony Beevor en su “La Guerra Civil española” (Crítica, 2005; pgs. 702-703):

“En Galicia se creó a principios de 1945 el Exército Guerrilleiro de Galicia, que duró hasta 1950 y que protagonizó episodios épicos como el ajuste de cuentas con Esteban Cortizo [sic], jefe local de la Falange de Mugardos, a quien ejecutaron el 25 de enero de 1945 en el casino del pueblo.”

Enseguida me chirría el “Cortizo”; busco en otros libros, para confirmar mi propio recuerdo: Esteban Cortizas, el ‘Bailarín’. También la fecha baila: Carlos Fernández (‘El alzamiento de 1936 en Galicia’; Ediciós do Castro, 1987; pg. 134) dice que sucedió “sobre las nueve de la noche del 23 de enero de 1946”. Paco Balón, por su parte (‘Paco Balón: memorias de un comunista ferrolano’; Ediciós do Castro, 1999; pg. 129), habla del 22 de noviembre de 1945.

Cortizas, si no me equivoco, era el segundo apellido de mi abuelo materno; su mujer, mi abuela Pacucha, me contó que él había sido ayudado por gente de su familia que formaba parte de las fuerzas vivas del Mugardos franquista. Esto me llevó a preguntar a mi tía Marisa, primogénita de ambos, si nuestra familia estaba emparentada con los Cortizas de ‘El Bailarín’; pero ella me dijo que no, que ésa era otra rama.

Vuelvo a mis leyendas infantiles: creo recordar que Pancho había participado en el asesinato de “El Bailarín”, pero no estoy seguro. Paco Balón me confirma que no:

“Hay que decir que Pancho no participó el 22 de noviembre de 1945 en la ejecución de Esteban Cortizas ‘El Bailarín’. La ejecución fue realizada por Adolfo Allegue Allegue ‘Riqueche’ y José Vázquez Mauriz ‘Patitas’. Su primera acción guerrillera fue la ejecución del falangista Muñiz, en compañía de Riqueche, el día 1 de enero de 1949, en el café Mugardés.”

Allegue y Mauriz; otro par de apellidos comunes entre los míos. Ya se sabe que, en España, a la hora de matarse, todo queda en casa.

Pancho fue uno de los héroes legendarios de mi infancia; cuñado de mi tío Antonio, he oído mil veces el relato de cómo su suegra, la sin par Celestina, lo ocultó en su propia cama para evitar que fuera apresado por la Guardia Civil. Yo conocí a Celestina en los últimos años de su valiente y ajetreada vida, cuando mi madre o mi abuela me llevaban de visita a Rilo (la casa-símbolo de mi sangre); ya no podía hablar, ni apenas levantarse. La cuidó con cariño y entrega su nuera, mi tía Lolita, mujer del tío Antonio. Y es que Rilo tiene el valor de símbolo para mí, fundamentalmente, por mi tía Lolita. En mi familia hay un antes y un después de su muerte. Su marido trabajaba en la Bazán, los astilleros militares de Ferrol; militante del PCE y de CCOO, cuando tales cosas se pagaban muy caro. Vio caer a sus dos compañeros, Amador y Daniel, el 10 de marzo de 1972, por los disparos de la policía ferrolana. Fue represaliado y creo que pasó un mes en la cárcel, si no recuerdo mal. Allí se encontró con Paco Rodríguez, futuro parlamentario del BNG al que yo conocí durante mis años de militancia, que le regaló un libro de Castelao; mi tío me contó que Paco les daba clases de gallego en prisión.

Haber conocido a mi tío Antonio me ha permitido detectar rápidamente la diferencia entre compromiso y charlatanería, entre izquierda social y progresía cutre. Por el contraste de su ejemplo he sido capaz de descubrir a una enorme cantidad de papanatas -aún lo sigo haciendo-. Sin embargo, a estas alturas, tengo la sensación de haber desaprovechado su presencia. Todas las cosas que me podía haber enseñado y que nunca tuve interés por aprender -hasta ahora-: mecánica, carpintería… a hacer sidra (muy rica, por lo que me han contado).
Son hombres de otros tiempos. Tiempos terribles, sin duda. Pero hombres mucho mejores que nosotros.

Nosotros…

En el Casino Mugardés, donde un Allegue y un Mauriz ejecutaron a un Cortizas, muchos años más tarde un niño ferrolano, de segundo apellido Bastida, vio por primera vez ‘La Guerra de las Galaxias’.

26 de agosto de 2013

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