El sosiego acantilado

non mea voluntas

Mes: noviembre, 2014

CUENTOS DE AYER Y DE HOY

“…todo habría ido mucho más deprisa sin el nazismo. La ideología nazi contribuyó en gran medida a desacreditar las ideas de eugenismo y perfeccionamiento de la raza; hicieron falta años para recuperarlas.”

Las partículas elementales, de Michel Houellebecq; Anagrama, 1999; pg. 159.

“Si los panfletos ideológicos anteriores a 1933 (incluido El pequeño ABC del nacionalsocialismo, de Goebbels) cayeron en desuso, los nuevos libros de texto que empezaron a aparecer en 1936 inculcaban los principios morales comunitarios mediante formatos tradicionales como fábulas y leyendas. […] Un libro para niños escrito por un especialista en bioética incorporaba valores morales relativos a la etnia en un cuento sobre cigüeñas. Un día antes de su emigración anual, la madre cigüeña llora mientras el padre, con el apoyo de las cigüeñas que los rodean, insiste en que su cría, que tiene dificultades para volar, debe quedarse allí. ‘¿No es eso cruel?’, pregunta un niño campesino que presencia el momento del abandono. ‘No lo es, hijo. ¿Por qué vamos a dejar que los enfermos pongan en peligro a los sanos?… Las crías que sobran no sirven para nada. Sin esa conciencia, nuestro Volk no podría seguir creciendo.’ En los ejercicios de matemáticas, los alumnos calculaban los costes relativos para el contribuyente de unos hijos ‘sanos’ y de otros ‘enfermos’, y la cantidad de dinero malgastado en cigarrillos.”

La conciencia nazi. La formación del fundamentalismo étnico del Tercer Reich, de Claudia Koontz; Paidós, 2005; pgs. 172, 172-173.

 

"Vivir sólo como carga"; fotograma de una película del Ministerio de Propaganda del Tercer Reich

“Vivir sólo como carga”; fotograma de una película del Ministerio de Propaganda del Tercer Reich

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IGLESIA Y TABERNA

“En el norte de Chile, una vez, tuve la ocasión de asistir a un oficio mariano en un pequeño santuario en medio del desierto, al que después siguió una danza al aire libre en honor a la Virgen, cuyas máscaras me parecían más bien temibles. Seguramente en el origen de esta danza había tradiciones precolombinas antiquísimas. Lo que en su día pudo estar marcado por una seriedad terrorífica a la vista del poder de los dioses, quedaba ahora liberado, se había convertido en veneración a la humilde mujer a la que le ha sido concedido llamarse Madre de Dios y que es el fundamento de nuestra esperanza. Otra cosa distinta es que, tras la liturgia, la alegría allí experimentada se convierta en una fiesta mundana que se expresa en la comida y el baile común, sin por ello perder de vista el motivo de la alegría que, al mismo tiempo, le da su medida y su razón de ser. Esta conexión entre liturgia y serena y alegre mundanidad (Iglesia y taberna) siempre ha sido considerada como típicamente católica y, de hecho, lo es.”

El espíritu de la liturgia, de Benedicto XVI; Ediciones Cristiandad, 2005; pg. 225.

Norcia

PRODUCT OF A BROKEN HOME

A veces, los mejores textos y reflexiones reaccionarios hay que buscarlos en lugares, en principio, inesperados. Los hallamos allí donde moran los perdidos; aquéllos a quienes los puros -los cátaros de todos los credos-, apenas prestan atención; de quienes se quieren mantener alejados; cuya suciedad no permiten que enturbie su bienestar aburguesado. Pureza resentida semejante a la del feo, que confunde la ausencia de tentaciones que su aspecto provoca con la virtud de la castidad, y piensa, erróneamente, que puede ser maestro de la misma.

Pero son precisamente los máximos pecadores los que mejor conocen aquello de que hablan, porque han tenido trato íntimo con el Enemigo. Y sus recuerdos de combate tienen una potencia natural que jamás podrán ni rozar muchos ambientes de creyentes pánfilos, que hablan desde burbujas de irrealidad que lo único que provocan es la incapacidad de los catecúmenos para enfrentarse con sus propias bajezas y con la suciedad del mundo.

Como cuando escuchas hablar a alguien sobre el infierno de las drogas y sabes al momento que jamás ha sentido el efecto de la coca al penetrar en su corriente sanguínea, que jamás se ha perdido en el paraíso químico de una noche de éxtasis.

Como cuando oyes hablar a alguien sobre el peligro de los radicalismos políticos, pero entiendes que nunca se ha dejado arrastrar por el delirio de una masa que carga contra la policía, que nunca ha perdido su individualidad en el canto apasionado de un himno de autoafirmación étnica ante las tumbas de héroes de antaño.

Supongo que por eso nos llaman tanto la atención las Confesiones de San Agustín, porque en ellas reconocemos al caído que, tras un largo éxodo, ha logrado domesticar todas sus debilidades; precisamente porque en ningún momento se ha olvidado de las mismas y de su presencia constante. Y entiende el poder de la tentación, sin vituperarlo con inútiles chillidos de pureza histérica.

Gracias a Dios, no es necesario pecar terriblemente para formar una adecuada conciencia. Pero es imposible ser un buen católico sin obligarse a estar en contacto con la podredumbre del alma propia y del mundo. Sólo así podremos ofrecer una mano al que quiera abandonar su pasado. Sólo así podremos evitar que el nuestro regrese. Los sanos no tienen necesidad de médico…

LAPIS REPROBATUS CAPUT ANGULI

“(…) Chesterton está en lo cierto cuando dice que el mundo está lleno de ideas cristianas enloquecidas. El Evangelio y la Iglesia han sido despojados como árboles frutales; pero los frutos cortados del árbol se pudren y ya no son comestibles. Las ideas de Cristo no se pueden separar de él y, en consecuencia, no tienen valor para el mundo si no son atestiguadas por cristianos que creen en Cristo, o como mínimo por hombres que están inconscientemente abiertos a él en lo más íntimo de ellos mismos y, en definitiva, poseídos por él. La irradiación sólo es posible si el centro de irradiación sigue vivo y constantemente activo: no se da aquí el caso de las estrellas que, aunque apagadas desde hace mucho tiempo, todavía dan luz.”

El todo en el fragmento, de Hans Urs von Balthasar; Encuentro, 2008; pg. 189.

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BEPPO

“A Beppo le gustaban estas horas antes del amanecer, cuando la ciudad todavía dormía. Le gustaba su trabajo y lo hacía bien. Sabía que era un trabajo muy necesario.

Cuando barría las calles, lo hacía despaciosamente, pero con constancia; a cada paso una inspiración y a cada inspiración una barrida. Paso—inspiración—barrida. Paso—inspiración—barrida. De vez en cuando, se paraba un momento y miraba pensativamente ante sí. Después proseguía paso—inspiración—barrida. Mientras se iba moviendo, con la calle sucia ante sí y la limpia detrás, se le ocurrían pensamientos. Pero eran pensamientos sin palabras, pensamientos tan difíciles de comunicar como un olor del que uno a duras penas se acuerda, o como un color que se ha soñado. Después del trabajo, cuando se sentaba con Momo, le explicaba sus pensamientos. Y como ella le escuchaba a su modo, tan peculiar, su lengua se soltaba y hallaba las palabras adecuadas.

—Ves, Momo —le decía, por ejemplo—, las cosas son así: a veces tienes ante ti una calle larguísima. Te parece tan terriblemente larga, que nunca crees que podrás acabarla.

Miró un rato en silencio a su alrededor; entonces siguió:

—Y entonces te empiezas a dar prisa, cada vez más prisa. Cada vez que levantas la vista, ves que la calle no se hace más corta. Y te esfuerzas más todavía, empiezas a tener miedo, al final estás sin aliento. Y la calle sigue estando por delante. Así no se debe hacer.

Pensó durante un rato. Entonces siguió hablando:

—Nunca se ha de pensar en toda la calle de una vez, ¿entiendes? Sólo hay que pensar en el paso siguiente, en la inspiración siguiente, en la siguiente barrida. Nunca nada más que en el siguiente.

Volvió a callar y reflexionar, antes de añadir:

—Entonces es divertido; eso es importante, porque entonces se hace bien la tarea. Y así ha de ser.

Después de una nueva y larga interrupción, siguió:

—De repente se da uno cuenta de que, paso a paso, se ha barrido toda la calle. Uno no se da cuenta cómo ha sido, y no se está sin aliento.

Asintió en silencio y dijo, poniendo punto final:

—Eso es importante.”

Momo, de Michael Ende.

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MEMORIA HISTÓRICA (AL TÍO ANTONIO, UN AÑO DESPUÉS DE SU MUERTE)

Extrañas sensaciones las que le invaden a uno, cuando se topa en serios y gordos libros de historia con relatos de la infancia, mamados en reuniones familiares; meollo oral del clan. Cuenta Antony Beevor en su “La Guerra Civil española” (Crítica, 2005; pgs. 702-703):

“En Galicia se creó a principios de 1945 el Exército Guerrilleiro de Galicia, que duró hasta 1950 y que protagonizó episodios épicos como el ajuste de cuentas con Esteban Cortizo [sic], jefe local de la Falange de Mugardos, a quien ejecutaron el 25 de enero de 1945 en el casino del pueblo.”

Enseguida me chirría el “Cortizo”; busco en otros libros, para confirmar mi propio recuerdo: Esteban Cortizas, el ‘Bailarín’. También la fecha baila: Carlos Fernández (‘El alzamiento de 1936 en Galicia’; Ediciós do Castro, 1987; pg. 134) dice que sucedió “sobre las nueve de la noche del 23 de enero de 1946”. Paco Balón, por su parte (‘Paco Balón: memorias de un comunista ferrolano’; Ediciós do Castro, 1999; pg. 129), habla del 22 de noviembre de 1945.

Cortizas, si no me equivoco, era el segundo apellido de mi abuelo materno; su mujer, mi abuela Pacucha, me contó que él había sido ayudado por gente de su familia que formaba parte de las fuerzas vivas del Mugardos franquista. Esto me llevó a preguntar a mi tía Marisa, primogénita de ambos, si nuestra familia estaba emparentada con los Cortizas de ‘El Bailarín’; pero ella me dijo que no, que ésa era otra rama.

Vuelvo a mis leyendas infantiles: creo recordar que Pancho había participado en el asesinato de “El Bailarín”, pero no estoy seguro. Paco Balón me confirma que no:

“Hay que decir que Pancho no participó el 22 de noviembre de 1945 en la ejecución de Esteban Cortizas ‘El Bailarín’. La ejecución fue realizada por Adolfo Allegue Allegue ‘Riqueche’ y José Vázquez Mauriz ‘Patitas’. Su primera acción guerrillera fue la ejecución del falangista Muñiz, en compañía de Riqueche, el día 1 de enero de 1949, en el café Mugardés.”

Allegue y Mauriz; otro par de apellidos comunes entre los míos. Ya se sabe que, en España, a la hora de matarse, todo queda en casa.

Pancho fue uno de los héroes legendarios de mi infancia; cuñado de mi tío Antonio, he oído mil veces el relato de cómo su suegra, la sin par Celestina, lo ocultó en su propia cama para evitar que fuera apresado por la Guardia Civil. Yo conocí a Celestina en los últimos años de su valiente y ajetreada vida, cuando mi madre o mi abuela me llevaban de visita a Rilo (la casa-símbolo de mi sangre); ya no podía hablar, ni apenas levantarse. La cuidó con cariño y entrega su nuera, mi tía Lolita, mujer del tío Antonio. Y es que Rilo tiene el valor de símbolo para mí, fundamentalmente, por mi tía Lolita. En mi familia hay un antes y un después de su muerte. Su marido trabajaba en la Bazán, los astilleros militares de Ferrol; militante del PCE y de CCOO, cuando tales cosas se pagaban muy caro. Vio caer a sus dos compañeros, Amador y Daniel, el 10 de marzo de 1972, por los disparos de la policía ferrolana. Fue represaliado y creo que pasó un mes en la cárcel, si no recuerdo mal. Allí se encontró con Paco Rodríguez, futuro parlamentario del BNG al que yo conocí durante mis años de militancia, que le regaló un libro de Castelao; mi tío me contó que Paco les daba clases de gallego en prisión.

Haber conocido a mi tío Antonio me ha permitido detectar rápidamente la diferencia entre compromiso y charlatanería, entre izquierda social y progresía cutre. Por el contraste de su ejemplo he sido capaz de descubrir a una enorme cantidad de papanatas -aún lo sigo haciendo-. Sin embargo, a estas alturas, tengo la sensación de haber desaprovechado su presencia. Todas las cosas que me podía haber enseñado y que nunca tuve interés por aprender -hasta ahora-: mecánica, carpintería… a hacer sidra (muy rica, por lo que me han contado).
Son hombres de otros tiempos. Tiempos terribles, sin duda. Pero hombres mucho mejores que nosotros.

Nosotros…

En el Casino Mugardés, donde un Allegue y un Mauriz ejecutaron a un Cortizas, muchos años más tarde un niño ferrolano, de segundo apellido Bastida, vio por primera vez ‘La Guerra de las Galaxias’.

26 de agosto de 2013

HERDEIROS DA DESTRUIÇÂO

“Ebrias de uma coisa incerta, a que chamaram positividade, essas geraçôes criticaram toda a moral, esquadrinharam todas as regras de viver, e, de tal choque de doutrinas, só ficou a certeza de nenhuma, e a dor de nâo haver essa certeza. Uma sociedade assim indisciplinada nos seus fundamentos culturais nâo podia, evidentemente ser senâo vítima, na política, dessa indisciplina; e assim foi que acordámos para um mundo ávido de novidades sociais, e com alegria ia à conquista de uma liberdade que nâo sabia o que era, de um progresso que nunca definira.

Mas o criticismo fruste dos nossos pais, se nos legou a impossibilidade de ser cristâos, nâo nos legou o contentamento com que a tivéssemos; se nos legou a descrença nas fórmulas morais estabelecidas, nâo nos legou a indiferença à moral e às regras de viver humanamente; se deixou incerto o problema político, nâo deixou indiferente o nosso espírito a como esse problema se resolvesse. Nossos pais destruíram contentemente, porque viviam em uma época que tinha ainda reflexos da solidez do passado. Era aquilo mesmo que eles destruíam que dava força à sociedade, para que pudessem destruir sem sentir o edifício rachar-se. Nós herdamos a destruiçâo e os seus resultados.

Na vida de hoje, o mundo só pertence aos estúpidos, aos insensíveis e aos agitados. O direito a viver e a triunfar conquista-se hoje quase pelos mesmos processos por que se conquista o internamento num manicómio: a incapacidade de pensar, a amoralidade, e a hiperexcitaçâo.”

Livro do desassossego, de Fernando Pessoa; Publicaçôes Europa-América, 2ª parte; pg. 90.

"Man in Abandoned Landscape", de Odd Nerdrum

“Man in Abandoned Landscape”, de Odd Nerdrum

POR DIOS HACIA LA USURA

Hay pocas cosas más clarificadoras que un historiador alienado: cuando un compatriota se pone a cantar las alabanzas y modernidades de los imperios herejes que dieron al traste con la Cristiandad ultramarina, pacientemente construida por el genio católico hispano, uno no puede dejar de recordar la feliz distinción de Gustavo Bueno entre imperios generadores e imperios depredadores.

A mí no deja de resultarme graciosa la reacción que me produce el texto que sigue, pues lo considero una de las mejores defensas que he leído de la América hispana, precisamente por contraposición a las supuestas virtudes de esa banda de mercachifles calvinistas llamada Holanda.

 

“En los años 1620 y siguientes, los holandeses iniciaban de ese modo una nueva etapa en la colonización europea del Nuevo Mundo. Ellos introdujeron en América su entonces modernísima variedad de astuto sentido comercial, expresado en tipos de organización mercantil que reúnen capital por acciones y convierten en autónoma la gerencia con respecto al capital en la marcha del negocio; que proporciona agilidad y facilidades al crédito comercial; que acelera enormemente la velocidad de circulación del dinero; que permite negociar bienes futuros antes de disponer de ellos, dando paso, es cierto, a la especulación, pero también a los seguros como rama financiera independiente y productiva. Los historiadores de la América del siglo XVII harían seguramente muy bien en prestar mayor atención de la que vienen dedicando a la historia de Holanda y subrayar su carácter innovador en lo que a América se refiere sobre todo en el aspecto económico. Junto al avanzado capitalismo comercial que los holandeses llevan al otro lado del Atlántico, las pautas colonizadoras de los pueblos ibéricos y su conducta económica nos parecen ya ineficientes, poco productivas y anticuadas. Las colonizaciones portuguesa y castellana del siglo XVI, con todo su ímpetu y modernidad, consistieron ante todo en poblar y en producir. Holanda, y otras naciones que no hacen más que aprender de ella y seguir sus pasos, harán de la colonización, ante todo, una labor de explotación económica, en la cual lo importante será generar comercio y regularlo eficazmente; el único territorio indispensable es el pequeño enclave comercial, en la tradición de las antiguas talasocracias; poblar y controlar tierras extensas sería esfuerzo inútil, digno de imperios continentales arcaicos; producir no es la tarea clave, sino comprar y vender a los que en Ultramar producen; empresas civilizatorias y empeños religiosos serán trabajos superfluos, por improductivos y costosos; fuera de la ética comercial que regula las relaciones entre mercaderes, cualquier cuestión o principio moral es irrelevante.”

América Hispánica (1492-1898), de Guillermo Céspedes del Castillo; Marcial Pons, 2009; pgs. 284-285.

"Grupo familiar ante un paisaje", de Frans Hals

“Grupo familiar ante un paisaje”, de Frans Hals

AUNQUE MÁS INVENCIONES HAGAN

“De esta manera pues se han de enderezar a Dios las fuerzas de la voluntad y el gozo della en las peticiones, no curando de estribar en las invenciones de ceremonias que no usa ni tiene aprobadas la Iglesia católica, dejando el modo y manera de decir la misa al sacerdote que allí la Iglesia tiene en su lugar, que él tiene orden de ella cómo lo ha de hacer, y no quieran ellos usar nuevos modos, como si supiesen más que el Espíritu Santo y su Iglesia; que, si por esa sencillez no los oyere Dios, crean que no los oirá aunque más invenciones hagan.”

Noche oscura de la Subida del Monte Carmelo, de San Juan de la Cruz; en sus Obras completas; BAC, 2009; pg. 479.

Su Eminencia el Cardenal Raymond Leo Burke, en el monasterio de Clear Creek

Su Eminencia el Cardenal Raymond Leo Burke, en el monasterio de Clear Creek

CAYO ES MORTAL

“El ejemplo de silogismo que había estudiado en la Lógica de Kizevértet: Cayo es hombre, los hombres son mortales, luego Cayo es mortal, le pareció toda su vida correcto con relación a Cayo, pero no con relación a sí mismo. Se trataba de Cayo como hombre en general, y eso resultaba totalmente justo; pero él no era Cayo ni hombre en general, sino que siempre fue un ser distinto por completo del resto: él había sido Vania con mamá y papá, con Mitia y Volodia, con los juguetes y el cochero, con las niñeras, y luego con Kátenka, con todos los entusiasmos, alegrías y dolores de la infancia, la adolescencia y la juventud. ¿Es que para Cayo existió aquel olor de la pelota de cuero que tanto agradaba a Vania? ¿Es que Cayo había besado así la mano de su madre y es que para él había crujido así la seda de los pliegues del vestido de su madre? ¿Es que había armado un motín en la Escuela de Jurisprudencia a causa de ciertos pasteles? ¿Es que Cayo había estado enamorado como él? ¿Es que Cayo pudo presidir una reunión como él lo hacía?

Cayo era mortal; en efecto, le correspondía morir; pero, en lo que a mí se refiere, a Vania, a Iván Ilich, con todos mis sentimientos e ideas, es algo distinto. No puede ser que deba morir. Esto sería demasiado horroroso. Tal era su estado de ánimo. Si tuviese que morir como Cayo, lo sabría, me lo diría una voz interior; pero no ha ocurrido nada de eso; todos mis amigos, lo mismo que yo, comprendíamos que lo de Cayo era algo completamente distinto. ¡Y ahora salimos con éstas! -se decía-. No puede ser, no puede ser, pero es. ¿Cómo es posible? ¿Cómo hay que entenderlo?”

La muerte de Iván Ilich, de Tolstoi; Salvat, 1969; pgs. 55-56.

"The Dentures", de Odd Nerdrum (1983)

“The Dentures”, de Odd Nerdrum (1983)

Calle del Orco

Blog de Literatura. Grandes encuentros

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apología de mí mismo

El Rancho de San Ysidro

Peripecias de un aprendiz de campesino

El perfil menos humano

“En aquella idea vaciaba, como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir; en aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y quizá menos humano de su carácter”

La saga de Dashiell

non mea voluntas

A Día de Hoy

Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester