HISPANIDAD

por El Responsable

Juliette y Paul tienen aproximadamente la misma edad: rondando los cinco años. Somos vecinos de corrala. Ambos han nacido en España, pero los padres de ella son dominicanos, y los de él, filipinos. Viven en la planta de arriba y, mientras me aburro con el derecho procesal, suelo escuchar sus conversaciones infantiles, camino del colegio o correteando por el pasillo junto a la baranda.

Hace unos días, nos encontramos con Juli y con su abuela en Cuatro Caminos; mientras yo ayudaba con las bolsas de la compra, Laura llevaba de la manita a la nena. Su piel oscura es el recuerdo de miles de negros arrancados de África para ser mano de obra esclava en la Española, isla a la que llegó Colón en 1492, hoy tierra dividida entre Haití y República Dominicana. Parte de las causas que hicieron posible nuestro paseo por Bravo Murillo también hay que buscarlas en la pobreza y violencia dominicanas actuales, que hicieron pensar a los abuelos de Juli en un futuro mejor para sus hijas al otro lado del océano, en España.

Tanto Juli como Paul comparten un montón de tías y abuelas, pues son el ojito derecho de buena parte de las señoras mayores de la corrala, españolas cristianas viejas, viudas o solteronas, que los han adoptado como familia propia. Y no es extraño ver a la “tía” Flor camino de San Antonio, de un brazo llevando a su anciana madre y con el otro agarrando la mano de Juli o de Paul, tratando de llegar puntuales a la misa de las siete y media.

Ninguna belleza de este mundo goza de limpieza de sangre; pero el que denosta la bondad presente por un inmisericorde y estrafalario deseo de pureza, tiene alma de inquisidor o de jacobino.

Su destino es encender hogueras o afilar guillotinas.

12 de octubre de 2011

manny-pacquiao

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