SOBRE SÍNODOS Y OTRAS ASTRACANADAS

por El Responsable

“-Y todavía soy tu esposa. Nada puede cambiar eso.
-Nada.

[…] -Los caballeros andantes -dijo- solían salir a buscar hazañas nobles. No creo que en toda mi vida haya realizado un solo acto que no fuera egoísta. Desde luego, no me he desvivido en busca de oportunidades. Ha llegado algo que no había previsto y me ha caído en las manos, algo como lo que tengo entendido que los americanos llaman más allá del deber. No es el comportamiento habitual de un oficial y un caballero, más bien algo de lo que se reirán en Bellamy’s.
‘Claro que Virginia es dura. Habría sobrevivido de un modo u otro. No la voy a cambiar haciendo esto, lo sé. Pero debes entender que hay otra… -iba a decir alma, pero se dio cuenta de que esta palabra significaría muy poco para Kerstie, pese a su granítica integridad- … hay otra vida que hay que tener en cuenta. ¿Qué tipo de vida crees que tendría su hijo, si naciera sin ser deseado en 1944?
-No es asunto tuyo.
-Se convirtió en asunto mío, cuando me salió al paso.
-Querido Guy, el mundo está lleno de niños no deseados. La mitad de la población europea está sin hogar, entre refugiados y prisioneros. ¿Qué significa un niño de más o de menos entre toda esta miseria?
-No puedo hacer nada por todos esos otros. Este es el único caso en que puedo ayudar. Y solo puedo yo, la verdad. Soy el último recurso de Virginia. De modo que no podía hacer otra cosa, ¿no lo ves?
-Pues claro que no lo veo. Ian tiene razón. Estás loco.
Y Kerstie se marchó más enfadada de lo que había llegado.
No valía de nada intentar explicarlo, pensó Guy. ¿No había dicho alguien que todas las discrepancias son discrepancias teológicas? Volvió de nuevo a la carta de su padre: Los juicios cuantitativos no valen aquí. Si se ha logrado salvar una sola alma, eso compensa del todo cualquier pérdida de ‘imagen’.

Rendición incondicional, de Evelyn Waugh; Cátedra, 2011;  pgs. 301, 305.

'Retrato de Sir Adrian Carton de Wiart', por Sir William Orpen (1919)

‘Retrato de Sir Adrian Carton de Wiart’, por Sir William Orpen (1919)