THE CORNER

por El Responsable

Salgo de la corrala, melting pot castizo en el que conviven, se insultan y amenazan con cuchillo, españoles, dominicanos y musulmanes.

En el primer cruce de calles me encuentro con cuatro jóvenes dominicanas que ocupan la carretera con sus faldas largas y sus manos armadas de biblias. Una de ellas sermonea al barrio con estilo protestante, mientras sus compañeras la acompañan con repentinos aleluyas, como el torero inspirado que arranca olés de las gradas.

En una de las esquinas, los jóvenes camellos dominicanos esperan por sus hombres, sentados taciturnamente en sus sillas plegables. Las divinas palabras de sus compatriotas sólo les motivan para vagabundear en el contenido de sus teléfonos móviles, contraponiendo al ardor de aquéllas la aburrida pachorra del comerciante sin cliente.

Me produce simpatía tanto la ciega entrega de ellas, inasequible al desaliento, como el silencioso ignorarlas de ellos. Del mismo lugar provienen, al mismo lugar han llegado, estas posturas impermeables. Hay algo eróticamente amable en esta profunda incomprensión entre los sexos; algo profundamente verdadero.

Y me hace gracia imaginar que, quizá en un futuro, cuando la juventud haya dejado sitio a ciertas experiencias de la vida, alguna de ellas acabe siendo la mujer de alguno de ellos. Creo que serían razonablemente felices.

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