El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

LA VIDA DEVORADA

“-Aldous Huxley era un optimista, como su hermano… -dijo con una especie de disgusto-. La mutación metafísica que originó el materialismo y la ciencia moderna tuvo dos grandes consecuencias: el racionalismo y el individualismo. El error de Huxley fue evaluar mal la relación de fuerzas entre ambas consecuencias. Más concretamente, su error fue subestimar el aumento del individualismo producido por la conciencia creciente de la muerte. Del individualismo surgen la libertad, el sentimiento del yo, la necesidad de distinguirse y superar a los demás. En una sociedad racional como la que describe Un mundo feliz, la lucha puede atenuarse. La competencia económica, metáfora del dominio del espacio, no tiene razón de ser en una sociedad rica, que controla los flujos económicos. La competencia sexual, metáfora del dominio del tiempo mediante la procreación, no tiene razón de ser en una sociedad en la que el sexo y la procreación están perfectamente separados; pero Huxley olvida tener en cuenta el individualismo. No supo comprender que el sexo, una vez disociado de la procreación, subsiste no ya como principio de placer, sino como principio de diferenciación narcisista; lo mismo ocurre con el deseo de riquezas. ¿Por qué el modelo socialdemócrata sueco no ha logrado nunca sustituir al modelo liberal? ¿Por qué nunca se ha aplicado al ámbito de la satisfacción sexual? Porque la mutación metafísica operada por la ciencia moderna conlleva la individuación, la vanidad, el odio y el deseo. En sí, el deseo, al contrario que el placer, es fuente de sufrimiento, odio e infelicidad. Esto lo sabían y enseñaban todos los filósofos: no sólo los budistas o los cristianos, sino todos los filósofos dignos de tal nombre. La solución de los utopistas, de Platón a Huxley pasando por Fourier, consiste en extinguir el deseo y el sufrimiento que provoca preconizando su inmediata satisfacción. En el extremo opuesto, la sociedad erótico-publicitaria en la que vivimos se empeña en organizar el deseo, en aumentar el deseo en proporciones inauditas, mientras mantiene la satisfacción en el ámbito de lo privado. Para que la sociedad funcione, para que continúe la competencia, el deseo tiene que crecer, extenderse y devorar la vida de los hombres.”

Las partículas elementales, de Michel Houellebecq; Anagrama, 1999; pgs. 161-162.

Fotograma de 'Shame', de Steve McQueen (2011)

Fotograma de ‘Shame’, de Steve McQueen (2011)

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THE CORNER

Salgo de la corrala, melting pot castizo en el que conviven, se insultan y amenazan con cuchillo, españoles, dominicanos y musulmanes.

En el primer cruce de calles me encuentro con cuatro jóvenes dominicanas que ocupan la carretera con sus faldas largas y sus manos armadas de biblias. Una de ellas sermonea al barrio con estilo protestante, mientras sus compañeras la acompañan con repentinos aleluyas, como el torero inspirado que arranca olés de las gradas.

En una de las esquinas, los jóvenes camellos dominicanos esperan por sus hombres, sentados taciturnamente en sus sillas plegables. Las divinas palabras de sus compatriotas sólo les motivan para vagabundear en el contenido de sus teléfonos móviles, contraponiendo al ardor de aquéllas la aburrida pachorra del comerciante sin cliente.

Me produce simpatía tanto la ciega entrega de ellas, inasequible al desaliento, como el silencioso ignorarlas de ellos. Del mismo lugar provienen, al mismo lugar han llegado, estas posturas impermeables. Hay algo eróticamente amable en esta profunda incomprensión entre los sexos; algo profundamente verdadero.

Y me hace gracia imaginar que, quizá en un futuro, cuando la juventud haya dejado sitio a ciertas experiencias de la vida, alguna de ellas acabe siendo la mujer de alguno de ellos. Creo que serían razonablemente felices.

The wire

CRUCES DE CAMINOS (II): SOBRE EL ORIGEN DEL SOSIEGO ACANTILADO Y LA VERDAD OBJETIVA TRAS LAS FIGURAS DEL COSMOS

“Ahora imagina un alto acantilado sobre el mar coronado de pasto para las ovejas; un estrecho sendero que sube más arriba, un faro, donde viven el padre de la futura Mrs. Robinson [sic] Primera. Las tardes son apacibles y cálidas. El mar, con un aire de solemne deliberación, con elaborada deliberación, va ceremoniosamente rompiendo en la playa. El aire se anega con el sonido supresor de los largos rugidos del oleaje. No hay tierra más allá de este acantilado, entre Europa y las Indias Occidentales. La joven Agatha (pero deberías darle cualquier otro nombre) va paseando por el acantilado. Se da cuenta de que los continuos embates del mar lo van socavando, así que la muralla caerá, y se producirán algunos corrimientos de tierra. El mar se ha cebado además con aquella zona en la que viven, cerca del faro. Meditando, ella se asoma al borde del acantilado mirando hacia el mar. Descubre un manojo de nubes en el horizonte que presagian una tormenta que romperá la calma. (Es de familia de marinos y siempre ha vivido en la costa, así que aprendió ese tipo de cosas.) Esa imagen alimenta de nuevo sus pensamientos.  De repente ella observa la larga sombra del acantilado sobre la playa, a treinta metros de donde está, y ahora advierte una sombra que se mueve dentro de la sombra. La divisa una de las ovejas que pastan en el lugar, ha llegado hasta el borde del acantilado y dirige una mirada inocente hacia el agua, allí, en un contraste extraño y bello, tenemos la inocencia de la tierra que contempla plácidamente la maldad del mar.”

De una carta escrita por Herman Melville a Nathaniel Hawthorne en 1852; en Melville, de Andrew Delbanco; Seix Barral; 2007; pg. 275.

'Combers', de Andrew Wyeth

‘Combers’, de Andrew Wyeth

Quod Vidimus

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The Wanderer

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En Compostela

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De libros, padres e hijos

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A Día de Hoy

Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester

Calle del Orco

Blog de Literatura. Grandes encuentros

Al Servicio de su Majestad

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plan zeta

apología de mí mismo

El Rancho de San Ysidro

Peripecias de un aprendiz de campesino