LA POLIORCÉTICA

por El Responsable

Una de las diversas cosas bellas que me han sucedido, en la primera parte de este viaje, ha sido conocer la palabra poliorcética.

Se trata del arte de atacar y defender las plazas fuertes: cómo conquistar castillos y cómo sobrevivir a un sitio por parte del enemigo.

Es una palabra muy interesante para alguien que se apellida Bastida.

Otro suceso de particular belleza ocurrió junto a un faro. Junto a un faro sin farero. Su antigua casa es un museo ahora. Pero alguien -qué regalos he recibido estos días en forma de personas- era amigo de la hija del farero y me contó una historia: que para celebrar el cumpleaños de su hija, tras la pertinente merienda con tarta y apagado de velas, el farero les dejaba encender el faro.

Y mi narrador, con súbitos ojos de niño, recuerda el emocionante estallido del rayo de luz atravesando la oscuridad oceánica.

He ahí, sin duda, una plaza fuerte que vale la pena defender: aquélla que proyecta, al borde del abismo, una luz que despierta en el otro la mirada entusiasta de un niño.

Por eso resulta tan importante el estudio concienzudo de la poliorcética.

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