STRANNIK

por El Responsable

“Un verano, en el mes de julio, nos apresurábamos a llegar al monasterio de la Virgen para una fiesta. Cuanto más nos acercábamos, más gentes se nos iban reuniendo, y nos encontramos por fin cerca de dos centenares, ansiosos todos por besar las santas y venerables reliquias de los dos grandes taumaturgos Anice y Gregorio. Pasamos la noche en un campo, y abrí los ojos muy de mañana, cuando todo el mundo dormía aún y ni siquiera el sol había salido todavía del bosque. Pues bien, hijo mío, levanté la cabeza, abracé con una mirada el horizonte y suspiré: ¡por todas partes una belleza inefable! Todo está tranquilo; el aire, ligero; la hierba brota, ¡brota, hierbecita del buen Dios!; el pajarito canta, ¡canta, pues, pajarito del buen Dios!; el niñito lloriquea sobre los brazos de su madre, ¡Dios te guarde, hombrecito, crece y sé dichoso! Y, quizá por primera vez en toda mi vida, encerré todo aquello en mí mismo… Me volví a acostar de nuevo, ¡y me dormí con un sueño tan ligero! ¡Se está bien aquí abajo, querido mío! Yo, si estuviese mejor, me pondría en camino desde que empieza la primavera. Tanto mejor que haya misterios. Es terrible para el corazón y es maravilloso, pero este miedo alegra el corazón: ¡Todo está en Ti, Señor, yo mismo estoy en Ti, recíbeme! No murmures, joven: lo más bello es ser misterio.”

El adolescente, de Fiodor Dostoyevski; Juventud, 2011; pgs. 406-407.

"Él no era esperado" (detalle), de Ilya Repin (1884-1888)

“Él no era esperado” (detalle), de Ilya Repin (1884-1888)