CONTRASTES Y CLAROSCUROS

por El Responsable

Sentados a la mesa nueva de la cocina, que tan agradable hace la tertulia tras el yantar, comento con mi [ex-] mujer cierta duda de estilo.

Me preocupa que el excesivo contraste emocional entre escenas desequilibre la lógica argumental de la narración, haciendo parecer incoherente el conjunto. Le digo si no sería mejor ir introduciendo ciertos signos de lo que va a ocurrir, justo antes de un cambio de tensión dramática, para escalonar las transiciones.

Ella me recuerda que nuestra opinión común es la contraria; pues es cierto que hemos hablado varias veces de este tema y siempre hemos concluido que uno de los grandes logros de la literatura barroca es precisamente ése: presentar contrastes de forma visceral, sin ningún tipo de complacencia con el lector o espectador. Y mi [ex-] mujer me recuerda la razón: es el mejor estilo de escritura porque la vida es realmente así.

La reunión más agradable se puede convertir en segundos en la mayor de las tragedias, por la llegada de una noticia inesperada. Y la más terrible soledad puede desvanecerse ante el súbito reencuentro con un amor dado por muerto hace mucho.

Ese delirante vaivén de la fortuna y del existir, formidablemente representado, por ejemplo, en La vida es sueño. O el típico personaje gracioso -que Shakespeare llevó a la perfección narrativa- apareciendo en medio, o justo antes o justo después, de raptos, violaciones o asesinatos.

Sí, así hay que escribir. En salvajes claroscuros.

cristo velázquez

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