El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

CONTRASTES Y CLAROSCUROS

Sentados a la mesa nueva de la cocina, que tan agradable hace la tertulia tras el yantar, comento con mi [ex-] mujer cierta duda de estilo.

Me preocupa que el excesivo contraste emocional entre escenas desequilibre la lógica argumental de la narración, haciendo parecer incoherente el conjunto. Le digo si no sería mejor ir introduciendo ciertos signos de lo que va a ocurrir, justo antes de un cambio de tensión dramática, para escalonar las transiciones.

Ella me recuerda que nuestra opinión común es la contraria; pues es cierto que hemos hablado varias veces de este tema y siempre hemos concluido que uno de los grandes logros de la literatura barroca es precisamente ése: presentar contrastes de forma visceral, sin ningún tipo de complacencia con el lector o espectador. Y mi [ex-] mujer me recuerda la razón: es el mejor estilo de escritura porque la vida es realmente así.

La reunión más agradable se puede convertir en segundos en la mayor de las tragedias, por la llegada de una noticia inesperada. Y la más terrible soledad puede desvanecerse ante el súbito reencuentro con un amor dado por muerto hace mucho.

Ese delirante vaivén de la fortuna y del existir, formidablemente representado, por ejemplo, en La vida es sueño. O el típico personaje gracioso -que Shakespeare llevó a la perfección narrativa- apareciendo en medio, o justo antes o justo después, de raptos, violaciones o asesinatos.

Sí, así hay que escribir. En salvajes claroscuros.

cristo velázquez

NIETZSCHE SOBRE CERVANTES

“Cervantes habría podido combatir la Inquisición, mas prefirió poner en ridículo a las víctimas de aquélla, es decir, a los herejes e idealistas de toda especie. Tras una vida llena de desventuras y contrariedades, todavía encontró gusto en lanzar un capital ataque literario contra una falsa dirección del gusto de los lectores españoles; combatió las novelas de caballería. Sin advertirlo, ese ataque se convirtió en sus manos en una ironización general de todas las aspiraciones superiores: hizo reír a España entera, incluidos todos los necios, y les hizo imaginar que ellos mismos eran sabios: es una realidad que ningún libro ha hecho reír tanto como el Don Quijote. Con semejante éxito, Cervantes forma parte de la decadencia de la cultura española, es una desgracia nacional. Yo opino que Cervantes despreciaba a los hombres, sin excluirse a sí mismo: ¿o es que no hace otra cosa que divertirse cuando cuenta cómo se gastan bromas al enfermo en la corte del duque? Realmente, ¿no se habría reído incluso del hereje puesto sobre la hoguera? Más aún, ni siquiera le ahorra a su héroe aquel terrible cobrar conciencia de su estado al final de su vida: si no es crueldad, es frialdad, es dureza de corazón lo que le hizo escribir semejante escena final, es desprecio de los lectores, cuyas risas, como él sabía, no quedarían perturbadas por esta conclusión.”

“-¡Ay! -respondió Sancho llorando-. No se muera vuestra merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más, sin que nadie le mate ni otras manos le acaben que las de la melancolía. Mire no sea perezoso, sino levántese de esa cama, y vámonos al campo vestidos de pastores, como tenemos concertado: quizá tras de alguna mata hallaremos a la señora doña Dulcinea desencantada, que no haya más que ver. Si es que se muere de pesar de verse vencido, écheme a mí la culpa, diciendo que por haber yo cinchado mal a Rocinante le derribaron; cuanto más que vuestra merced habrá visto en sus libros de caballerías ser cosa ordinaria derribarse unos caballeros a otros y el que es vencido hoy ser vencedor mañana.

[…] Cerró con esto el testamento y, tomándole un desmayo, se tendió de largo a largo en la cama. Alborotáronse todos y acudieron a su remedio, y en tres días que vivió después de este donde hizo el testamento se desmayaba muy a menudo. Andaba la casa alborotada, pero, con todo, comía la sobrina, brindaba el ama y se regocijaba Sancho Panza, que esto del heredar algo borra o templa en el heredero la memoria de la pena que es razón que deje el muerto.”

Fragmento inédito de Friedrich Nietzsche, de la primavera-verano de 1877; citado por Andrés Sánchez Pascual en su edición de La genealogía de la moral, Alianza, 1997, pgs. 212-213; Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes; RAE, 2004; pgs. 1102-1103, 1104.

muerte-quijote

INTRODUCCIÓN A LA FILOSOFÍA DE LA ACCIÓN

“En todo este tiempo en el que me he detenido a hacer disquisiciones sobre la acción, he experimentado la constante sensación de que hay algo en todo esto insuficiente. En efecto, lo que sucede es que la acción no puede expresarse con palabras. La acción, como tal, jamás podrá reflejarse con algún discurso. Cuando se intenta exteriorizarla con palabras la acción se diluye como el humo, sin dejar rastro, y cualquier intento de construir un discurso lógico sobre ella parece absurdo y ridículo a los ojos de un hombre de acción.”

Introducción a la filosofía de la acción, de Yukio Mishima; incluído en las Lecciones espirituales para los jóvenes samuráis, La Esfera de los Libros, 2001; pgs. 228.

Mishima

Quod Vidimus

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The Wanderer

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En Compostela

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De libros, padres e hijos

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A Día de Hoy

Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester

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