CAPÍTULO DE UN LIBRO NO ESCRITO (XVI)

por El Responsable

El sol resplandece en su piel húmeda. La brisa inventa olas en la hierba alta y atempera los calores de su entrega. Medio abiertas las bocas para buscar el oxígeno necesario, para insistir en el amor eterno prometido. Siente sus manos y brazos por todas partes, alrededor de ella, protegiéndola de todo el mal del mundo. Deja que aquella alma masculina se haga más grande dentro de ella, que la rodee como fortaleza de piel y huesos. Ve los frutos en los árboles, listos ya para abandonar las ramas. Las nubes del horizonte prometen devolver a la tierra el agua tomada de mil rocíos, ríos y mares. Desea retorcerse y romperse hasta convertirse en hueco perfecto.
Y entonces él se desborda y la inunda de amor denso, hirviendo con anhelo de vida.

Anabel abre los ojos. Nota la presión del esperma en el látex. Con precaución, se aparta del otro cuerpo y abandona la cama revuelta.

Se mueve sin dificultad en las tinieblas de su cuarto -prefiere trabajar a oscuras- y se acerca hasta el baño, para lavarse.

Toño apoya la espalda en el respaldo de la cama, mientras recupera el resuello. Busca el tabaco en la mesilla y se enciende un cigarro. Ve la silueta de luz en la puerta del baño y escucha serenamente el ruido del agua en la ducha. Anabel no tarda en salir, con un albornoz y el cabello envuelto en una toalla. Coge una pequeña bolsa de plástico y se acerca a la cama; la abre delante de Toño y éste deposita en la misma el condón usado. Anabel cierra la bolsita y la tira a la basura.

-¿En qué pensabas? -pregunta Toño.

-¿Por?

-Porque parecías disfrutar.

Anabel se sienta a su lado y coge su cigarro para darle un par de caladas.

-Quédatelo; ya me enciendo otro.

-Gracias -Anabel le mira-. Quizá disfrutaba por ti.

Toño sonríe y desecha la posibilidad con un gesto.

-Me he dejado llevar por la imaginación, supongo… -confirma Anabel.

Toño vuelve a sonreír, mientras apaga el cigarro recién encendido.

-Me toca -dice, dirigiéndose al baño.

Anabel termina tranquilamente el cigarro, con la mirada perdida en las sombras de la habitación. Se levanta y comienza a vestirse. Toño sale desnudo del baño, secándose la cabeza.

-¿Qué tal tu mujer? -pregunta Anabel, mientras se pone el sujetador.

-Como siempre.

-¿No mejora?

-No tiene pinta, la verdad -Toño también empieza a vestirse-. Cada vez se me hace más difícil visitarla.

Anabel se deja el pantalón a medio subir y le mira esperando la continuación. Toño suspira.

-En cuanto me ve, se echa a llorar… Ni siquiera sé si le viene bien que la visite.

-¿Qué dicen los médicos?

-Le quitan importancia, dicen que hay que pasar por ello, pero no sé… -Toño baja la cabeza- No veo avances.

Anabel le acaricia la nuca con cariño y termina de subirse el pantalón. Toño busca algo en su chaqueta; saca la cartera, la abre, y deja unos billetes en la mesilla.

-¿Qué es eso? -pregunta Anabel.

-¿Por?

-Que yo sepa, no ha subido la tarifa.

-Es una propina -se miran con seriedad-. A mí también me dejan propinas, Anabel.

Ella sube las persianas y entreabre una ventana. Toño sigue mirándola.

-Anabel, sabes que me gustaría ayudarte; podrías echar una mano en el bar y así no te sería tan necesario… esto.

-Toño, si apenas tienes para pagar tus facturas… -Anabel se pone el abrigo y recoge el bolso- Ni siquiera sé cómo haces para ir de putas.

Toño baja la cabeza. Anabel se acerca y le acaricia la mejilla.

-Eres un hombre bueno, Toño -se miran fijamente y Anabel esboza una pequeña sonrisa-. Vamos, Ricardo está a punto de salir del cole.

Magdalena

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