El sosiego acantilado

non mea voluntas

Mes: agosto, 2014

KIKO VS. FRAMPTON II

A una semana para el segundo combate entre Kiko Martínez, campeón del mundo del peso supergallo de la Federación Internacional de Boxeo, y Carl Frampton, el fantástico boxeador norirlandés (que se celebrará en Belfast ante 16.000 espectadores), me apetece mostrar uno de los mejores momentos del guerrero español; cuando derrotó a Bernard Dunne en Dublín, en el primer asalto, ante miles de aficionados irlandeses.

Desde hace no demasiado tiempo, el boxeo se está convirtiendo en mi deporte favorito. En este vídeo, no sólo me impresiona la actuación de Kiko, sino también la ejemplar reacción de público y noqueado: ante una derrota que roza la humillación, Dunne no busca excusas, dice que su rival lo ha hecho muy bien y pide perdón a la grada por no haber estado a la altura; y la grada, sin dudarlo, responde con gritos de apoyo.

A ver si consigo ver el combate en directo, porque en este país no es nada fácil seguir, ya no el boxeo en general, sino a nuestros campeones mundiales en particular. En cualquier caso, mucho ánimo al gran Kiko Martínez. Grande, pase lo que pase.

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THE HORROR

“I’ve seen horrors,
horrors that you’ve seen.
But you have no right to call me a murderer.
You have a right to kill me.
You have a right to do that.
But you have no right to judge me.

It’s impossible for words
to describe
what is necessary,
to those
who do not know
what horror means.

Horror.

Horror has a face.
And you must make a friend of horror.
Horror and moral terror
are your friends.
If they are not
then they are enemies to be feared.
They are truly enemies.

I remember when I was with Special Forces
-seems a thousand centuries ago-.
We went into a camp to inoculate
some children.
We’d left the camp
After we had inoculated the children for polio.
And this old man came running after us,
and he was crying.
He couldn’t say.
We went back there;
and they had come and hacked off
every inoculated arm.

There they were, in a pile…
a pile of
little arms.

And I remember…
I… I… I cried…
I wept like…
some grandmother.
I wanted to tear my teeth out.
I didn’t know what I wanted to do.
And I want to remember it.
I never want to forget it.
I never want to forget.
And then I realized
like I was shot
like I was shot with a diamond…
a diamond bullet right through my forehead.
And I thought:
‘My God, the genius of that.
The genius.
The will to do that.
Perfect,
genuine,
complete,
crystalline,
pure.’
And then I realized
they were stronger than me because they could stand it.
These were not monsters.
These were men,
trained cadres.
These men who fought with their hearts,
who have families,
who have children,
who are filled with love
that they have the strength…
the strength
to do that.

If I had ten divisions of those men
then our troubles here would be over very quickly.

You have to have men
who are moral
and at the same time
who are able to
utilize their
primordial instincts to kill
without feeling,
without passion…

without judgment… without judgment…

Because it’s judgment that defeats us.”

Monólogo final de Kurtz en ‘Apocalypse Now’; guión escrito por John Milius y Francis Ford Coppola

foley

EL GRITO DE LAS IDEAS

“Sus ojos no podían apartarse de algo situado más allá de las lustrosas hojas de la camelia, donde, a través de una claraboya, ardían luces eléctricas en pleno día. Pensaba en las gruesas cuerdas que tomaban impulso en el aire para caer sobre la carne y volver a levantarse para recaer con renovada fuerza.

Isao miró nuevamente a los ojos del inspector y éste contestó a la pregunta muda de los suyos.

-Sí. Es un rojo. Los recalcitrantes se echan encima ese trato.

Era obvio que la policía trataba de hacerle comprender que, al revés de lo que les sucedía a aquellos individuos, le trataban a él con la mayor deferencia; que la amable ley derramaba toda su beneficiencia sobre su cabeza. Sin embargo, la táctica operó resultados contrarios a los esperados. En aquel momento, lo que sintió Isao fue como un ahogo de ira y de humillación. ¿En qué consisten mis ideas?, se preguntaba presa de la cólera. Si las ideas reales y verdaderas sustentadas por otros han de ser motivo de latigazos, ¿será que las mías son irreales? Se sentía encarado a la frustración, puesto que, a pesar de la enormidad que en sí suponía la puesta en práctica de lo que había proyectado, la reacción era tibia e inadecuada. Si ellos comprendieran la riqueza de terribles deseos puros que en su pecho latía, pensaba, necesariamente tendrían que odiarle. Pero por otra parte, si persistían en su falta de comprensión, sus ideas nunca recibirían el homenaje de la tortura; nunca se honrarían con el sudoroso desgarramiento de su carnes. De modo que sus ideas nunca gritarían como las de esos otros hombres.

Isao miró furioso a su interlocutor y gritó:

-¡Torturadme! ¡Torturadme ahora mismo! ¿Por qué no hacéis conmigo lo que con los demás? ¿Puede usted decirme por qué?

-Vamos, tranquilízate y no seas tonto. Es muy simple. Tú no nos acarreas problemas.”

Caballos desbocados, de Yukio Mishima; Alianza, 2007; pgs. 490-491.

Mishima Sebastian

EL VERDADERO TALENTO

“El talento del escritor es indispensable para causar impresión. Se puede conocer el hecho, haberlo presenciado personalmente centenares de veces y, sin embargo, no haber recibido la misma impresión que otra persona mostrará ante el mismo hecho, pero que, a su modo, lo explicará con sus palabras, y le obligará a mirarlo con sus propios ojos. Por este influjo se reconoce el verdadero talento.”

Diario de un escritor, de Fiódor Dostoievski; Páginas de Espuma, 2010; pg. 139.

'El gran roble', de Andrew Wyeth

‘El gran roble’, de Andrew Wyeth

LA CASA SACUDIDA

“La crítica literaria debería surgir de una deuda de amor. De un modo evidente y sin embargo misterioso, el poema, el drama o la novela se apoderan de nuestra imaginación. Al terminar de leer una obra no somos los mismos que cuando la empezamos. Recurriendo a una imagen de otro campo artístico, diremos que quien ha captado verdaderamente un cuadro de Cézanne verá luego una manzana o una silla como si nunca las hubiera visto antes. Las grandes obras de arte nos atraviesan como grandes ráfagas que abren las puertas de la percepción y arremeten contra la arquitectura de nuestras creencias con sus poderes transformadores. Tratamos de registrar sus embates y de adaptar la casa sacudida al nuevo orden. Cierto instinto primario de comunión nos impele a transmitir a otros la calidad y la fuerza de nuestra experiencia, y desearíamos convencerlos de que se abrieran a ella. En este intento de persuasión se originan las más auténticas penetraciones que la crítica puede proporcionar.”

Tolstói o Dostoievski, de George Steiner; Siruela, 2002; pg. 13.

'Casa con ropa tendida', de Egon Schiele (1917)

‘Casa con ropa tendida’, de Egon Schiele (1917)

STRANNIK

“Un verano, en el mes de julio, nos apresurábamos a llegar al monasterio de la Virgen para una fiesta. Cuanto más nos acercábamos, más gentes se nos iban reuniendo, y nos encontramos por fin cerca de dos centenares, ansiosos todos por besar las santas y venerables reliquias de los dos grandes taumaturgos Anice y Gregorio. Pasamos la noche en un campo, y abrí los ojos muy de mañana, cuando todo el mundo dormía aún y ni siquiera el sol había salido todavía del bosque. Pues bien, hijo mío, levanté la cabeza, abracé con una mirada el horizonte y suspiré: ¡por todas partes una belleza inefable! Todo está tranquilo; el aire, ligero; la hierba brota, ¡brota, hierbecita del buen Dios!; el pajarito canta, ¡canta, pues, pajarito del buen Dios!; el niñito lloriquea sobre los brazos de su madre, ¡Dios te guarde, hombrecito, crece y sé dichoso! Y, quizá por primera vez en toda mi vida, encerré todo aquello en mí mismo… Me volví a acostar de nuevo, ¡y me dormí con un sueño tan ligero! ¡Se está bien aquí abajo, querido mío! Yo, si estuviese mejor, me pondría en camino desde que empieza la primavera. Tanto mejor que haya misterios. Es terrible para el corazón y es maravilloso, pero este miedo alegra el corazón: ¡Todo está en Ti, Señor, yo mismo estoy en Ti, recíbeme! No murmures, joven: lo más bello es ser misterio.”

El adolescente, de Fiodor Dostoyevski; Juventud, 2011; pgs. 406-407.

"Él no era esperado" (detalle), de Ilya Repin (1884-1888)

“Él no era esperado” (detalle), de Ilya Repin (1884-1888)

CAPÍTULO DE UN LIBRO NO ESCRITO (X)

El concejal Robles salió a la puerta del ayuntamiento y le echó una ojeada al día: bastante luminoso, apenas manchado el cielo por unas cuantas nubes dispuestas al azar. Se rascó la barba de la mejilla derecha, saludó a un par de vecinos que pasaban por allí y se encendió un cigarrillo con parsimonia. Empezó a pasear por el pueblo, sin preocuparse demasiado por ir a ningún sitio en particular. Necesitaba pensar. Cosas importantes estaban ocurriendo y quería meditarlas reposadamente.

Pasó por delante de un local vacío. Lucía un cartel de SE VENDE en el escaparate. Se acercó. El polvo y la suciedad se acumulaban por todas partes. Un par de mesas vacías, absurdas en su inutilidad, permanecían dentro. Robles recordó que aquello había sido una pastelería. El negocio no pudo soportar la crisis posterior al cierre de los astilleros. El concejal hizo memoria de los dueños, un matrimonio joven con un par de niños. Se habían ido del pueblo, como tantos otros.

La comarca se moría, era evidente. En otros tiempos, cuando los astilleros funcionaban a plena capacidad, aquél había sido un buen sitio para vivir. El dinero se distribuía, lenta pero inexorablemente, desde cada uno de los ricos propietarios industriales, hasta el último de los habitantes de la comunidad. Pero aquello había terminado. Robles había tomado parte activa en la lucha para evitar que terminase. Pero habían perdido. Ahora su misión era devolver a la vida aquel trozo de mundo que tanto amaba.

Sin darse cuenta, se había quedado parado en medio de la calle. El sonido de un coche que se acercaba le despertó de sus reflexiones. Descubrió que del cigarrillo sólo quedaba la colilla. La tiró al suelo. Al tratar de orientarse, se encontró de pie frente a una carnicería. Hizo una mueca de disgusto, al recordar que tenía algo que hacer allí. Se rascó un momento la barba con la mirada perdida. Finalmente, entró.

En contraste con el local que había visto antes, aquel negocio parecía ir viento en popa. Todo daba la sensación de limpieza y orden . El género, muy diverso, tenía un aspecto magnífico. En un expositor lateral, incluso, se podían elegir algunos productos de tipo gourmet. El propio Robles, en no pocas ocasiones, se había llevado varios patés y aceites de oliva con denominación de origen. Les echó un vistazo fugaz y enseguida saludó a la dependienta. Era una mujer joven, de unos veinticinco años; guapa, media melena de pelo rubio casi blanco; los pómulos marcados, como suele ocurrir en los rostros eslavos.

-¿Usted es la nueva dependienta, entonces? -preguntó Robles, con una sonrisa.

-Así, es -dijo la mujer, devolviéndole la sonrisa.

-Me llamo Joaquín Robles -se presentó, estirando la mano por encima del expositor de cristal-. Soy concejal en el ayuntamiento. ¿Cómo se llama usted?

-Sonia -respondió la mujer, tardando en reaccionar.

-Encantado, Sonia -Robles mantenía la sonrisa- ¿Rusia…?

-Ucrania -corrigió ella.

-Muy bien, Sonia. ¿Le gusta el pueblo?

La mujer se relajó un poco, pero no demasiado.

-Pues sí. Estoy contenta -confirmó.

-Me alegro mucho, Sonia; espero que esté entre nosotros todo el tiempo que desee. Necesitamos sangre nueva en el pueblo -dijo Robles, sonriendo; la mujer pareció relajarse definitivamente; el concejal volvió a estirar la mano y dejó una tarjeta de presentación encima del expositor-. Si tiene algún problema, no dude en avisarme -esto lo dijo muy serio, mirando fijamente a Sonia, que asintió, otra vez tensa-. No lo dude.

Una figura observaba la escena, detrás de otro expositor de cristal. Sonia se guardó la tarjeta, mientras miraba de reojo. Robles se encaró hacia la nueva presencia, sonriendo otra vez.

-Buenos días, Daniel -saludó el concejal-. Aquí estaba, conociendo a tu nueva asalariada -las sílabas de esta última palabra fueron pronunciadas con particular detalle y cuidado.

Daniel saludó con un gesto seco. Era calvo y bastante más gordo que Robles. Empezó a afilar cuchillos, mientras Robles se acercaba. El concejal se quedó mirando las carnes expuestas y empezó a encenderse un cigarrillo. El gordo dejó de hacer ruido con el cuchillo y se quedó mirando con resignada seriedad la llama que salía del mechero de Robles. Sonia, desde la otra punta, observaba la escena con los ojos muy abiertos.

-Robles, ¿te importaría no hacer eso? -preguntó el gordo, sin atreverse a mostrar enfado.

-Si te molesta, podemos ir a otro sitio -dijo Robles, encaminándose hacia la trastienda.

Daniel le siguió con desgana, mientras echaba una mirada de reojo a Sonia. La mujer salió de su pasmo para ir a abrir la puerta y ventilar la carnicería.

Llegaron hasta la puerta del almacén frigorífico. Robles echó el humo hacia el techo.

-He estado investigando en la seguridad social -soltó el concejal a bocajarro- y no he encontrado a ninguna ciudadana ucraniana llamada Sonia que haya sido dada de alta en las últimas semanas -Robles se acercó un poco más a Daniel, el cual se sentía evidentemente molesto por el humo del cigarrillo, que se le metía en la nariz- ¿Cómo puede ser posible tal cosa, carnicero?

Daniel miró hacia un lado sin contestar.

-Quizá me esté pudiendo el estrés de la política y empiezo a ver cosas; pero yo juraría que hay ahí una mujer rubia que está trabajando para ti. ¿O es tu amante, acaso, carnicero? Puede que la bigamia ya sea legal en este país…

-Déjate de rollos, Robles… -soltó Daniel, molesto.

Robles tiró el cigarrillo al suelo, con enfado.

-No, carnicero, déjate tú de rollos; antes de que acabe el día, quiero a esa chica con su situación regularizada -Robles clavó la mirada en Daniel-. Mañana volveré a echar un vistazo en la seguridad social; y si esa chica no está dada de alta, tendré que hacer un par de llamadas a mis camaradas del sindicato y hablar un rato con los servicios jurídicos del ayuntamiento. Porque, ¿sabes qué? Me parece que en este local no se cuida adecuadamente la higiene. ¡Mira! -Robles señaló la colilla que acababa de tirar al suelo; se agachó para recogerla y la acercó mucho a la cara de Daniel- Esto puede suponer una multa de importante cuantía, carnicero.

-Robles, no me jodas… -empezó a quejarse lastimeramente el gordo- ¿No es suficiente con que le haya dado un puesto de trabajo? La cosa está jodida, Robles…

-Pues si la cosa está jodida, deja de construirte una piscina -le cortó Robles, con una mueca irónica-. O vende alguno de tus tres coches. Haz lo que te dé la gana, carnicero; menos joder a los demás.

Daniel bajó la mirada, mientras se llevaba una regordeta mano a los labios, para taparlos. Robles se dirigió hacia la salida de la trastienda. Al llegar a la puerta, se paró y volvió a dirigirse a Daniel.

-Por supuesto, carnicero -Daniel se dio la vuelta hacia él con lentitud-; si esa chica pierde su puesto de trabajo por causas no reflejadas, ya no en la ley, sino en mi sentido común, ya sabes quién estará encima de tu chepa, como mínimo, hasta las próximas elecciones, ¿verdad?

Daniel no hizo ningún gesto. Simplemente miró a Robles de reojo, justo cuando éste ya regresaba a la parte principal de la carnicería. Se acercó a Sonia, que le miraba sin saber qué cara poner.

-Encantado de conocerla, señorita -dijo, dándole la mano-; ya sabe dónde estoy, para lo que fuere menester.

Robles salió a la calle, se encendió un cigarrillo y volvió andando tranquilamente al ayuntamiento, absorto en las jornadas que estaban por venir.

Retrato realizado por Andrew Drozdov (1970)

Retrato realizado por Andrew Drozdov (1970)

MÁS ALLÁ DEL REFLEJO

“El realismo que no ve más allá de la punta de su nariz es más peligroso que la más alocada de las fantasías, porque es ciego.”

El adolescente, de Fiodor Dostoyevski; Juventud, 2011; pg. 160.

"Los rayos dorados", de Herbert James Draper

“Los rayos dorados”, de Herbert James Draper

IT’S A DIRTY STORY OF A DIRTY MAN

¿Es Dostoyevski el escritor más grande que ha dado la historia de la literatura?

No sé si hay respuesta a esta pregunta; pero sí sé que es una pregunta legítima. Por mi parte, no tomo en serio a nadie que me hable de literatura si no ha leído, al menos, El idiotaLos hermanos Karamazov.

He tenido la dicha de encontrar una edición de El adolescente en la biblioteca pública a la que suelo ir. Novela de madurez, escrita justo antes de los Karamazov. Llevo meses pensando en volver a leer a Dostoyevski, pero sólo encontraba en las librerías ediciones de novelas anteriores a El idiota. No me sentía interesado.

Pero he empezado El adolescente; y, tras un inicio titubeante, ya me veo subido otra vez en la montaña rusa de Dostoyevski: esos diálogos acantilados en los que toda banalidad parece prohibida, que obligan al lector a una entrega total, a dejarse llevar a una velocidad salvaje a través de una infinidad de sentimientos e ideas, contradictorios y agónicos.

La respiración se acelera, el pulso se dispara, tratando de seguir el ritmo al que cabalgan los personajes -almas siempre al borde del abismo, tan ajenas a la mediocridad triunfante-.

Uno desea que la vida sea siempre como leer a Dostoyevski. Sin duda, sería agotador, e incluso desquiciante; pero valdría la pena.

Vivir y escribir con la pasión y la honestidad con las que él vivía y escribía. He ahí un auténtico proyecto de aventura.

Quizá he hecho mal en ponerme a escribir: quedan dentro de mí infinitamente más cosas que lo que se trasluce en las palabras. El pensamiento de uno, por mezquino que sea, en tanto que está en uno, es siempre más profundo; una vez expresado, es siempre más ridículo y más desleal. Versilov me ha dicho que lo contrario no sucede más que en la gente malvada. Éstos no hacen más que mentir, eso les resulta fácil; en cuanto a mí, me esfuerzo en escribir toda la verdad: ¡es terriblemente difícil!

El adolescente, de Fiodor Dostoyevski; Juventud, 2011; pg. 48.

'Padre Sebastiano Albera', de John Singer Sargent (alrededor de 1904-6)

‘Padre Sebastiano Albera’, de John Singer Sargent (alrededor de 1904-6)

NO CANTARÁ EL SUELO

“Cuando pasó un cierto tiempo,

el lúpulo desde su árbol,

la cebada desde la tierra,

y el agua desde sus regatos,

al mismo tiempo exclamaron:

¿Cuándo podremos estar juntos,

en compañía unos con otros?

Muy aburrido es vivir solos,

dos o tres es más agradable.

[…]

Väinämöinen bebió un buen trago

de cerveza y luego dijo:

Oh cerveza, adorado líquido:

no apagues en vano la sed,

impulsa a cantar a los hombres,

haz que se abran sus bocas de oro.

Sorprendidos los invitados

están y deben de pensar

si los cantos ya se acabaron,

enmudecieron para siempre.

¿Acaso es mala la cerveza?,

¿se trata de un brebaje indigno,

puesto que callan los cantores,

no se oyen hermosos cantos,

guardan silencio nuestros huéspedes,

mudos están nuestros cuclillos?

¿Quién, pues, empezará a cantar,

quién estrofas recitará

en el banquete de Pohjola,

en el festín de Sariola?

Los bancos solos no lo harán

si no lo hacen los que en ellos

se sientan; no cantará el suelo

si no cantan los que lo pisan;

las ventanas no reirán

si no ríen los que están cerca;

la mesa no dirá palabra

si no hablan los comensales;

reflejarán los tragahumos

el desaliento de los huéspedes.

“El Kalevala”, de Elias Lönnrot; Alianza, 1998; pgs. 281, 298-299.

Cardinal-Ratzinger-with-beer

Calle del Orco

Blog de Literatura. Grandes encuentros

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apología de mí mismo

El Rancho de San Ysidro

Peripecias de un aprendiz de campesino

El perfil menos humano

“En aquella idea vaciaba, como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir; en aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y quizá menos humano de su carácter”

La saga de Dashiell

non mea voluntas

A Día de Hoy

Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester