NAZARENOS

por El Responsable

Desde hace unos meses, he dejado de prestar atención al mundo como solía hacerlo. Siempre me ha gustado estar al tanto de lo que ocurre; y, aunque llevo casi diez años viviendo sin televisión, siempre he seguido con atención diversos informativos radiofónicos y he sido ávido lector de prensa nacional e internacional.

Hasta hace unos meses.

No tengo muy clara la razón, pero el mundo dejó de interesarme. Mi campo de preocupación se redujo de forma drástica e involuntaria, básicamente  a mi gente más cercana.

Aún así, como vivo permanentemente conectado al Facebook, me resulta fácil enterarme de las noticias de mayor impacto. Y eso ha ocurrido con la persecución que están sufriendo los cristianos de Oriente Medio, a manos del recién nacido Estado Islámico que domina buena parte de los territorios de Siria e Irak. Viendo el progresivo brotar en la red de ese símbolo árabe, con el que los súbditos del nuevo autoproclamado califato marcan las casas de los cristianos que viven en las zonas que controlan, he decidido ponerme al día para saber exactamente qué está pasando.

Y me he puesto al día. Leo las últimas noticias sobre el ataque a sangre y fuego de los súbditos del neocalifato a una base militar siria en Raqqa. Por ahora, parecen imparables en sus continuos avances.

Y pienso en esos musulmanes que llegan a la zona para incorporarse a las tropas del Estado Islámico. Imagino su arriesgada peregrinación, atravesando fronteras, a ratos en coche, a ratos andando; otras veces, quizá, montados en caballos o camellos; pasando todo tipo de penalidades para alcanzar su objetivo de incorporarse al ejército califal y luchar hasta la muerte por su dios. Sacrificio que será  recompensado con un paraíso de placeres eternos.

Mientras tanto, aquí, la noticia del día son los paraísos fiscales de un importante nacionalista catalán. Lo cual obliga a recordar la crucial cuestión, para el destino de la humanidad, de la maltratada identidad catalana. Y vuelvo a sentir ese inconmensurable aburrimiento existencial que, probablemente, me había hecho alejarme de cualquier medio periodístico.

Comparo caracteres. Y al momento entiendo lo absurdo de tal comparación. Nosotros, incluso en medio de una crisis económica tremebunda, vivimos espiritualmente en una serie de dibujos animados. Pero en los campos de batalla de Oriente Medio nacen cada día miles de Hombres. Nacen de las muertes que ven y de las que provocan, del sufrimiento que soportan y del que cometen, de las cicatrices con las que decoran sus cuerpos, infinitamente más reales que los ridículos cuerpos tatuados de millones de occidentales. En esos fuegos se forjan guerreros eternos.

Y soy consciente de lo obvio: si alguna vez, en justo pago a nuestros múltiples pecados, llegasen hasta nuestras fronteras, se toparían con la misma oposición que encontraron hace 13 siglos.

Ninguna.

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