MARX, EL CARLISMO Y ANDREU NIN

por El Responsable

Las academias históricas suelen producir manuales, en los que se suelen apoyar las academias filosóficas para trazar esquemas generales y explicaciones ordenadas. En éstos, se estructuran ideas, sentimientos, teorías, ideologías y grupos políticos homogéneos.
Mi experiencia, en general, es que estos alardes taxonómicos suelen oscurecer más que iluminar.
En el pulular de texto a texto, guiado sólo por la lógica humilde de los matices y los detalles, personalidades oficialmente muy alejadas encuentran espacios de opinión común; praxis enemigas en los campos de batalla, ofrecen curiosos espectáculos de identidad teórica.
Las malas soluciones desvelan hombres buenos y los bandos vencedores escupen demonios ocultos.

Leo en las páginas 41 y 42 de la “Historia General del Carlismo”, de Josep Carles Clemente (1992):

“El Carlismo no es un puro movimiento dinástico y regresivo como se empeñaron en decir y mentir los bien pagados historiadores liberales. Es un movimiento libre y popular en defensa de tradiciones mucho más liberales y regionalistas que el absorbente liberalismo oficial plagado de papanatas que copiaban a la Revolución Francesa. Los carlistas defendían las mejores tradiciones jurídicas españolas, las de los Fueros y las Cortes legítimas que pisotearon el absolutismo monárquico y el absolutismo centralista del Estado liberal. Representaban la patria grande como suma de las patrias locales con sus peculiaridades y tradiciones propias. […] No existe en Europa ningún país que no cuente con restos de antiguas poblaciones y formas populares que han sido atropelladas por el devenir de la historia (…) En Francia lo fueron los bretones y en España, de un modo mucho más voluminoso y nacional, los defensores de don Carlos: El tradicionalismo carlista tenía unas bases auténticamente populares y nacionales de campesinos, pequeños hidalgos y clero, en tanto que el liberalismo estaba encarnado en el militarismo, el capitalismo (las nuevas clases de comerciantes y agiotistas), la aristocracia latifundista y los intereses secularizados que en la mayoría de los casos pensaban con cabeza francesa o traducían, embrollado, de Alemania.”

Estas palabras son de Karl Marx. Las obtiene el señor Clemente del libro “La Revolución Española 1808-1843”, de Karl Marx y Friedrich Engels. La traducción es de Andreu Nin. Publicado en Madrid, por la Editorial Cenit, en 1929.

Es decir, publicado 8 años antes de la detención, tortura y asesinato de Andreu Nin por parte de los servicios secretos soviéticos, que en ese momento daban apoyo a la República durante la Guerra Civil.
Como cuenta Stanley Payne, en el prólogo al libro de José María Zavala, “En busca de Andreu Nin” (DeBolsillo, 2006; pg 15), sucedió una curiosa paradoja respecto de las dos máximas figuras del POUM:

“(…) Maurín salvó su vida por el hecho de que fue capturado en la zona nacional a principios de la Guerra Civil, donde fue sentenciado a una larga condena en prisión, pero se libró de la ejecución. Si hubiese basado su actividad en zona republicana en 1937, probablemente habría compartido el destino de Nin.”

Gracias a lo cual, el señor Payne pudo conocer a Maurín en Nueva York, en 1958.

La realidad es complicada; pero sólo en su complicación, tiene sentido. No permitáis que la simplicidad os robe la verdad.

11 de julio de 2013

Andreu Nin

Advertisements