LA PIEDRA DE TOQUE

por El Responsable

Más que cristiano, quizá soy un pagano que cree en Cristo.

Nicolás Gómez Dávila

 

En las nubes de la mañana gris que bajan por el monte

desde el santuario que bendice la frontera acantilada

vemos el aliento divino acariciando la creación.

 

Griales esculpidos en las rocas que rodean la ermita

testimonian balbuceantes profecías de pueblos jóvenes

sobre dioses inmolantes y vírgenes fecundas.

 

La artesana robustez románica dominó sobre la misteriosa belleza

de una piedra redonda florecida sin presencia humana

para místico asombro de adanes recién expulsados del jardín circular.

 

Con martillo y cincel se bautizó la piedra sacrificial

y la madre de un dios calma con sus versos

el ímpetu excesivo de titanes inmisericordes.

 

Y aunque los sacerdotes visten ropas distintas

ellos mismos nos dicen lo que nunca cambiará:

no hay dioses sin siembra de sangre.

 

7 de junio de 2014

Desde dentro de la ermita

 

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