El sosiego acantilado

non mea voluntas

Mes: julio, 2014

GOLLUM, EL CATOBLEPAS

“El más preguntón y curioso de esa familia se llamaba Sméagol. Se interesaba en las raíces y orígenes subterráneos; se zambullía en lagos profundos, cavaba bajo los árboles y plantas, y abría túneles en los montículos verdes. Un día dejó de mirar hacia arriba, a la cima de las montañas, las hojas de los árboles o las flores que se elevaban en el aire; llevaba la cabeza y los ojos vueltos siempre hacia abajo.

[…] Un día de mucho calor, estando agachado junto a un lago sintió que algo le quemaba la nuca y que una luz deslumbrante que venía del agua le lastimaba los ojos húmedos. Se preguntó qué sería eso, pues casi se había olvidado del sol. Por última vez miró hacia arriba, y lo amenazó con el puño.

Cuando bajó los ojos, vio en la lejanía las cimas de las Montañas Nubladas de donde nacía el arroyo, y pensó de pronto: Bajo aquellas montañas habrá fresco y sombra. El sol no podrá mirarme allí. Las raíces de esas montañas tienen que ser verdaderas raíces. Hay allí sin duda grandes secretos enterrados que nadie ha descubierto todavía.

Gollum viajó pues durante la noche hacia las Tierras Altas y allí encontró una pequeña caverna de la que salía el arroyo sombrío. Fue abriéndose paso como un gusano hacia el corazón de las colinas y desapareció para el mundo. El Anillo bajó con él a las sombras, y ni siquiera aquel que lo había fabricado, cuando recobró de nuevo el poder, pudo averiguar qué había ocurrido.”

El Señor de los Anillos. La Comunidad del Anillo, de J.R.R. Tolkien; Minotauro, 2001; pgs. 76, 77.

Gollum

 

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HESPAÑA

“Y en cada país se cantaban otras canciones; y en cada país los campesinos llevaban otras ropas; y en cada país se hablaba otra lengua y aun varias lenguas distintas. Y lo que tanto entusiasmaba al conde era la combinación de negro y amarillo, solemne y alegre, que tan familiarmente lucía entre los diversos colores; el igualmente solemne y alegre ‘Dios salve…’ que se escuchaba en todas las canciones populares, ese alemán sumamente particular del austríaco, nasal, relajado, dulce y con reminiscencias de la lengua de la Edad Media que una y otra vez se escuchaba entre los distintos idiomas y dialectos de los pueblos. Como todos los austríacos de aquella época, Morstin amaba lo permanente dentro de la constante transformación, lo usual dentro del cambio y lo conocido dentro de lo inusual. De este modo, lo extraño se le hacía familiar sin perder su color; y de este modo, la patria poseía la eterna magia del extranjero.

[…] He visto -escribe el conde- cómo los listos pueden volverse tontos; los sabios, necios; los verdaderos profetas, mentirosos; y los amantes de la verdad, falsos. No hay virtud humana perdurable en este mundo, excepto una: la verdadera devoción. La fe no puede decepcionarnos, puesto que no nos promete nada en la tierra. La verdadera fe no nos decepciona porque no busca ningún beneficio en la tierra. Aplicado a la vida de los pueblos, esto significa lo siguiente: los pueblos buscan en vano eso que llaman las virtudes nacionales, más dudosas aun que las individuales. Por eso odio las naciones y los estados nacionales. Mi vieja patria, la monarquía, era una gran casa con muchas puertas y muchas habitaciones, para muchos tipos de personas. Esa casa la han repartido, dividido, la han hecho pedazos. Allí ya no se me ha perdido nada. Estoy acostumbrado a vivir en una casa, no en múltiples compartimentos.”

“Érase una vez una patria, una patria verdadera, a saber: una patria para los ‘apátridas’, la única patria posible. Esa era la vieja monarquía. Ahora soy un apátrida que ha perdido la verdadera patria de los eternos caminantes.”

El busto del Emperador, de Joseph Roth; Acantilado, 2003; pgs. 10-11, 58-59, 27.

D. ROSENDO

Ciertas entradas en el blog de Fernando me obligaron a prestar especial atención a las referencias que el profesor Borrajo Dacruz hace a un par de sentencias, en su Introducción al Derecho del Trabajo.

Ambas tienen como protagonista a D. Rosendo, conductor de autobuses urbanos en Sevilla. En mayo de 2007, participó en una huelga, en el transcurso de la cual fue detenido bajo la acusación de haber lanzado objetos contundentes contra los autobuses de la empresa. El testigo, sin embargo, no lo identificó como uno de los que habían realizado tales actos. Anteriormente, D. Rosendo había sido tratado por dolencias digestivas, que fueron consideradas por los servicios médicos como somatizaciones del estado de ansiedad que le provocaba la situación en la empresa. Al día siguiente de ser detenido, pidió la incapacidad temporal por estado de ansiedad. A partir de aquí, es relevante citar la sentencia de la Sala de lo Social del Tribunal Supremo, de 4 de diciembre de 2012:

Durante el proceso de incapacidad temporal fue atendido por el Equipo de Salud Mental así como por el servicio de Medicina Interna que efectuaba seguimiento y control de la dolencia digestiva. Una y otra dolencia era conectada por los distintos facultativos que atendían a D. Rosendo con la situación de estrés que padecía debido a la imputación en el procedimiento penal y a su situación en la empresa. D. Rosendo obtuvo el alta por mejoría el día 2-5-2008. El día 6-5-2008 D. Rosendo presentó escrito en la empresa dirigido a la Gerencia solicitando la asignación al turno fijo de mañana por motivos de salud. Se solicitó informe del Departamento de Prevención y Comisión de Asuntos Sociales, decidiéndose no conceder el turno solicitado por no estar suficientemente justificada la petición. D. Rosendo reiteró la petición el 3-6-2008, no siendo atendida. 4º – Reincorporado D. Rosendo a su puesto de trabajo como conductor, el día 5-11-2008, D. Rosendo, dentro de su turno de trabajo y conduciendo un autobús sin pasajeros, salió de su ruta y se tomó la N-630 sentido a Mérida. Durante el trayecto, estacionó en un área de descanso próxima a una gasolinera y llamó por teléfono al Servicio de emergencia 112, manifestando desconocer dónde estaba, y que se encontraba muy nervioso y agobiado. Una dotación de la Guardia Civil se dirigió al lugar donde se encontraba D. Rosendo. Se comprobó que D. Rosendo no se encontraba bajo los efectos de bebidas alcohólicas. 5.º – El día 6-11-2008 D. Rosendo inició proceso de incapacidad temporal por contingencia común con diagnóstico de ansiedad. El día 18-11-2008 D. Rosendo falleció. La causa del fallecimiento fue el suicidio. El lugar en el que se produjo el fallecimiento fue su propio domicilio.

Fin de cita. El 19 de mayo de 2009, la empresa archivaba el expediente disciplinario de D. Rosendo, al haberse archivado la causa penal.

En Sobre la historia natural de la destrucción (Anagrama, 2003), Sebald analiza varias novelas alemanas de posguerra en las que se describe la tormenta de fuego que destruyó Hamburgo en julio de 1943, en la que murieron 30.000 personas. Dice en la página 60:

Mérito innegable de Nossack es que, a pesar de su desafortunada tendencia a la exageración filosófica y la falsa trascendencia, fue el único escritor que intentó escribir sobre lo que había visto realmente de la forma más sencilla posible.

Y más adelante (página 62):

El ideal de lo verdadero, decidido en su objetividad al menos durante largos trechos totalmente carente de pretensiones, se muestra, ante la destrucción total, como el único motivo legítimo para proseguir la labor literaria. A la inversa, la fabricación de efectos estéticos o seudoestéticos con las ruinas de un mundo aniquilado es un proceso en el que la literatura pierde su justificación.

En otra comparación de estilos (pg. 69), alaba a Hubert Fichte por incluir autopsias en su novela:

Aquí, en la descripción experta de la destrucción ulterior de un cuerpo momificado por la tormenta de fuego, se hace visible una realidad que el radicalismo lingüístico de Schmidt no conoce. Lo que oculta su lenguaje artificioso nos mira fijamente desde el lenguaje de los administradores del horror, que se dedican a lo suyo, imperturbables y sin muchos escrúpulos, quizá porque […] al margen de la catástrofe pueden ponerse alguna medalla.

Se produce un plus de verdad al permitir a los lenguajes propiamente modernos (científicos, técnicos, administrativos, jurídicos…) describir la realidad con su peculiar frialdad y objetividad. Técnica literaria ya usada por Musil, irónicamente, en el mismo inicio de “El hombre sin atributos”. El auténtico maestro de la misma, desde mi punto de vista, es Houellebecq; pongamos un ejemplo entre mil posibles:

A partir de los trece años, bajo la influencia de la progesterona y del estradiol que secretaban los ovarios, la muchacha empezó a acumular grasa en los senos y las nalgas. En el mejor de los casos, estos órganos adquieren un aspecto lleno, armonioso y redondeado; su contemplación despierta un violento deseo en el hombre. Annabelle tenía un cuerpo muy bonito, como su madre a la misma edad. Pero el rostro de su madre había sido afable, agradable sin más. Nada hacía presagiar la dolorosa impresión de la belleza de Annabelle, y su madre empezó a tener miedo.

La descripción de la trágica vida de un conductor de autobuses, realizada en la lógica concatenación de los antecedentes de hecho de una sentencia judicial, permiten a los tiempos expresarse: decir su verdad.

Su verdad es fría, apática; aparentemente irrevocable.

Esa forma de decir que la causa del fallecimiento fue el suicidio, como si se tratase de algo exterior a la persona que muere, algo que ocurre, como la caída de un rayo, un ataque al corazón… cualquier cosa resumible en ese cajón de sastre del lenguaje médico: “fallo cardio-respiratorio”.

Ese modo de simplificar la intensidad trágica de una existencia desesperada, incapaz de guiarse a sí misma, perdiéndose entre carreteras secundarias sin saber cómo ni por qué; esa forma de lenguaje, digo, es insuperable en su impía actualidad.

Nada define mejor a esta época.

13 de septiembre de 2013

Fuera de servicio

MUSILIANA

“Sobre el Atlántico avanzaba un mínimo barométrico en dirección este, frente a un máximo estacionado sobre Rusia; de momento no mostraba tendencia a esquivarlo desplazándose hacia el norte. Las isotermas y las isóteras cumplían su deber. La temperatura del aire estaba en relación con la temperatura media anual, tanto con la del mes más caluroso como con la del mes más frío y con la oscilación mensual aperiódica. La salida y puesta del sol y de la luna, las fases de la luna, de Venus, del anillo de Saturno y muchos otros fenómenos importantes se sucedían conforme a los pronósticos de los anuarios astronómicos. El vapor de agua alcanzaba su mayor tensión y la humedad atmosférica era escasa. En pocas palabras, que describen fielmente la realidad, aunque estén algo pasadas de moda: era un hermoso día de agosto del año 1913.”

‘El hombre sin atributos’, de Robert Musil; Seix Barral, 2004; pg. 11.

"Around the corner", de Andrew Wyeth (1994)

“Around the corner”, de Andrew Wyeth (1994)

NAZARENOS

Desde hace unos meses, he dejado de prestar atención al mundo como solía hacerlo. Siempre me ha gustado estar al tanto de lo que ocurre; y, aunque llevo casi diez años viviendo sin televisión, siempre he seguido con atención diversos informativos radiofónicos y he sido ávido lector de prensa nacional e internacional.

Hasta hace unos meses.

No tengo muy clara la razón, pero el mundo dejó de interesarme. Mi campo de preocupación se redujo de forma drástica e involuntaria, básicamente  a mi gente más cercana.

Aún así, como vivo permanentemente conectado al Facebook, me resulta fácil enterarme de las noticias de mayor impacto. Y eso ha ocurrido con la persecución que están sufriendo los cristianos de Oriente Medio, a manos del recién nacido Estado Islámico que domina buena parte de los territorios de Siria e Irak. Viendo el progresivo brotar en la red de ese símbolo árabe, con el que los súbditos del nuevo autoproclamado califato marcan las casas de los cristianos que viven en las zonas que controlan, he decidido ponerme al día para saber exactamente qué está pasando.

Y me he puesto al día. Leo las últimas noticias sobre el ataque a sangre y fuego de los súbditos del neocalifato a una base militar siria en Raqqa. Por ahora, parecen imparables en sus continuos avances.

Y pienso en esos musulmanes que llegan a la zona para incorporarse a las tropas del Estado Islámico. Imagino su arriesgada peregrinación, atravesando fronteras, a ratos en coche, a ratos andando; otras veces, quizá, montados en caballos o camellos; pasando todo tipo de penalidades para alcanzar su objetivo de incorporarse al ejército califal y luchar hasta la muerte por su dios. Sacrificio que será  recompensado con un paraíso de placeres eternos.

Mientras tanto, aquí, la noticia del día son los paraísos fiscales de un importante nacionalista catalán. Lo cual obliga a recordar la crucial cuestión, para el destino de la humanidad, de la maltratada identidad catalana. Y vuelvo a sentir ese inconmensurable aburrimiento existencial que, probablemente, me había hecho alejarme de cualquier medio periodístico.

Comparo caracteres. Y al momento entiendo lo absurdo de tal comparación. Nosotros, incluso en medio de una crisis económica tremebunda, vivimos espiritualmente en una serie de dibujos animados. Pero en los campos de batalla de Oriente Medio nacen cada día miles de Hombres. Nacen de las muertes que ven y de las que provocan, del sufrimiento que soportan y del que cometen, de las cicatrices con las que decoran sus cuerpos, infinitamente más reales que los ridículos cuerpos tatuados de millones de occidentales. En esos fuegos se forjan guerreros eternos.

Y soy consciente de lo obvio: si alguna vez, en justo pago a nuestros múltiples pecados, llegasen hasta nuestras fronteras, se toparían con la misma oposición que encontraron hace 13 siglos.

Ninguna.

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CAMPESINOS DEL ASFALTO

“La capacidad de oponerse a las lisonjas ideológicas de su tiempo para elegir la búsqueda de la verdad y abrirse al descubrimiento de la fe está testimoniada por otra mujer de nuestro tiempo: la estadounidense Dorothy Day.”

Benedicto XVI, Audiencia General del 13 de febrero de 2013.

 

Termino La larga soledad, autobiografía de Dorothy Day, abrumado por la contemplación de la fuerza sobrenatural que anima a ciertas personas. Te lleva el libro a los barrios proletarios de las principales ciudades estadounidenses, desde la Primera Guerra Mundial, pasando por la Gran Depresión; recupero las sensaciones, ya herrumbrosas, de la lectura de Manhattan Transfer, hace tantos años. Descubro, sin sorpresa, que Dorothy Day y John Dos Passos se conocían y compartían amistades y tertulias. En ambos encuentra uno la descripción de la grisácea civilización industrial, dedicada a amontonar millones de seres humanos en megalópolis insufribles; junglas de asfalto obra de titanes mecánicos y prestamistas, en las que compiten diabólicas soberbias, elevando nuevos zigurats donde sacrificar las almas y los cuerpos de hombres y mujeres, a mayor gloria de la codicia y el lujo; venidos de todas las naciones del mundo, los rascacielos son las nuevas torres de Babel donde cualquier diferencia orgánica queda igualada por un único y dictatorial patrón: el dinero.

En este delirio de fealdad y desesperación, en el que ya la propia supervivencia es una gracia arrancada al destino con esfuerzos sobrehumanos, Peter Maurin, Dorothy Day y muchos otros, sacrificaron sus existencias para crear espacios donde el Evangelio se hiciera visible y palpable.

Doy gracias a Dios por estas vidas ejemplares que voy conociendo, pues me confirman la falsedad de tantos dualismos y contradicciones que la historia de mi país, España, parece presentar a cualquier persona que, impulsada por el rechazo visceral al mundo moderno, decida acercarse a la Iglesia Católica. Ninguna contradicción: este mundo es despreciable; pero ‘este’ mundo no es ‘el’ mundo; e incluso en ‘el’ mundo podemos gozar de un adelanto del Reino de los Cielos. Como dijo Santa Catalina de Siena, en una cita que he descubierto, precisamente, gracias a Dorothy Day: el camino al cielo ya es el cielo.

Tenemos que hacer el tipo de sociedad -había dicho Peter- en que a la gente le resulte más fácil ser buena. Y como su amor a Dios le hacía amar al prójimo, sacrificar su vida por su hermano, se empeñó en denunciar a voz en grito los males de la época: el Estado, la guerra, la usura, la degradación del hombre, la falta de una filosofía del trabajo… Cantó las delicias de la pobreza (no hablaba de indigencia) como un medio para avanzar en dirección a la tierra, para recuperar las queridas cosas naturales de la tierra y el cielo, del hogar. Atacó con todas sus fuerzas a la máquina, porque, como había dicho Pío XI, las materias primas entraban en la fábrica y salían ennoblecidas, y el hombre entraba en la fábrica y salía degradado; y porque arrebataba al hombre algo tan importante como el pan, su trabajo, su trabajo con las manos, su capacidad para utilizar todo lo que era, lo que le hacía un hombre entero y un hombre puro.”

La larga soledad, de Dorothy Day; Sal Terrae, 2000; pgs. 296-297.

12 de agosto de 2013

Day y Maurin

DÍA DO APÓSTOLO

“Europa representou ao Apóstolo Santiago a semellanza dos seus pelengríns: con esclavina e chapeu cubertos de cunchas-vieiras, un bordón na man dereita e un libro na esquerda; os pés descalzos i en actitude de andar, tal como se ve no cume da torre Saint Jacques, de París, a modo de Santo protector dos camiños, símbolo da alma viaxeira de Europa, a tal extremo que nas artes e na literatura o pelengrín santiaguista chegou a confundirse co Xudeu errante. Hespaña representou ao Apóstolo Santiago á semellanza dos guerreiros da Reconquista: montado nun cabalo branco e brandindo unha espada, terror de sarracenos, que xa vencidos e derrubados no chan, tal como foi descrito por Alfonso, o Sabio, na súa referencia da batalla de Clavijo. Este é o Santiago Matamouros, que se venera nas igrexas hispanas a modo de Patrón das Hespañas, como sempre se dixo: único caso dun Apóstolo de Cristo, representado en forma pouco evanxelizadora. Galiza representou ao Apóstolo Santiago a semellanza dos Patriarcas: sentado, en maxestade; un bastón na man esquerda e un pergameo na dereita; a cabeza erguida, os ollos enfiados cara ao ignoto Occidente e os beizos a repetiren aquel salmo de David: ‘No mar están os teus camiños e nas moitas augas as túas sendas’. Así o representou o mestre Mateo e así o esculpeu no Pórtico da Gloria, con réplica no altar maior, para recibir aos antigos visitantes da súa Catedral e decirlles que o mundo non acaba en Galiza, que Galiza non era un Fisterra senón un peirán avanzado de Europa cara ao continente que aínda estaba por descubrir. Estas tres advocacións do noso Señor Santiago -o pelengrín europeo, o guerreiro hispano e o patriarca galego- corresponden a tres feitos de suma trascendencia: Pola virtude dos camiños que conducían a Galiza, onde os diversos pobos da cristiandade se axuntaban e chegaron a cantar un mesmo himno, fíxose posible a unidade espiritual de Europa, a única conciencia moral europea que no decorrer dos séculos se pudo rexistrar. Polos ideaes cabaleirescos da Edade Media, creados polo xenio celta e nutridos pola fe que o sepulcro apostólico inspiraba, cerrouse Hespaña á marea sarracena e pudo salvarse a civilización occidental. E polo desexo de proseguir o camiño de Santiago, alén do cabo Fisterra venceuse o Mar tenebroso e fíxose posible o descubrimento de América. Velaí as tres sendas, os tres espíritos e os tres feitos en que é doado afincar a gloria deste día, un día tan grande que non hai outro que teña raíces máis fondas no sentimento popular galego, nin categoría universal máis elevada. Cicais fose posible escoller outra data máis íntima e privativa, das moitas que a nosa historia rexistra; pero ningunha superaría o prestixio e trascendencia que o día de hoxe ten.”

Sempre en Galiza, de Alfonso Daniel Rodríguez Castelao; Galaxia, 1996; pxs. 387-388.

Apóstolo Santiago

LA OBRA MAYOR

“La mención de Trakl hizo pensar a Amalfitano, mientras dictaba una clase de forma totalmente automática, en una farmacia que quedaba cerca de su casa en Barcelona y a la que solía ir cuando necesitaba una medicina para Rosa. Uno de los empleados era un farmacéutico casi adolescente, extremadamente delgado y de grandes gafas, que por las noches, cuando la farmacia estaba de turno, siempre leía un libro. Una noche Amalfitano le preguntó, por decir algo mientras el joven buscaba en las estanterías, qué libros le gustaban y qué libro era aquel que en ese momento estaba leyendo. El farmacéutico le contestó, sin volverse, que le gustaban los libros del tipo de La metamorfosisBartlebyUn corazón simpleUn cuento de Navidad. Y luego le dijo que estaba leyendo Desayuno en Tiffanys, de Capote. Dejando de lado que Un corazón simple Un cuento de Navidad eran, como el nombre de este último indicaba, cuentos y no libros, resultaba revelador el gusto de este joven farmacéutico ilustrado, que tal vez en otra vida fue Trakl o que tal vez en ésta aún le estaba deparado escribir poemas tan desesperados como su lejano colega austriaco, que prefería claramente, sin discusión, la obra menor a la obra mayor. Escogía La metamorfosis en lugar de El proceso, escogía Bartleby en lugar de Moby Dick, escogía Un corazón simple en lugar de Bouvard y Pécuchet, y Un cuento de Navidad en lugar de Historia de dos ciudades o de El Club Pickwick. Qué triste paradoja, pensó Amalfitano. Ya ni los farmacéuticos ilustrados se atreven con las grandes obras, imperfectas, torrenciales, las que abren camino en lo desconocido. Escogen los ejercicios perfectos de los grandes maestros. O lo que es lo mismo: quieren ver a los grandes maestros en sesiones de esgrima de entrenamiento, pero no quieren saber nada de los combates de verdad, en donde los grandes maestros luchan contra aquello, ese aquello que nos atemoriza a todos, ese aquello que acoquina y encacha, y hay sangre y heridas mortales y fetidez.”

2666, de Roberto Bolaño; Anagrama, 2004; pgs. 289-290.

"The Intruder", de Andrew Wyeth (1971)

“The Intruder”, de Andrew Wyeth (1971)

LA CULPA

“Antes de que lo ejecutasen, el asesino en serie Ted Bundy habló de sus sentimientos de culpa en varias entrevistas con Stephen Michaud y Hugh Aynesworth. ‘Cualquier cosa que haya hecho en el pasado no me preocupa. ¡Intente tocar el pasado! Intente hacer algo con el pasado. No es real. ¡Es sólo un sueño!’ (pg. 284). El ‘sueño’ del que hablaba Bundy consistía en casi cien jóvenes muertas […]. ‘¿Culpabilidad? -repetía en la cárcel-. Eso es un mecanismo que usamos para controlar a la gente. No es más que una ilusión. Se trata de un mecanismo de control social, y es ‘muy’ insano. Nos perjudica seriamente. Y le aseguro que hay muchas otras maneras de controlar nuestra conducta que ese increíble uso de la culpabilidad.’ (pg. 288)”

‘Sin conciencia’, de Robert D. Hare; Paidós, 2003; pgs. 64-65. El autor está citando el libro ‘Ted Bundy: Conversations with a Killer’, de Stephen G. Michaud y Hugh Aynesworth -NY, New American Library, 1989-.

"Figure with meat", de Francis Bacon (1954)

“Figure with meat”, de Francis Bacon (1954)

EL ENEMIGO

“…me preguntaron si yo creía en Satanás. Y yo dije Hombre, es que no se trata de eso. Y dijeron Ya, pero ¿crees o no? Tuve que pensarlo. Creo que de chico sí creía. Hacia la mitad de mi vida esas creencias se habían diluido un poco. Ahora vuelvo a inclinarme del otro lado. Satanás explica muchas cosas que de lo contrario no tienen ninguna explicación. O no la tienen para mí al menos.”

‘No es país para viejos’, de Cormac McCarthy; DeBolsillo, 2008; pg. 172.

 

“El juez sonrió. Habló en voz queda hacia el cubículo en penumbra. Te enrolaste, dijo, para un trabajo. Pero fuiste tu propio testigo de cargo. En tus propios actos estaba tu sentencia. Antepusiste tus opiniones a los juicios de la historia y rompiste con el grupo del que habías jurado formar parte y de este modo envenenaste todo el proyecto. Óyeme bien. En el desierto hablé para ti y solo para ti y tú hiciste oídos sordos. Si la guerra no es santa el hombre no es más que barro viejo. Incluso el cretino obró de buena fe dentro de sus limitaciones. Pues a ningún hombre se le exigía más de lo que tenía y lo que uno aportaba no se comparaba con la aportación del otro. Pero a todos se les pidió que vaciaran su corazón en el corazón colectivo y solo uno no quiso hacerlo. ¿Puedes decirme quién fue?

Tú, susurró el chaval. Tú fuiste ese uno.

El juez le observó desde los barrotes, meneó la cabeza. Lo que une a los hombres, dijo, no es compartir el pan sino los enemigos. Pero si yo hubiera sido tu enemigo, ¿con quién me habrías compartido? Dime. ¿Con el cura? ¿Dónde anda el cura? Mírame. Nuestra animadversión existía ya antes de que tú y yo nos conociéramos. Pero aun así podrías haberlo cambiado todo.

Tú, dijo el chaval. Fuiste tú.

[…]

Y bailaron, las tablas del suelo vapuleadas por las botas de montar y los violinistas sonriendo horriblemente sobre sus instrumentos decantados. Dominándolos a todos está el juez y el juez baila desnudo con sus pequeños pies vivaces y raudos y ahora dobla el tiempo, dedicando venias a las damas, titánico y pálido y pelado, como un infante enorme. Él no duerme nunca, dice. Dice que nunca morirá. Saluda a los violinistas y luego recula y echa atrás la cabeza y ríe desde lo hondo de su garganta y es el favorito de todos, el juez. Agita su sombrero y el domo lunar de su cráneo luce pálido bajo las lámparas y luego gira y gira y se apodera de uno de los violines y hace una pirueta y luego un paso, dos pasos, bailando y tocando. Sus pies son ágiles y ligeros. Él nunca duerme. Dice que no morirá nunca. Baila a la luz y a la sombra y es el favorito de todos. No duerme nunca, el juez. Está bailando, bailando. Dice que nunca morirá.”

‘Meridiano de sangre’, de Cormac McCarthy; Mondadori, 2007; pgs. 317, 320, 345.

"Satan in his Original Glory", de William Blake (1805)

“Satan in his Original Glory”, de William Blake (1805)

Calle del Orco

Blog de Literatura. Grandes encuentros

plan zeta

apología de mí mismo

El Rancho de San Ysidro

Peripecias de un aprendiz de campesino

El perfil menos humano

“En aquella idea vaciaba, como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir; en aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y quizá menos humano de su carácter”

La saga de Dashiell

non mea voluntas

A Día de Hoy

Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester