ANNABELLE WILKENING

por El Responsable

Ella había vivido: había tomado coca, había participado en orgías, había dormido en hoteles de lujo. Situada, por su belleza, en el epicentro de aquel movimiento de liberación de las costumbres que había caracterizado su juventud, lo había sufrido especialmente; y en definitiva casi se había dejado la vida en ello.

[…] -Todavía tengo el bonotrén del año escolar setenta y cuatro-setenta y cinco, el último año que fuimos juntos al liceo. Cada vez que lo miro me dan ganas de llorar. No entiendo cómo las cosas se han jodido hasta este punto. No consigo aceptarlo.

“Las partículas elementales”, Michel Houellebecq

 

Annabelle Wilkening es el personaje literario más bello y verdadero con el que jamás me haya topado.

Recién vista la formidable y terrible Réquiem por un sueño, de Darren Aronofsky, el papel interpretado por Jennifer Connelly me la ha vuelto a traer a la memoria. Existe, por cierto, otro personaje cinematográfico que es un trasunto casi perfecto de Annabelle: el que interpreta Robin Wright en Forrest Gump. Curiosamente, ambas actrices se hicieron famosas por ser protagonistas de películas-cuento, en las que interpretaban personajes femeninos que simbolizaban belleza y pureza: Dentro del laberinto y La princesa prometida. Lo cual produce un contraste muy apropiado -seguramente buscado- al verlas encarnar aquellos personajes trágicos.

Termina la película y me acerco a la estantería donde descansan Las partículas…. Releo las partes de Annabelle e, inevitablemente, como siempre que lo hago, las lágrimas se abren paso hasta que empiezo a notar la piel irritada.

En la extraordinaria y sobrenatural belleza de Annabelle, sublimación de un alma pronta para dar amor, se reconoce la persona-concepto de la madre eterna, de la compañera perfecta que nos acompaña durante toda nuestra vida; y en el real y honesto relato de su corrupción que Houellebecq nos ofrece, percibimos resonancias de otro cordero entregado al sacrificio por nuestros pecados.

Annabelle se había vuelto muy dulce, un poco rara, y a menudo se reía sin motivo; a veces, también de repente, se le llenaban los ojos de lágrimas. Entonces se tomaba una pastilla más.

El más bello,

el más verdadero.

3 de abril de 2014

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