El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

CRÓNICAS DE LA PESTE DE LOS ANCIANOS (XXXXI)

Va a ser curioso ver cómo se desarrolla la cosa, si se acaba descubriendo que las mascotas también son vectores contagiosos del Bicho.

Por ahora, en Estados Unidos, tras los casos detectados en el zoo de Nueva York, las autoridades ya están difundiendo el siguiente comunicado:

Cualquier persona enferma con Covid-19 debe restringir el contacto con animales, por precaución, incluidas las mascotas, durante su enfermedad, tal como lo haría con otras personas. Aunque no ha habido informes de mascotas enfermas con Covid-19 en los Estados Unidos, todavía se recomienda que las personas enfermas con Covid-19 limiten el contacto con los animales hasta que se sepa más información sobre el virus. Si una persona enferma debe cuidar a una mascota o estar cerca de animales, debe lavarse las manos antes y después de la interacción.

Queridos todos: manteneos lo más saludables posible.

Más tarde o más temprano, el Bicho llamará a vuestra puerta.

CRÓNICAS DE LA PESTE DE LOS ANCIANOS (XXXX)

Un bombero de Madrid.

“Ya no hay accidentes, ya no hay percances, el 85 % de las salidas son aperturas de puertas porque la gente se está muriendo sola en sus casas.

[…] Hay gente que está sola, no se les hospitaliza, llaman por teléfono y les dicen que se queden en sus casas y no les hacen la prueba. Acaban muriendo sin atención”, lamenta José, que en un único día comenta que llegaron a hacer 20 salidas relacionadas con muertes por coronavirus.

CRÓNICAS DE LA PESTE DE LOS ANCIANOS (XXXIX)

Me refería en la entrada anterior al efecto que suele provocar en una sociedad opulenta su propio éxito. Es prácticamente una ley histórica, incluso familiar: las generaciones criadas entre las comodidades creadas por las virtudes de sus ascendientes suelen mostrar una inferior calidad en sus individuos, provocando una casi inevitable decadencia en naciones y familias.

Suelen mostrar una calidad inferior porque se ha alejado la tribulación de sus existencias, precisamente gracias al éxito virtuoso de sus padres y abuelos.

Mantener la tensión espiritual necesaria en las nuevas generaciones para que tal decadencia no se produzca es un problema inseparable de la condición humana.

La paideia ha de ser redirigida constantemente a los problemas fundamentales del ser humano y de sus sociedades políticas. Si el entorno real -por su opulencia- lo hace imposible, la imaginación al menos ha de ser forzada a situarse en situaciones precarias, para no olvidar nunca el lugar de donde venimos y al que podemos volver si nos relajamos demasiado; y, por supuesto, para saber apreciar y valorar aquello de lo que disfrutamos.

Al principio de la pandemia, yo he repetido un chiste que probablemente han contado millones de personas en todo el mundo: estoy perfectamente preparado para esto, me he visto todas las temporadas de The Walking Dead.

Suele hacer gracia. Pero ahora me quiero centrar en la parte de verdad profunda que tiene la broma.

En no pocas ocasiones, tras ver alguno de los muchos episodios que considero obras maestras, he pensado que The Walking Dead es probablemente la mejor serie que he visto en mi vida. Lo que quiere decir, en resumidas cuentas, que es una de las obras de arte más impresionantes de la que tengo noticia.

Todos los que conocéis la serie sabéis a lo que me refiero. Para los que sólo sepáis que va de zombis, he de deciros lo que tantas veces he repetido al recomendarla: los zombis son una mera excusa para hablar de todo aquello que es fundamental para la condición humana.

Porque los zombis hacen imposible la relajación, física y espiritual. Los zombis hacen imposible todo lo superfluo. Los zombis te obligan a vivir al borde del acantilado.

Lo cual no quiere decir que las soluciones sean únicas y caigan por su propio peso. Ni mucho menos. Las respuestas humanas a ese estado primario de exigencia son variadas. No hay una única forma de sobrevivir con éxito. Aunque tampoco son infinitas: nadie se permite el lujo de perder de vista el suelo fundamental de la supervivencia.

La discusión sobre la mejor forma de sobrevivir en grupo es lo que llamamos política. Estas discusiones pueden ser meramente de palabras o pueden derivar en revoluciones o guerras; que son otras formas de discutir, forzadas por la urgencia de la toma de decisiones esenciales.

The Walking Dead es una serie de culto. Y creo que lo es porque es uno de los pocos lugares donde se han refugiado el auténtico pensamiento y la auténtica paideia en nuestros días y en nuestras decadentes sociedades, cuyas universidades ya son incapaces de distinguir a un hombre de una mujer.

Muchos elegimos vivir, al menos mitológicamente, en ese estado de constante retorno a lo crudamente fundamental, a lo dolorosamente crucial. Las grandes palabras que nos describen realmente la clave de nuestra condición: dolor, sangre, enfermedad, muerte, amor, traición, odio, pérdida, sacrificio, esperanza, perdón, redención.

Por eso repito, ya lejos de la chanza, que The Walking Dead realmente te prepara para algo como lo que estamos viviendo.

The Walking Dead es camino de virtud.

Pues, como decía don Nicolás, noble es la sociedad que no espera para disciplinarse que la disciplinen las catástrofes.

CRÓNICAS DE LA PESTE DE LOS ANCIANOS (XXXVIII)

Mientras veo la última entrevista de Joe Rogan, que os enlazo más abajo, pienso en David Simon.

David Simon es el creador de The Wire, una de las primeras obras maestras que el arte humano ha producido en el siglo XXI.

Posteriormente hizo Treme, una serie cuya acción arrancaba unos meses después del paso del huracán Katrina por Nueva Orleans.

Uno de los muchos personajes que protagonizaban Treme, interpretado por John Goodman, era el profesor de literatura inglesa Creighton Bernette, que daba clases en la Universidad de Tulane. El profesor Bernette consideraba que los males provocados por el huracán su multiplicaron por la incompetencia humana, tanto política como institucional.

En uno de los episodios, comentaba con un compañero el cierre acordado por la dirección de su universidad de dos departamentos. Os traduzco el diálogo:

-Es increíble. Dos departamentos. Como si nada. 160 profesores titulares.

-¿Cómo han podido hacer algo así?

-¿Que cómo han podido? Bueno, pues haciéndolo. Ya no hay vuelta atrás. Fuera: ingeniería civil, ingeniería informática, ingeniería eléctrica, ingeniería mecánica, informática. Porque, claro, ¿dónde se ha visto que la universidad enseñe a la gente a construir cosas? Como, por ejemplo, sistemas informáticos, redes eléctricas, diques… Ya ves tú, qué necesidad hay…

-Es una locura.

-¿Tú crees? Y mira lo que mantienen. Teatro musical, medios digitales, estudios medievales, estudios sobre la mujer, estudios judíos, estudios africanos. Toda va de identidades. Nada que tenga que ver con aprender a hacer algo. Sólo sentémonos a contemplar la gloria de mi yo en todas mis complejidades. ¿Quién soy? Soy una mujer judía negra. Oigan mi rugido.

La serie ya tiene una década, pero anunciaba el delirio que se iba a desatar en los años siguientes.

Nos hemos ido dando cuenta de que un montón de inútiles, con fabulosos currículums académicos sobre la nada, ocupaban puestos de poder en casi todas las instituciones educativas y políticas del país.

No sólo en España. En todo Occidente.

Habían medrado aprovechando la burbuja de irrealidad en la que el primer mundo se sumergió tras la Segunda Guerra Mundial, nacida de un bienestar económico de masas jamás conocido en la historia de la humanidad.

El delirio hiperdesarrollado de varias generaciones de niños mimados.

Los centros de mando se hallan repletos de seres supersticiosos y la búsqueda de la verdad es arrinconada por las más estúpidas ortodoxias ideológicas.

Y en esto, el Bicho ha dado el salto…

CRÓNICAS DE LA PESTE DE LOS ANCIANOS (XXXVII)

Abandono la ridícula realidad española, en la que Anabel Alonso da su experta opinión sobre la crisis actual en televisiones subvencionadas.

Abandono la ridícula realidad española, en la que la politiquilla de nuestros partidos infecta cualquier intento de análisis serio sobre lo que está pasando.

Y me refugio en Joe Rogan, que vuelve a regalarle al mundo otra interesantísima entrevista (tras aquella maravilla que produjo gracias a Michael Osterholm).

Y conocer al doctor Peter Hotez me reconcilia con el mundo.

Con un mundo en el que científicos de todos los orígenes comparten sus conocimientos de forma completamente altruista, en un intento global por lograr una cura que nos salve a todos. Y cuando digo todos, me refiero a todos los seres humanos de este planeta. Incluidos los que han de venir, si es que el virus acaba quedándose entre nosotros para siempre.

Con un mundo en el que los problemas a resolver son reales, no delirios de adultos a medio madurar.

Un mundo en el que se entiende la importancia de que todos disfrutemos de unos buenos sistemas de salud, sin importar nuestro nivel de renta personal.

Un mundo en el que se invierte en protegernos de futuros virus, no de pasados ya enterrados.

Un mundo en el que sobra esta España ridícula, donde se pelean los líderes por determinar quién fue menos inútil.

CRÓNICAS DE LA PESTE DE LOS ANCIANOS (XXXVI)

Querida Anabel Alonso, a día de hoy, en España, tenemos 17 muertas por violencia de género y 9053 muertos por coronavirus (que sepamos).

CRÓNICAS DE LA PESTE DE LOS ANCIANOS (XXXV)

El Gobierno ayudará a las televisiones privadas con 15 millones de euros.

Es una de esas noticias que uno necesita leer varias veces para llegar a creer que es cierta.

Podemos congregar una gran cantidad de insultos para describir acertadamente lo que esta acción supone. Y tendríamos toda la razón para ello.

Pero a mí lo que más me llama la atención del hecho es la desesperación que demuestra. Uno sólo se dedica a comprar periodistas de una manera tan descarada cuando se siente absolutamente contra las cuerdas.

Ya no sólo por lo que se ha hecho hasta ahora. Sino por lo que se nos viene encima. Lo que aún nos queda por pasar.

De todas formas, el Bicho sigue demostrándonos que mucha gente insiste en vivir en un mundo que ya no existe.

Supongo que comprar periodistas podía tener algún sentido en el mundo anterior a internet.

Después de la aparición de internet, es como mear contra el viento.

Todo ser humano con un móvil es un corresponsal en potencia.

Cada uno de nosotros es una agencia de noticias. Y controlar miles de millones de agencias de noticias que no paran de moverse e interactuar es, simplemente, imposible.

Ni China lo está consiguiendo. Imagínense Pedro Sánchez…

CRÓNICAS DE LA PESTE DE LOS ANCIANOS (XXXIV)

Según la RAE, un cuento chino es un embuste; es decir, una mentira disfrazada con artificio.

Pero el Bicho está demostrando una extraordinaria capacidad para desmontar todo tipo de artificio y disfraz.

Mientras el gobierno ruso se plantea extender la cuarentena que ya impera en la región de Moscú a todo el país (ha sido fascinante ver cómo los congelados datos rusos sobre contagiados y muertos han empezado a crecer desde que Putin salió por la tele la semana pasada -oh, casualidad-), los rumores sobre lo que realmente está pasando en China empiezan a cruzar fronteras.

Los medios de comunicación chinos creados por exiliados y represaliados políticos intensifican el filtrado de noticias desde supuestas fuentes internas, extendiendo incluso la idea de que la crisis provocada por el Bicho está provocando tensiones al máximo nivel dentro del Partido Comunista Chino.

El caso es que Ren Zhiqiang sigue desaparecido. Y tampoco está muy claro dónde se encuentra la heroica doctora Ai Fen.

Sin saber en qué acabará todo esto, ya impresiona la potencia humillante de estas víricas cadenitas de ácido nucleico.

Los hilos con los que teje Dios.

LA COLECCIÓN

El informe descansaba encima de la mesa, sin abrir.

La Primera Magistrada lo miraba de soslayo, derrotada sobre la silla, un pómulo resbalando sobre el puño cerrado.

Su mirada huyó hacia la pared. Allí estaba su colección. Objetos de tortura usados por los esclavistas. Que había ido recogiendo durante la Revolución.

Adornaban su habitación. Para hacer imposible el olvido.

Recordó el día en que dejó de ser virgen. El día de su primera violación. Su amo la había comprado cuando tenía siete años. Le dio la mejor educación que se podía pagar. Los más grandes filósofos y arqueo-ingenieros. Ocho idiomas.

Podía hablar durante horas con su amo. Sobre historia, sobre ciencia, sobre dioses. Sobre amor.

En algún momento, olvidó su condición de objeto parlante. Y se permitió admirar a su propietario. Amarlo, incluso. Quizá.

La penetró por primera vez el día que ella cumplió quince años.

No se sintió violada hasta que la vio a ella: otra niña de siete años comprada pocas semanas después.

Las conversaciones se hicieron más cortas, las violaciones se hicieron más largas.

La mirada de la Primera Magistrada volvió al presente. Fija en el cuchillo que colgaba justo enfrente de ella.

Perezosamente irguió la espalda y abrió el informe.

Patricia abrió la puerta de la habitación.

-¿Tienes un momento, madre?

-Un momento, sí -respondió, mientras volvía a cerrar el informe-. ¿Qué ocurre?

Patricia cerró la puerta tras de sí, acercó una silla y se sentó junto a su madre.

-Estoy preocupada, madre -dijo Patricia, mirando al suelo-. Estoy preocupada por… un par de profesores. Míos.

-¿Por?

-Creo que pueden resultar… agredidos -dijo Patricia, elevando la mirada.

Su madre hizo un gesto de extrañeza.

-¿Quién les iba a querer agredir?

-Algunos alumnos… Ya sabes, los más radicales. Todo está… muy tenso. En todas partes.

-Estamos en guerra, amor. Tensión es lo mínimo que puede haber. Sobre todo si las cosas no van bien.

La Primera Magistrada cerró en un puño la mano que descansaba sobre el informe.

-¿Por qué iban a querer agredir esos alumnos a tus profesores?

Patricia volvió a bajar la mirada.

-Dicen que ellos… les llaman criptocatólicos. Que no apoyan lo suficiente la causa de la Unión. Pero no es verdad… Sólo hacen su trabajo. Muy bien, de hecho.

La Primera Magistrada permaneció callada. Miró a su hija, que permanecía con la mirada fija en el suelo. Se inclinó hacia adelante en la silla, antes de volver a hablar.

-Muchos de tus compañeros tienen a algún familiar en el frente; o es probable que alguno de ellos se incorpore a filas en breve. Es normal que estén nerviosos, que pierdan la paciencia con mayor facilidad.

Patricia asintió, sin levantar la mirada.

-¿Quieres que haga algo? -preguntó la Primera Magistrada.

Patricia dijo que sí con la cabeza.

La Primera Magistrada miró a su hija un momento. Después se inclinó sobre la mesa, abrió el informe, cogió la primera hoja y le dio la vuelta.

-Escríbeme ahí sus nombres -le dijo a Patricia, acercándole la hoja y una pluma-. Yo me ocuparé.

Patricia se levantó. Cogió la pluma y la introdujo en el tintero. Escribió dos nombres y le devolvió la hoja a su madre.

La Primera Magistrada leyó los nombres y volvió a dejar la hoja dentro del informe.

Cogió la cara de Patricia para que le mirase a los ojos y le sonrió.

-No te preocupes más. Ahora, a dormir.

Patricia besó a su madre y salió de la habitación.

La Primera Magistrada se quedó sentada. La mirada regresó al cuchillo de la pared y permaneció allí durante unos minutos.

-Ahmed -llamó la Primera Magistrada.

La puerta se abrió y un hombre uniformado introdujo la mitad de su cuerpo en la habitación.

-¿Necesita algo, Primera Magistrada?

-Sí -contestó, mientras se retiraba un mechón de la cara-. Dile a Pierre que venga mañana por la mañana.

-Ahora mismo, Primera Magistrada.

La puerta volvió a cerrarse. Se levantó de la silla y se dirigió hacia la cama.

Sin volver a mirar la pared, donde descansaba su colección de objetos de tortura.

CRÓNICAS DE LA PESTE DE LOS ANCIANOS (XXXIII)

Me noto dolorida una pierna al levantarme.

Pienso si habrá sido por el ejercicio. Pero no. Seguramente habrá sido por haberme arrodillado ayer.

Después de tanto tiempo.

La madre de una amiga está ingresada con respirador. Tiene el Bicho.

Mi amiga vive en el extranjero. Su padre salió hace dos días del hospital.

Mi amiga no encuentra forma de venir a España. Dice que no ha rezado más en toda su vida.

Me pide que tenga presente a su madre en mis oraciones.

Mis oraciones.

Busco mi rosario en el bolsillo de la mochila. Está roto. Entre el segundo y el tercer misterio.

Me arrodillo solo en nuestra habitación. Busco en el móvil una página con el rosario en latín. Al principio cuesta un poco. Pero es como montar en bicicleta.

Mientras escribo esto, me fijo en el rosario que hay encima de la mesa, a mi izquierda. Lo ha encontrado, entonces. Lo compró Bea en un viaje por Italia.

Rezaré mientras amanece.

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