El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

CANCIONES PARA UNA BODA

Preocupado por el estado de nuestra demografía, El Sosiego Acantilado se ha propuesto ayudar a promover las bodas, los hijos, la bebida, la comida y el buen danzar. Vamos, la alegría de vivir en general.

Para ello, vamos primero con los rusos Otava Yo (las próximas Navidades os calzo este villancico, como hay Dios), que en el siguiente vídeo os cuentan (poned los subtítulos en inglés) la historia de Tanya, joven tabernera que se casa sin contárselo a su padre (Jesús, si es que hay gente que trabaja para este blog sin saberlo…). Y que para llevar mejor el susto, le recomienda que haga lo que yo haré el día que se case Ana Ofelia, si Dios me regala llegar a ver tal gracia: beber como un cosaco.

No se vayan todavía, que aún hay más. Desde Eslovaquia, país hermano de la Unión Europea, nos llega la terrible historia (tiene subtítulos en español) de una joven muchacha que se quiere casar con su amor, Stefan, cosa que no parece hacerle demasiada gracia a su madre.

Señora, deje que se case su hija con Stefan, que no sabe usted cómo anda la demografía occidental.

Una advertencia: el que sea capaz de escuchar esta canción sin mover rítmicamente alguna parte de su cuerpo, que no vuelva a pasar por aquí. Estáis avisados.

CONTRA LOS MESÍAS

Supongo que ya no le reventaré a nadie la historia si me pongo a hablar del final de la serie Juego de Tronos. En cualquier caso, si aún queda alguien por ahí fuera que no lo haya visto, que deje de leer ahora mismo.

Aunque las dos últimas temporadas me gustaron más bien poco (en cuanto los guionistas dejaron de hacer pie en los libros escritos por George R. R. Martin), he de reconocer que el final me pareció muy bueno. Frente a la opinión general.

Porque la opinión general era una mezcla de victimismo feminista y de incapacidad para asumir la caída final de la heroína protagonista; que estaba llamada a cambiar el mundo, y acabó siendo asesinada por el hombre que la amaba (heteropatriarcal violencia de género, nada menos) para evitar su transformación definitiva en la tirana genocida que ya estaba empezando a ser.

Aunque la moraleja final de toda la saga no era más que un buen resumen (brutal y honestamente presentado en el asalto a Desembarco del Rey) de lo que la historia humana ha contemplado cientos de veces (la corrupción que en el ser humano produce el ejercicio del poder, a pesar de todas las buenas intenciones -o precisamente por ellas-), las masivas críticas a los guionistas no dejaron de llamar mi atención.

Llegué a la conclusión de que a las masas mimadas de Occidente no les gusta saber que los Reyes Magos son los padres. No les gusta tener que asumir que los mesías que prometen cielos en la tierra suelen ser el prólogo de infiernos prodigiosos. Necesitan seguir creyendo en que el rey Arturo construirá Camelot. Que existe el ser humano incorruptible, capaz por mera voluntad de no caer, de no equivocarse. De cambiarlo todo. De dar un sentido definitivo a nuestras vidas.

Cuando uno sueña con ese tipo de hombres y mujeres, es normal que la mediocridad circundante le acabe deprimiendo. Hasta verse obligado a comprarse un perro. O un gato.

Y aunque todo cristiano debería tener grabado en su ADN que el reino prometido no es de este mundo, son precisamente algunos cristianos, y la civilización cristiana en proceso de secularización, los más proclives a perderse en todo tipo de mesianismos.

Pero los relatos sobre grandes monarcas de la tradición judeo-cristiana, cuando no son convenientemente edulcorados precisamente por intereses mesianistas, siempre han hecho hincapié en la humanidad torpe (no pocas veces pecaminosa y criminal) de los protagonistas. David, Salomón, Arturo. Los tres cometen errores impropios de lo que se espera de ellos.

Y eso es exactamente lo que deberíamos esperar de un hombre o una mujer en el poder. Eso es lo que no nos debería sorprender encontrar en la acción de un hombre o una mujer. Porque, en el fondo, sabemos que eso es lo que podemos esperar de nosotros mismos. No echemos en hombros ajenos la carga que nuestras espaldas nunca serían capaces de soportar.

Yo, como San Gilberto, creo que la democracia es el ideal político más generoso y más fundamentalmente cristiano. La generosidad del que no rehúye su responsabilidad, a pesar de sus evidentes limitaciones y debilidades; la generosidad del que entiende las limitaciones y debilidades de los demás y, a pesar de ello, los reconoce como sujetos responsables, con la dignidad suficiente para tener su propia voz.

La ciudadanía no se puede confundir con una mera tabla de derechos a reclamar por el simple hecho de existir. La democracia nació en la antigua Grecia exigida por los soldados que sangraban en los campos de batalla todos los veranos. La ciudadanía implica sacrificios.

Y el primer ídolo a sacrificar en el altar de la libertad es el de los meros mesías humanos.

Por eso me gusta tanto el final de Juego de Tronos.

LA EUROPA VACIADA

“¿Hay soluciones? No pueden ser inmediatas, pero hay que actuar sin demora aunque los efectos sean a medio y largo plazo. La presidencia croata de la UE le ha pedido a la Comisión Europea y al Consejo que estudien medidas para invertir estas tendencias, esencialmente con políticas favorables a la familia. Nada fácil no ya a nivel europeo –dada la heterogeneidad de las situaciones y de sus causas– sino incluso nacional, como sabemos en un país, como España, con algunos territorios rurales vaciados. O a escala del continente, pues Rusia y Ucrania, como los países de los Balcanes, están viviendo también este tipo de problema que afecta al peso de una Europa que se encoje demográficamente en un mundo aún en expansión a este respecto. Para 2050, la edad mediana en la UE será de 47 años, es decir, cuatro años más que la de EEUU, y no digamos ya que en el resto del mundo (con grandes excepciones como Japón, y, cada vez más, China). Ningún país de la UE tiene una tasa de nacimientos suficiente para remplazar a sus muertos, recordaba un reciente editorial del Financial Times, apoyándose en un informe de la ONU y en unas interesantes tablas y gráficos.”

Cita extraída del artículo La Europa vaciada, escrito por Andrés Ortega para el Real Instituto Elcano; el resto del artículo, aquí.

CREO EN EL ESTADO TODOPODEROSO

Escucho ahora el podcast de la tertulia de esta mañana en el programa de Alsina, que me da a conocer la encuesta de SocioMétrica para El Español, sobre el temita del pin parental; según la cual podemos deducir que, cuánto más insistan los partidos gobernantes en imponer sus criterios educativos a los padres españoles, antes tendrán que hacer las maletas y abandonar sus puestos de poder.

El caso es que descubro que muchos tertulianos están en contra del pin parental. Y en no pocos casos, me sorprende la oposición, porque a muchos de estos tertulianos los tenía por gente bastante más liberal que yo. Intuyo que se ha extendido por la profesión periodística un curioso y paradójico miedo: el miedo a estar de acuerdo con VOX. Lo cual le llevaría a uno a admitir que no son meros fachorros cavernarios y que, de vez en cuando, dicen cosas con bastante sentido. No siendo ésta una opción, no queda más remedio que oponerse a cualquiera de sus planteamientos, sobre todo a los más razonables; y entonces, al pobre Rubén Amón no le queda otra que verse a sí mismo haciendo graciosísimas piruetas argumentales para defender el derecho del estado a intervenir imperativamente sobre la educación impartida a los jóvenes, para evitar que los padres les impongan valores terribles y oscuros.

No por común (hoy se la he podido escuchar a varios compañeros en el trabajo) deja de ser una soplapollez de opinión. Pues a todo el mundo se le ocurre que puedan existir padres terribles (al parecer, los padres decentes han desaparecido). Pero nadie explica por qué divino ungimiento el estado siempre actúa adecuada y correctamente, en toda ocasión. Nadie nos argumenta por qué el estado no puede ser, también, terrible. Y nadie lo hace, simplemente, porque es imposible. Salvo que uno sea creyente.

Creyente en la virtud eterna de toda acción emprendida desde y por el estado.

Pero no. De la misma manera que los padres pueden ser terribles, el estado también puede ser terrible; entre otras muchas cosas, a la hora de poner en práctica los poderes educativos que le cedemos los ciudadanos. Y un estado terrible (esto lo sabe cualquiera, incluido Rubén Amón, aunque se haga el bobo para que nadie le eche en cara que ha estado de acuerdo en algo con VOX) es bastante más peligroso que unos cuantos padres terribles.

Si a uno le da miedo que los vaivenes de las urnas coloquen en los centros de poder del estado a personas indeseables, tiene dos opciones: o eliminar los vaivenes de las urnas (es decir, eliminar la democracia); o limitar los poderes que se pueden ejercer desde el estado, para que no dé tanto miedo que los indeseables los alcancen.

O podemos hacer lo que hacemos ahora: vivir la democracia como una bipolar concatenación de eras paradisíacas y temporadas en el infierno, angustiados ante la posibilidad de que en un futuro nuestros enemigos políticos nos hagan lo que nosotros les estamos haciendo ahora, y viceversa.

La verdad, no parece tan complicado vivir la vida sin tratar de organizarles las almas a los demás a nuestro gusto. Pero sí debe de serlo, sí.

Yo, como el estadounidense judío ortodoxo Ben Shapiro, prefiero tirar el Anillo a las profundidades del Monte del Destino.

SOBRE EL DICHOSO PIN (LECHES, GARCÍA-MÁIQUEZ FUE MÁS RÁPIDO CON EL CHISTE DE “PIN, PAN, PUN”)

España, al parecer, es un país repleto de gente que sabe cómo educar a los hijos… de los otros. Yo tengo una ligera idea de cómo educar a la mía; espero que salga más o menos bien, aunque no las tengo todas conmigo.

Con respecto a la sexualidad, también tengo una idea aproximada de lo que le quiero contar; aunque sé que tendré que pelear con las opiniones de sus amigos, de los medios de comunicación, de los libros que lea y de las hormonas que la posean (éstas, sin duda, serán mis peores enemigas).

Con lo que no me parece que sea necesario luchar -mejor dicho: contra lo que no creo que yo debiera luchar-, es contra la opinión del estado. No creo que ningún ocupante de la estructura estatal tenga que meter baza en este tipo de asuntos. No porque mis hijos sean míos -no creo que el concepto de propiedad explique de forma adecuada la relación entre padres e hijos-. Mis hijos son mi responsabilidad. Al estado le compete definir qué acciones individuales merecen castigo penal; pero dentro del amplio campo de lo permitido, el estado ni pincha, ni corta. O no debería.

Pero hay gente que no piensa lo mismo. De hecho, en España hay mucha gente que no piensa lo mismo. Por ejemplo, la ministra Celaá y Juan Manuel de Prada. Ellos lo tienen tan claro que hasta pretenden decirnos al resto cómo debemos hacerlo. Ya explicamos en una entrada anterior que, al señor de Prada, más que Diogneto, lo que le va es Magneto. Los estados liberales le resultan una molestia, porque, él sí, ungido de Dios, sabe qué hacer con el poder. Les suele pasar, a los que creen haber sacado a Excalibur de su piedra.

Lo único que me consuela en el aburrimiento de tratar con tanto aspirante a comisario político (o inquisidor), es que la historia suele demostrar que los resultados acaban siendo exactamente los contrarios a los que aspiran.

Mientras tanto, santa paciencia.

EL AGRADECIMIENTO

Es curioso. De niño, tenía una extraña fijación con Canadá. Supongo que debido a las historias de mi abuelo pescador, cuya muerte mi familia unas veces ubicaba en Terranova y otras en Saint-Pierre-et-Miquelon. Me imaginaba el país, no muy lejos de la realidad, como un inmenso bosque. Lo cual me atraía como el susurro de un misterio.

Hace unos años, incluso me planteé emigrar allí. Últimamente, muchas cosas canadienses me están llamando la atención.

Y hoy, dando tumbos por YouTube, me he topado con el discurso de Leonard Cohen al recibir el Premio Príncipe de Asturias de las Letras del año 2011.

Benditos tumbos.

Hace unos días, en un comentario, hablaba yo del escaso agradecimiento que observo entre los miembros del arte español actual. En realidad, apenas observo agradecimiento en la práctica totalidad de las mimadas generaciones españolas a partir de la mía. Y creo que eso explica muchas cosas. El que millones de personas no sean capaces de disfrutar y agradecer lo que tienen; que no sean conscientes de lo difícil históricamente que ha sido tener lo que ellas tienen.

Eso explica muchas cosas.

Pues como dicen algunos de mis principales maestros, el humilde agradecimiento en el pecho de cada cual es la única virtud que vale la pena cultivar.

NUESTRO COMUNISTA MINISTRO DE CONSUMO (NUEVOS PERSONAJES EN EL CALLEJÓN DEL GATO)

Desconocemos las razones por las cuales el nuevo Ministro de Consumo gusta de usar sudaderas con simbología de la extinta República “Democrática” Alemana. No sabemos si es una mera cuestión de aprecio por el diseño vintage o existe cierta necesidad de expresión política en tal elección. Si se trata de esto último, entonces estamos seguros de que La vida de los otros no es una de las películas favoritas del nuevo ministro.

Para ayudar en la lucha contra estos pijos irresponsables, que parecen tener bula a la hora de hacer apología de psicópatas masivos, me uno a la iniciativa de Ángel, y os enlazo con la página en la que podréis ver el documental de Arte France sobre el Gulag soviético (en tres episodios). Dice Ángel que igual no dura mucho en esa web, así que daos prisa.

SOBRE LA NUEVA FISCAL GENERAL DEL ESTADO ESPAÑOL

Decía el Vicepresidente, en una vida anterior…

EL PRÍNCIPE

Siguiendo el hilo de la última entrada del blog de Ángel y los comentarios allí realizados, rebusco en mis archivos digitales para recuperar esta cita del libro de Churchill sobre la Segunda Guerra Mundial:

[extracto de una conversación mantenida por Churchill y Stalin en Moscú, el verano de 1942]

-Dígame –pregunté-: las tensiones de esta guerra, ¿han sido tan malas para usted como llevar a cabo la política de las granjas colectivas?

Este tema enardeció en seguida al mariscal.

-No, no –dijo-; la política de las granjas colectivas fue una lucha terrible.

-Me imaginé que le habría parecido mal –le dije- porque no se trataba de un puñado de miles de aristócratas o grandes terratenientes sino de millones de hombres humildes.

-Diez millones –dijo, alzando las manos-. Fue espantoso. Duró cuatro años. Era absolutamente necesario para Rusia si queríamos evitar hambrunas periódicas labrar la tierra con tractores. Teníamos que mecanizar nuestra agricultura. Cuando entregábamos tractores a los campesinos todos quedaban estropeados al cabo de pocos meses. Las únicas que podían ocuparse de los tractores eran las granjas colectivas que tenían talleres. Nos costó mucho explicárselo a los campesinos. No tenía sentido discutir con ellos. Cuando uno le ha dicho a un campesino todo lo que tiene que decirle él dice que tiene que ir a su casa a consultarlo con su mujer, y tiene que consultarlo con su pastor.

Nunca había oído esta expresión en este contexto.

-Después de consultarlo con ellos siempre responde que no quiere granjas colectivas y que prefiere arreglárselas sin los tractores.

-¿Eran los que llamaban kulaks?

-Sí –respondió, aunque sin repetir la palabra; y añadió, tras una pausa-: Fue todo muy malo, y difícil, pero necesario.

-¿Qué ocurrió?

-Pues –dijo-, que muchos aceptaron lo que les proponíamos. A algunos les dimos su propia tierra para que la cultivaran, en la provincia de Tomsk o en la provincia de Irkutsk, o más al norte, pero la gran mayoría fueron muy impopulares y sus trabajadores los eliminaron.

Hubo una pausa considerable; después añadió:

-No sólo hemos incrementado considerablemente el suministro de provisiones sino que hemos mejorado la calidad de los cereales de forma inconmesurable. Antes se cultivaban todo tipo de cereales. Ahora nadie está autorizado a sembrar más que el cereal soviético estándar, de un extremo a otro del país. Si alguien no lo hace recibe un duro castigo. Esto supone otro gran incremento de las provisiones.

Apunto estos recuerdos a medida que me vienen a la memoria, así como la fuerte impresión que me produjo en ese momento pensar en millones de hombres y mujeres eliminados o desplazados para siempre. Sin duda llegará una generación que desconozca sus miserias, pero seguro que tendrá más que comer y bendecirá el nombre de Stalin. No repetí la máxima de Burke: Si no puedo tener reforma sin injusticia prefiero que no haya reforma. A nuestro alrededor se estaba librando una guerra mundial así que parecía inútil moralizar en voz alta.”

            La Segunda Guerra Mundial, de Winston S. Churchill; La Esfera de los Libros, 2002, vol. II; pgs. 177-178.

NETHERLANDS BACH SOCIETY

La verdad es que el canal de YouTube de esta sociedad musical es un sinfín de tesoros por descubrir.

A destacar el magnífico cuidado que ponen tanto en las interpretaciones como en la calidad de los vídeos, exquisitamente dirigidos y editados.

Es para dedicarle muchos ratos tranquilos, pero hoy me apetece compartir su Pasión según San Juan, cuyo comienzo siempre me ha parecido una de las piezas musicales más bellas compuestas por el ser humano.

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