El sosiego acantilado

non mea voluntas

LEYENDAS PARA UNA PEQUEÑA VALQUIRIA

Es una historia que mi bisabuela solía repetir en sus últimos años de vida.

Mi tatarabuela Dolores, la madre de la madre de la madre de mi madre, murió nueve meses antes de nacer yo. Por lo que se cuenta, fue una mujer extraordinaria. Casada con un carabinero, tuvieron una decena de hijos. Lo cual no les impidió adoptar a un niño que encontraron abandonado en una cuneta. Donde comen doce, comen trece.

De una reciedumbre extrema, tenía frases del tipo: la mujer que no quiere tener más de un hijo es una fulana.

La historia que le gustaba repetir a mi bisabuela trataba sobre una cuñada de su madre Dolores, a la que su marido solía insultar y pegar cuando se le iba la mano con el alcohol. También solía pegarles a sus hijos.

Así que mi tatarabuela decidió ir a verla para darle el siguiente consejo: cuando él empezase a insultarla, ella debía irse a la cocina. Antes tenía que haber escondido allí un buen palo. Cuando el marido hiciese amago de pegarle, ella debía tirarle a los ojos una presa de ceniza, para cegarlo. Hecho esto, debía coger el palo y pegarle en la espalda (no en ninguna parte delicada o peligrosa) hasta que se quedase sin fuerzas.

La cuñada de la tatarabuela Dolores siguió el consejo. El marido se pasó varios días recuperándose de la paliza. Nunca más volvió a ponerle la mano encima.

Éstas son el tipo de historias que escuchará mi Pequeña Valquiria, si Dios quiere. Para que sepa la sangre que corre por sus venas. La sangre a la que tiene que rendir honores.

‘La Vigilia de la Valquiria’, de Edward Robert Hugues (alrededor de 1915)

LUME

-¿Tiene muebles viejos?

La señora escrutaba los varios pares de ojos que le devolvían la mirada más allá del umbral de la puerta recién abierta. La mujer se quedaba pensativa un momento y se metía dentro de casa. Los chiquillos esperábamos ansiosos.

Había habido suerte: una mesilla de noche. No era muy grande, así que podíamos llevarla sin problemas entre todos.

Hasta la luminaria.

Alguien había traído el enorme palo central una semana antes y lo había apuntalado en el descampado al lado de la Plazoleta. Nunca tuve muy claro de donde lo sacaban los mayores (los chavales de 15 o 16 años). Por allí cerca teníamos la cabaña donde leíamos nuestros primeros cómics pornográficos. Dejamos la mesilla de noche en la base de la luminaria, en constante crecimiento.

Se acercaba San Juan. El cole había terminado. Empezaba el verano. No podíamos ser más felices.

Cada barrio de Ferrol preparaba su propia luminaria. Alrededor de la hoguera principal se encendían otras más pequeñas, que eran las que se saltaban para cumplir con el anual bautismo de fuego. Se asaban sardinas y todo el barrio se reunía alrededor del fuego.

No hay día del año que me duela más estar lejos de La Ría.

Años más tarde, pude vivir San Juan de otra manera. Pasaba unos días en la Seaña, en casa de mi tía Marisa. La Seaña es un lugar de Mugardos, en la margen izquierda de la ría de Ferrol. De ahí proviene mi familia materna.

Cuando se va acercando La Noche, en cada casa se va preparando una hoguera. Y entonces, según va creciendo la oscuridad, y en el cielo van naciendo a docenas las estrellas, La Ría se va poblando de pequeños puntos de luz, que reflejan en la tierra el portentoso espectáculo cósmico de la Creación.

No hay día del año que duela más estar lejos de La Ría.

Pero ahora regresar por San Juan sólo tendrá sentido si es para mostrarles esa belleza a sus ojos de niñas curiosas. Madre e hija. Dios mediante.

45 AÑOS

 Mi amigo Paco me pasa este interesantísimo enlace, en el que se puede ver a Nasser reírse de las pretensiones del líder de Hermanos Musulmanes.

Para mí, el dato relevante es la comparación entre las dos fotos que acompañan al artículo. Una está tomada en 1959, la otra en 2004; ambas, en la universidad de El Cairo.

Nasser se reía de Hermanos Musulmanes. Pero la diferencia entre ambas fotos es el resultado de 45 años de su intenso trabajo militante.

Nasser era socialista y trató de cambiar la sociedad desde el estado; Hermanos Musulmanes es una sociedad islámica de base, dedicada, entre otras muchas cosas (terrorismo incluido), a la protección económica de huérfanos y viudas. Una auténtica red social estructurada más allá del estado, con capacidad política en la actualidad para hacerse con el gobierno de Egipto de forma legítima a través de elecciones democráticas (a no ser que haya golpes de estado que los expulsen del poder).

45 años.

Veamos quién se ríe en Europa dentro de 45 años de lo que se ríe ahora.

EL CABALLERO DE LA ROSA

Decido dejarme acompañar durante las comidas por mi colección de óperas aún no vistas. Entre las cuales figuran aquellos DVD que me fueron regalados hace años, durante mi época de portero de fin de semana.

Era una importante familia burguesa, de histórico renombre, acostumbrada a vivir con el dinero suficiente como para no jerarquizar sus prioridades en base a criterios cuantitativamente superficiales. Sus coches eran baratos, funcionales y no les importaba que cumpliesen años; pero todos los veranos tenían plaza reservada en Salzburgo o en Bayreuth. Lo primero es lo primero; y lo primero, para aquella familia, era el arte elevado a su más alta expresión. Algunos de los regalos que ellos recibían en aquellos festivales me eran ofrecidos a mí a la vuelta. Mostraban cariño e interés por ese portero que siempre estaba leyendo, estudiando y escuchando música. Le hacían recomendaciones, conversaban con él sobre literatura.

La familia tenia un amigo que, más que amigo, era otro miembro de la misma. Pasaba el hombre más tiempo en aquel edificio que en su propia casa. Una persona jovial, con una cultura portentosa, apasionado de la ópera y la literatura. Adoraba las obras de Richard Strauss, especialmente las que tenían libreto de Hofmannsthal. Y se empeñó en que yo también las amase. Así que le dijo a su fiel y viejo amigo, uno de los miembros de aquella familia, que me grabase un buen puñado de las que ellos tenían.

Sonrío al recordar su pasión por Florencia. Es inagotable -me dijo tras pasar allí una semana, por enésima vez-; uno podría demorarse durante días en los detalles de una sola de sus iglesias…

Una vez me dio a leer un artículo suyo sobre El Anillo wagneriano, en el que pude vislumbrar cierta tristeza profunda tras su alegre y campechana fachada.

He tardado cierto tiempo en cumplir los deseos de aquel hombre. Aún me emociona recordar el sincero y cariñoso abrazo de despedida que me dio el último día que trabajé en aquel chiscón.

Me gustaría que supiese lo feliz que me ha hecho hoy con su regalo.

Porque yo sé que él piensa, como pienso yo, que el placer de gozar la belleza sólo es superado por el placer de regalarla a quien aún no la conoce.

KNOW YOUR ENEMY

“Protegido por las autoridades, Abdel Wahab comenzó a imponer la nueva teoría, bautizada Dawa lil Tawhid (Invocación al monoteísmo) y resumida en su obra Kitab al-Tawhid. El libro del monoteísmo es más un compendio de ideas que un libro en sí mismo; serán sus sucesores quienes después lo ampliarán hasta convertirlo en un vasto tratado de cuatro volúmenes. En el original, el fundador del wahabismo defiende el monoteísmo absoluto, rechaza la innovación y reduce el islam a una interpretación única de El Corán y el Hadiz, fruto de su propia reflexión personal. Elogia la yihad y subraya que la verdadera religión se difundió gracias a la lucha contra los idólatras y los politeístas. Según Abdel Wahab, todo aquel que no abrace de forma voluntaria su visión de la fe debe ser combatido. El clérigo impuso, además, una serie de normas de conducta que debían ser observadas. El verdadero musulmán, afirmaba, debe jurar lealtad absoluta a su líder religioso; debe respetar sus enseñanzas, tiene obligación de sumarse a la yihad contra los apóstatas, los blasfemos y los descreídos; y debe odiarlos. En recompensa, tiene garantizada la protección de Alá y el amor del Profeta y de los primeros musulmanes. Y, si muere como mártir, las puertas del Paraíso se le abrirán de par en par. No existen más alternativas. El único camino es el amor, la admiración y la ayuda a aquellos que practican el tawhid, y la aversión y la hostilidad hacia los infieles y los politeístas, resume el propio Abdel Wahab.

Los habitantes del Nejd no aceptaron voluntariamente la nueva doctrina. Su adhesión al wahabismo fue, en gran parte, fruto del terror. Apoyado por los jinetes del gobernador, Abdel Wahab ordenó la quema del santuario en el que se veneraba a uno de los supuestos compañeros del Profeta y el arresto de los hombres y mujeres que no obedecieran sus principios. Sus acciones enervaron a los clérigos locales. La gota que colmó el vaso fue la condena a muerte a una mujer acusada de adulterio. Abdel Wahab tuvo que huir de nuevo. Esta vez fue la definitiva. Halló refugio en el oasis vecino de Dariya, donde su gobernador, un guerrero llamado Muhamad Ibn Saud, había acogido con entusiasmo su concepción de la religión verdadera. Como en tiempos pretéritos, los dos hombres sellaron su amistad con un acuerdo matrimonial. Una de las hijas de Abdel Wahab se casó con el vástago mayor de Ibn Saud. En 1744, ambas familias formalizaron una alianza que desvió el derrotero de la historia.

[En 1932], una vez pacificadas y unidas todas las tierras conquistadas, Ibn Saud anunció el nacimiento del nuevo reino de Arabia Saudí. Su mejor asesor, Harry St. John Philby, que había adoptado el nombre de Abdulah, terció para garantizar la explotación de la nueva riqueza a la Standard Oil Company de California, en consorcio con una empresa local, lo que después daría origen al alumbramiento de ARAMCO, una de las mayores empresas de petróleo del mundo, y a la estrecha cooperación entre el nuevo país y Estados Unidos. El fundador del reino moría en 1953, y fue sucedido por sus dos hijos mayores: Saud y, después, Faisal. La cambiante situación regional convirtió a Arabia Saudí en el nuevo bastión del puritanismo. La ascensión del socialismo castrense en Egipto y las revoluciones en otros países de la zona fueron percibidas como una amenaza. El wahabismo se apoderó entonces de la bandera de la defensa de la fe. Fomentó la creación de organizaciones como el Comité Supremo de Propagación Islámica o el Consejo Supremo Mundial de Mezquitas, y se involucró en un feroz proyecto proselitista que, con los años, cambiarían la faz del mundo. El empujón definitivo llegaría con la guerra del Yom Kipur y la crisis de los precios de la OPEP, que en 1973 llenaría las arcas de una casta de fanáticos ulemas dispuestos a exaltar la intransigencia. Los peores presagios se cumplieron. A principios del siglo pasado, el coronel Van der Meulen, cónsul de Holanda en Yeda entre 1926 y 1945, ya había vaticinado que si la religión es utilizada para exaltar los sentimientos de orgullo y de superioridad en almas primitivas, a las que además se les enseña el deber de la guerra santa, el resultado será heroísmo, crueldad, estrechez de mente, atrofia de lo que es humano y de lo que son los valores verdaderos en el hombre y en el pueblo.

Suníes y chiíes. Los dos brazos de Alá, de Javier Martín; Catarata, 2008; pgs. 139-140, 151-152.

TIERRA

Mi jefa es uno de esos funcionarios por los que el sistema es capaz de llevar a cabo algunas de las bondades que se le suponen. Es una gran jefa y una gran compañera. Soy muy afortunado de estar bajo sus órdenes.

Nació en uno de esos pueblos bercianos perdidos entre las montañas que hacen de frontera con Galicia; de hecho, con su familia habla en gallego, aunque ella no se considera gallega (es realmente interesante el tema del sentimiento identitario, en esta bella comarca del Bierzo). La casa familiar está rodeada de una finca de un cierto tamaño, dedicada a diversos cultivos, fruto de muchos años de ahorro y trabajo de todos sus miembros.

Hace unos días, mi jefa tuvo que ir al pueblo a buscar a su madre, que se había acatarrado, para llevarla al médico aquí en Ponferrada. Y aquí sigue la mujer, en casa de su hija, recuperándose del resfriado.

Parece ser que la señora se adapta bien a vivir fuera de su hogar. Pero no ocurre lo mismo con el padre. No le gusta salir de sus tierras y venir a la ciudad.

Cuando mi jefa le pregunta por qué, el hombre responde con retranca:

-Miro a un lado, nada mío. Miro al otro, nada mío. Aquí sólo tenéis cuatro paredes.

El comentario me hace sonreír. Simpatizo con su orgullo de pequeño propietario campesino. También yo veo verdad en su forma de entender la vida.

CRÓNICAS DE UNA NO-FAMILIA

…si el arte consiguiera reflejar con cierta honestidad el caos actual, ya sería un gran logro; y en realidad no se le podría pedir más. Si uno se siente capaz de expresar una idea coherente, bien está; si tiene dudas, debe comunicarlas también. Personalmente, creo que el único camino es seguir expresando, sin compromisos, las contradicciones que me desgarran…

El mundo como supermercado, de Michel Houellebecq; Anagrama, 2000; pg.110.

Sentados en uno de los últimos bancos, esperan el comienzo de la misa. Por primera vez asisten juntos. Es Domingo de Resurrección.

Ella insistió en que fuera a esa iglesia. La iglesia en que fueron bautizados todos los miembros de su familia. También ella.

Él se sorprende al saber que ella ha decidido acompañarle.

La iglesia fue levantada hace casi nueve siglos. Al entrar, ella le lleva hasta la pila bautismal. Ya sentados, él se queda mirando la amenazante inclinación de los arcos interiores; bastos contrafuertes fueron añadidos en el siglo XVIII para corregir las debilidades del edificio.

Al terminar, ella se acerca a la sacristía para saludar al sacerdote: el mismo que la bautizó hace casi cuarenta años.

Poco antes, mientras miraban a la gente comulgar, ella le preguntó: ¿lo echas de menos? 

Él sonrió y se quedó pensando un momento.

, respondió, mientras acariciaba su bella barriga de embarazada.

EL SOSIEGO ACANTILADO NO ES UN BLOG CATÓLICO

Con el fin de evitar posibles engaños y malentendidos a los lectores de este blog, me creo en el deber de exponer, de forma más explícita, que el autor y responsable de este blog, no otro que yo mismo, se encuentra desde hace unos meses en situación objetivamente irregular respecto de la Doctrina de la Iglesia Católica.

Las posibles soluciones ortodoxas a tal situación son, desde mi propia conciencia, inasumibles. Siendo coherente, por lo tanto, reconozco públicamente que pongo mi propio criterio por encima del de la Iglesia, lo cual todo católico sabe que no puede ocurrir.

Consecuentemente, mi fe no es suficiente para ejecutar las obras que me son ordenadas.

Este blog seguirá mostrando el mayor de los respetos y simpatías por el Catolicismo, a pesar de que yo no me puedo considerar ya a mí mismo católico.

Sin más, valga lo que valga, que Deus lles teña no seu colo.

CUENTO DE ADA

…de esta manera el principito fue domesticando al zorro.

El granjero dejó de leer, al ver que los ojos de su hija estaban a punto de cerrarse. Dejó el libro sobre la mesilla y se quedó mirando su melena rubia. De repente, los ojos de la niña volvieron a abrirse.

-Me gusta mucho el zorro, papá -musitó.

-A mí también, Ada -dijo el granjero.

Besó a su hija en la frente, apagó la luz de la habitación y cerró la puerta al salir.

A la mañana siguiente, lo primero que hizo Ada al despertarse fue ir corriendo a asomarse a la ventana de su habitación, situada en el segundo piso de la casa. Vio al gallo estirar las alas entre las gallinas y a los pollitos que picoteaban entre las hierbas. Vio al perro Yuri apurar el último sueño de la noche, sólo la cabeza sobresaliendo de su caseta. Vio los lirios y los rosales. Pero no conseguía ver a Rolando.

De repente, un grupo de ocas apareció apresuradamente tras el cobertizo. A la cabeza iba Rolando, la oca favorita de Ada. Era su oca favorita, porque, a pesar de ser el jefe de todas ellas, era la única que no intentaba picarle cuando se acercaba a darles de comer. De hecho, se dejaba acariciar por la niña.

Otra figura apareció tras el cobertizo. Era su tío Lope. A Ada le daba un poco de miedo su tío. Apenas hablaba y parecía siempre serio. Se fijó en que traía algo en la mano derecha, unos extraños hierros que hacían clin-clin mientras se acercaba a la entrada de la casa.

Ada se alejó de la ventana y bajó las escaleras corriendo, muerta de curiosidad.

-¿Cepos? -oyó decir a su padre.

-El zorro entró ayer en dos casas de Simou -dijo su tío.

-¿Queréis matar al zorro? -preguntó Ada, entrando de repente en la cocina.

El granjero miró la cara de susto de su hija. Después se acercó a la mesa, donde su hermano Lope había dejado los cepos. Los cogió y se los tendió.

-Simou no está tan cerca -dijo el granjero.

Lope dejó de parpadear durante unos segundos. Cogió los cepos y se fue sin decir adiós.

Ada se despertó en medio de la noche. Todos los animales parecían haberse vuelto locos. Oyó luces que se encendían en la casa, escaleras bajadas a toda velocidad, puertas batiéndose con estrépito.

Cuando Ada llegó a la puerta de la casa, pudo ver a su padre, en pijama, con la escopeta colgando rendida de su mano derecha. Sus pies manchados de algo rojo, a lo que se habían ido pegando plumas de diversos colores y tamaños. Yuri no paraba de ladrar como un loco, parecía a punto de romper su cadena. Mientras su padre abría con el rostro desencajado la puerta del gallinero, Ada pudo ver el cuerpo sin vida de Rolando, despedazado entre los cadáveres de sus compañeros.

Ada vomitó antes de que su madre la metiera dentro de casa.

Al día siguiente, el granjero llamó a su hermano por teléfono. Lope llegó para el desayuno. Ada observaba en silencio cómo su tío comía con apetito, al tiempo que echaba largas miradas a las afiladas mandíbulas metálicas de los cepos.

-Tío.

-¿Qué?

-¿Los zorros son malos?

-Los zorros son zorros.

-¿Se pueden domesticar?

Lope miró a su sobrina, mientras terminaba de masticar su tostada.

-No.

Ada se quedó en silencio, rascando la mesa con la uña de su índice derecho.

-Los zorros son zorros -repitió Lope, levantándose de la mesa.

Ada le siguió hasta la valla de la granja y le vio internarse en el bosque cercano, con los cepos colgando a su derecha, haciendo clin-clin mientras caminaba. Esa noche, Ada no quiso que su padre le siguiera leyendo aquel cuento.

A la mañana siguiente, Ada fue andando hasta la valla de la granja. Se quedó mirando el bosque, desde allí, la barbilla apoyada en los brazos. Cinco minutos después, atravesó la valla y se dirigió al bosque.

Había llovido y olía a humedad antigua. Ada escuchaba ruidos extraños, de los que nunca había oído hablar. Las sombras parecían tener vida, entre los árboles.

De repente, Ada oyó algo, como un gemido. Se acercó sigilosamente al lugar del que provenía. Allí estaba, retorciéndose en el suelo, con una pata atrapada entre las mandíbulas de acero. El zorro miró aterrado a la niña que se aproximaba y después dejó de prestarle atención, para seguir con lo que estaba haciendo: intentar arrancarse la pata a mordiscos, para liberarse de la trampa.

Ada se detuvo y se sentó en el suelo, a unos metros de distancia. Se abrazó las rodillas y se quedó mirando al zorro desesperado.

-¿Por qué mataste a tantos? -preguntó; el zorro se quedó mirándola, antes de insistir en su intento de huida-. No podías comértelos a todos. Bastaba con matar a uno y llevártelo. ¿Por qué mataste a tantos?

El zorro, furioso, dejó de morderse la pata y trató de saltar hacia Ada. Pero un golpe seco lo detuvo. Lope limpió la sangre de su bastón, se subió a Ada a los hombros y volvió a la casa de su hermano, llevando en la mano derecha al zorro, que colgaba del cepo.

Ada sonreía durante el paseo de vuelta. Podía ver muchas cosas que normalmente no veía, desde los hombros de su tío.

“Casita de dulces”, de Guillermo Lorca (2011)

QUERIDA ANA OFELIA, HIJA MÍA

Querida Ana Ofelia, hija mía:

ayer, tu madre y yo nos echamos a dormir la siesta, nariz con nariz, y tú quedaste en medio, rodeada por nuestros cuerpos. Creo que te gustó la sensación, porque no parabas de moverte, y pude notar en mi propio ombligo las volteretas de tu creciente cuerpecillo.

Cuando -Dios mediante- nazcas, no podremos volver a ofrecerte tal sensación de seguridad. Llegas a un mundo complicado -¿y cuándo no lo ha sido…?-, que, me temo, no va a dejar de complicarse en los años por venir. Tus años.

Así que estoy pensando qué hacer para ayudarte. Qué ofrecerte que te pueda resultar útil en la vida.

Algunas personas piensan que se me da bien escribir. Así que, si Dios quisiera, me gustaría que me diera ideas para escribirte cuentos.

¿Por qué cuentos? Antes de nada, quiero que conozcas a alguien. Un señor inglés, que vivió hace un tiempo, y que realmente escribía muy bien. Y pensaba aún mejor. Era muy rubio, muy alto y muy gordo, y le encantaba contar historias a los niños. También le encantaban los títeres, como a mamá. Se llamaba Gilberto y, en cierta ocasión, escribió lo siguiente:

Los cuentos de hadas no le dan a los niños su primera idea de los monstruos. Lo que los cuentos de hadas le dan al niño es su primera idea clara de la posibilidad de vencer a esos monstruos. El niño sabe íntimamente del dragón desde que tiene imaginación. Lo que el cuento de hadas le trae es un San Jorge para matarlo.

No te voy a mentir, hija mía: vienes a un mundo repleto de monstruos. Tantos y tan poderosos, que a veces sentirás deseos de rendirte. Perderás la esperanza. Creerás que el mundo está mal hecho, que nada tiene sentido.

Pero no es verdad. Tu padre no lo cree así. Tu padre cree en algunos buenos cuentos que alguna buena gente le ha leído; algunos buenos cuentos que él mismo ha encontrado. Porque tu padre es un buscador de cuentos. Ese es mi auténtico oficio: soy un detective, a veces un poco salvaje, que trata de encontrar los mejores cuentos del mundo. Porque son esos cuentos los que me hacen sonreír en medio de la nada. Son los que me hacen apretar los dientes, cuando se desatan el dolor y la desesperanza.

Eso es lo que te voy a ofrecer, si Dios quiere. Y si puedo aportar alguno de mi propia cosecha, pues bienvenido sea.

En cualquier caso, espero que te ayuden a matar muchos dragones.

Calle del Orco

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El perfil menos humano

“En aquella idea vaciaba, como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir; en aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y quizá menos humano de su carácter”

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Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester