El sosiego acantilado

NON MEA VOLUNTAS

DAR LA TALLA

Cómo estar a la altura del cauce de los ríos, las lluvias de primavera y la brisa de los acantilados.
De la ebriedad del vino, la compañía de los amigos, las caricias de una amante.
De la curiosidad de un libro, la sabiduría de un fracaso, la soledad de la muerte.
De la belleza de la herida, el sacrificio de un héroe, la creencia en el perdón.
De la felicidad de un hijo, el orgullo de una madre, la salvación de un dios.

Cómo estar a la altura de la desconcertante casualidad de tu existencia, de la desbordante generosidad de tu paciencia, de la alegre entrega de tu pasión.

Cómo estar a la altura, en definitiva, de tu amor.

LAS COSAS DIMINUTAS

Crece el color azul en el día.

Salen los productos de limpieza del lugar en el que suelen esperar. Limpia la suciedad del vaso donde reposan los cepillos de dientes. Deja en remojo jabonoso la escobilla.

Siente en el torso desnudo el fresco de la mañana de septiembre, que penetra por la pequeña ventana. Se arrodilla para frotar cada punto de la bañera.

Desaparecen las manchas ocultas de la taza del váter. Mientras lo hace, piensa en Dios. Y en que hay que vestir a la niña para ir a misa de diez. Los restos acumulados en los tapones. Olvidos orgánicos e industriales son eliminados de la existencia.

Mientras llena el cubo de la fregona, vuelve a pensar en ella. Una vez más. O quizá no haya dejado de hacerlo. Simplemente, hay momentos en que es más consciente de ese movimiento autónomo de su alma.

Se fija en las manchas de su pantalón. Habrá que echarlo a lavar. Ir a misa un poco curioso.

Disfruta del olor a limpieza química, del brillo artificial de los azulejos recién aclarados.

El placer de poner orden. De hacer el mundo más bello y amable para ellas.

Recuerda la sensación de calma de ayer, tras aceptar el camino. Quiere esa pausa, para su escritura. Y el ritmo artesanal de todo lo que ocurre en Phantom Thread.

El paciente relato de las cosas diminutas, donde moran los quicios de la existencia plena.

PHANTOM THREAD

ANYTHING REAL SHOULD BE A MESS

-How can you tell the difference? Can you tell if something really happened?
-They all think it’s about more detail. But that’s not how memory works. We recall with our feelings. Anything real should be a mess.

Blade Runner 2049.

Una pintora me dijo algo muy parecido hablando de su arte: la realidad no se percibe como un sumatorio exacto de detalles; es, más bien, una composición de manchas de diversos tamaños y colores.

Por eso Velázquez resulta más verdadero que cualquier pintor hiperrealista.

Por eso quizá los sentimientos, cambiantes, pueden acabar transformando los recuerdos. El que escribe diarios sabe que ocurre: no pocas sorpresas se dan al leer páginas antiguas…

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Como los carballos de Simou de esta fotografía, tan exacta. Esos carballos a los que yo me subía, pequeño barón rampante, hace más de treinta años. En esta maraña verde mora mi recuerdo infantil. Pero los árboles sobre cuyas ramas me senté ya no existen, ni siquiera en esta fotografía.

No se puede captar la verdad con sobreabundancia de minucias.

Para la verdad inequívoca de aquella tarde, bastan nuestras risas cómplices sobre la cama.
Aunque ya nunca se repitan.

PARDOS HAMBRIENTOS

Al salir del metro, el dorado de las cinco cúpulas de Santa María Magdalena resultaba aún más bello en contraste con el gris tormenta del cielo.

Pues llovió toda la tarde.

Hoy he salido a correr con la camiseta que vistió mientras comía helado de fresa y nata. Su favorito.

Es una pena que no crea ni una sola palabra que sale de su boca, porque en su boca moraría por el resto de mis días, también yo helado que sin prisa se deshace.

Al bendecir las comidas, cito su nombre; y en las tres cuentas que en cada misterio dedico a rezar por alguien, es ella la principal protagonista.

Arrodillado en la iglesia, doy gracias a Dios por darme a conocer la mujer con la que he vuelto a pecar. Y acepto finalmente, sin mayor reproche, las consecuencias lógicas de mi nueva traición.

UNA PEQUEÑA MANCHA

Hay una pequeña mancha en la cama.
Me quedo inmóvil, como ante el cadáver de un océano.
Sigo con mis tareas, como rogándoles que me salven.

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MOMENTOS DE UN VIAJE

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EL MAR SOSIEGA SU IRA

Cuenta la leyenda que en Simou, lugar del concello de Mugardos, había una fábrica de jabón. Un incendio destruyó todo, salvo una imagen que presidía el edificio: una imagen de San Antonio de Padua.

Confirmado el milagro, los lugareños construyeron una ermita para guardar aquella imagen. Y no tardando mucho, la ermita se convirtió en centro habitual de peregrinación comarcal.

En el campo alrededor solía celebrarse la fiesta de San Antonio.

Hoy he visitado la ermita en compañía de mi tía Marisa. La ermita está dentro de una propiedad privada, cuyos dueños permiten el acceso gratuito a los devotos de la zona. Los martes, en concreto, la puerta de la ermita está abierta para cualquiera.

Mi tía ha traído tres velas de casa. Todas las que se ven en la foto han sido encendidas hoy mismo. Mi tía se ha persignado y ha cogido el libro de oraciones para rezar.

Y entonces ha venido la sorpresa, al leer el responsorio de San Antonio…

El mar sosiega su ira…

San Antonio de Padua, iglesia de Alvarado que tantos años habité. Ante cuya imagen llevé a mi hija hace pocos meses.

San Antonio de Padua, dejé a mi tía en el prado, y volví a entrar en tu santuario para pedirte por este amor débil, naciente y amenazado.

Sé que nada merecemos, pero protege nuestro encuentro milagroso. Esperanzador.

Protégela a ella, al menos.

Que el mar sosiegue su ira, venerado San Antonio. E que Deus nos teña no seu colo. A todos.

PROMESA DE COMPAÑÍA

Trato de que las fotografías me den conversación, pero son de natural callado. Doy vueltas en el remolino del silencio y ninguna imaginación me es ajena. 

Hoy llevé a mi hija hasta la Piedra Grial, que siempre fue un avatar del sacrificio, y sospecho que los dioses han exigido peaje. 

Leo el cuento de esta noche con un nudo en la garganta y lágrimas de guarnición. Mi hija nota algo en mi voz y pregunta por qué leo así. No sé qué he respondido. 

Me dispongo para jornadas de absoluta soledad, rodeado de los míos, en las tierras de mi Casa.

Y una promesa de compañía que he de guardar hasta que el mundo me demuestre que he vuelto a equivocarme. 

AGOSTO

Aplasta agosto
con sus horas hueras
y sus cazas furtivas.

Con las iglesias cerradas
y los pecados secando al aire
que no es aire sino llama.

Desgasta agosto
en su paréntesis de todo
y es el amor que acompañar no puede
salvo tragar desde la barrera el suceder apretado de los lances.

Disgusta agosto
que multiplica kilómetros por vidas
y convierte ciudades vecinas en planetas lejanos.

No hay sosiego en la pausa de agosto:
sólo la paz de las carreteras cortadas
y el hastiado musical de los suspiros.

BAUTIZO

El tiempo es llegado, Dios mediante, de llevar a mi hija hasta los caballos que vigilan el ocaso. Hasta el limes sagrado del mundo. Para bautizarla en la belleza de la que nacen los dioses.

Yo, padre sacerdote, percibo la tensión en las cadenas del tiempo. Agarraré su mano pequeña y la llevaré de paseo por la geografía de mi alma. Todos esos lugares que soy, todos esos lugares que me soportan.

Todos esos lugares que a tantos antes han dado forma.

Así protegeré y condenaré a mi hija, al mismo tiempo. Pues su ser ya no podrá conformarse con cualquier cosa. Quedará comprometida y obligada a una determinada búsqueda, umbrales por debajo de los cuales nada valdrá la pena.

Sí, hechizaré a mi hija en el fin del mundo, para que no le quede más remedio que vivir en el acantilado, tratando de mantener la calma sin aliento. Auriga de ángeles y demonios, domadora de vientos, redera en océanos salvajes.

El único lugar donde la vida merece ser vivida.

Herbeira

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