El sosiego acantilado

non mea voluntas

REGALOS DE DIOS

Es una historia y, en cuanto tal, una de tantas historias, pero con la peculiaridad de que se trata de una historia verdadera.

El rape tenía un toque ahumado que llenaba el paladar. La sensación mutaba ante la repentina llegada a la boca del Palo Cortado.

Gozaba yo de mi regalo con infantil alegría, descubriendo nuevos sabores, cuando José Luis me habló de un pequeño cuento de Chéjov. Le dije que no lo conocía.

Así que, unas horas más tarde, mientras me entretenía recordando las experiencias gustativas de la comida, José Luis me envió un enlace con el relato.

Entonces pensó que la verdad y la belleza que habían orientado la vida humana en el huerto y en el palacio del sumo pontífice, habían continuado sin interrupción hasta el tiempo presente y siempre constituirían lo más importante de la vida humana y de toda la tierra.

El cuentecillo fue tirando de un hilo en mi cabeza al que estaban atados otros textos, como esas hermosísimas palabras de Pärtsiempre lo más contemporáneo es esa obra en la cual hay una solución más cierta y grande.

Para acabar en esa parte de El Hombre Eterno con la que he encabezado esta entrada y que termina así:

Pero, ante el interrogante histórico de porqué fue y es aceptado, contestaré con lo que es una respuesta para muchos otros miles de interrogantes: porque se ajusta a la cerradura, porque es como la vida. Es una entre muchas historias, con la particularidad de ser una historia verdadera. Es una entre muchas filosofías, con la particularidad de ser la verdad. Lo aceptamos, y encontramos que la tierra es sólida bajo nuestros pies y el camino expedito ante nuestros ojos. No nos aprisiona en el sueño del destino o la conciencia de un engaño universal. Nos abre a la vista no sólo cielos increíbles, sino lo que a algunos les parece una tierra igualmente increíble, haciéndola creíble. Es esa clase de verdad que resulta difícil de explicar por tratarse de un hecho; un hecho para los que podemos llamar testigos. Somos cristianos y católicos no porque adoremos una llave, sino porque hemos atravesado una puerta y hemos sentido el viento, el soplo de la trompeta de la libertad sobre la tierra de los vivos.

Y entonces entiendo la esencia de mis regalos de hoy. Entiendo que José Luis es un regalo de Dios.

Uno de esos hombres con los que a uno le gustaría ir a robar caballos al amanecer.

palo-cortado

YOU CANNOT OWN A CHILD OF GOD

Solo en la sala.

A veces pasa, en la primera sesión. Suele pasar, en estas vidas que nos hemos dado.

Es fácil entender nuestra esclavitud, viendo esta película. No sabemos hacer nada de lo que esos hombres supieron hacer para resistir el poder de un estado.

Sabemos enviar correos masivos con nuestros CV. Sabemos pagar los máster donde perdemos el tiempo que nos ha dado Dios. Sabemos evadirnos y olvidar.

Pero no sabemos cultivar y criar nuestra propia comida. No sabemos hacer casas.

No sabemos disparar.

No sabemos sufrir. No sabemos amar.

Y como no sabemos nada, nada somos y somos propiedad de otros.

Habrá que buscar esos saberes que nos permitan resistir.

Y el saber primero, es saberse hijo de Dios. Porque nadie puede ser dueño de un hijo de Dios.

UN ENTE DE FICCIÓN

“-Ha elegido -dijo- el mejor sitio para contemplar el golfo. Arriba, desde la cima de Notre Dame de la Garde, que sirve como punto de referencia a los barcos sobre el mar, puede sin duda abarcar un panorama más extenso, pero los detalles pierden definición. En mis viajes he visitado muchos puertos bellos, pero sigo pensando que éste no se queda a la zaga. Esa sierra que abraza la bahía como el borde curvo de una concha es una estribación de los Alpes Marítimos; y la fortificación blanca sobre la isla de enfrente se llama el Château d’If. ¿Le suena el nombre tal vez?

Al decirle que lo conocía por El Conde de Montecristo, mi respuesta pareció alegrarle.

-Ah, un homme de lettres; me lo imaginaba. Por favor, ¡permítame ver sus manos! -Y sin previo aviso agarró mi mano derecha y examinó la palma con gran atención. Entonces prosiguió-: Naturalmente el Conde de Montecristo es un ente de ficción. De todos modos, en el castillo de enfrente le enseñarán incluso el pasadizo subterráneo que excavó el abate Farina. Por cierto, un poco más al fondo aún verá otra isla literaria; le llaman Fort Ratonneau.

También aquí capté la alusión, y mi apunte pareció agradar de nuevo al desconocido.

-Veo que es usted una persona bien instruida; sin duda, aún no se ha dedicado a labores que encallezcan las manos. Si le apetece, me gustaría invitarle a tomar té; vivo a pocos pasos de aquí.”

Juegos africanos, de Ernst Jünger; Tusquets, 2004; pgs. 87-88.

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TREGUA POCA

Oración, guerra, agricultura, son las ocupaciones viriles.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 1131.

“Espera el cretino    vivir por siempre
si evita entrar en pendencias,
mas tregua poca    le da la vejez,
si las lanzas sí se la dieran.”

Los dichos de Har, de la Edda Mayor; Alianza, 2009; pg. 39.

'Cervantes en Lepanto', de Augusto Ferrer-Dalmau (2016)

‘Cervantes en Lepanto’, de Augusto Ferrer-Dalmau (2016)

PRADO ESTEBAN DIEZMA

Muchas veces se ha hecho explícito en este blog un posicionamiento existencial que comparto con algunas personas, a las cuales trato de mantener todo lo cerca que este mundo permite. Enraizados en el Catolicismo, con posturas morales y éticas que nos encuadran en eso que el común suele catalogar de derechas, nuestra actitud política, sin embargo, podría considerarse furibundamente anti-sistema. Contemplando por igual a estado y mercado como enemigos formidables a los que combatir, nos podemos llegar a sentir más cercanos a la tradición de lucha anarquista que al colaboracionismo con el mundo actual que practica el 90% de la feligresía católica realmente existente.

En ningún caso se trata de una necesidad de epatar, ni de sentirnos extraordinarios. Creemos sinceramente que es pura coherencia con la doctrina social tradicional de la Iglesia Católica; la misma que llevó, por ejemplo, a miles de campesinos españoles a encuadrarse en las partidas de guerra carlistas para enfrentar la modernidad que destruía sus formas consuetudinarias de vida.

A la derechona -como le gustaba llamarla a José Antonio-, ese mejunje pútrido de burguesía especuladora con adornos de catecismo, que clama contra la destrucción de la familia mientras reduce salarios haciendo inviable cualquier sostén económico de padres y madres, sería capaz de asesinarla con mis propias manos desnudas.

Hemos conocido a través de José Carlos Aguirre a una mujer anarquista española que nos ha producido un impacto formidable. Y que nos confirma que, en el estado actual de cosas, hay que buscar compañeros de lucha en lugares, en principio, insospechados.

Sin embargo, desde nuestro punto de vista, el que hemos ido construyendo juntos durante años, todo tiene sentido. Todos los que tienen al demonio como enemigo, son mis amigos. Y el que no entiende que, ahora mismo, estado y mercado son dos caras del demonio, no entiende nada.

Allá ellos.

ANSIA DE NORMALIDAD

“Por lo que sé, este fue el panorama social en el que me encontré por primera vez, y esta, la gente entre la que nací. Lo siento si el panorama y la gente resultan decepcionantes de puro respetables y hasta razonables, y deficientes en todos esos aspectos que hacen que una biografía sea realmente popular. Lamento no tener un padre siniestro y brutal que ofrecer a la mirada pública como la verdadera causa de mis trágicas inclinaciones; ni una madre pálida y aficionada al veneno, cuyos instintos suicidas me hayan abocado a las trampas del temperamento artístico. Lamento que no hubiera nadie en mi familia más audaz que un tío lejano ligeramente indigente y siento no poder cumplir con mi deber de hombre verdaderamente moderno y culpar a los demás de haberme hecho como soy. No tengo muy claro cómo soy, pero estoy seguro de que soy responsable en gran medida del resultado final.”

Autobiografía, de Gilbert Keith Chesterton; Acantilado, 2003; pg. 31.

'Felicidad de padres', de Jean-Eugène Buland (1903)

‘Felicidad de padres’, de Jean-Eugène Buland (1903)

EMPEZÓ CON DOCE Y QUIZÁ TERMINE CON DOCE

“Es seguro que santa Catalina se sintió muchas veces descorazonada cuando sus esfuerzos mediante la oración y los intentos de persuasión no produjeron resultados palpables en los casos particulares concretos y frente a determinadas personas particulares, hombres o mujeres. Pero siempre estuvo segura de que ella se entregó hasta el fin de su vida corporal a una lucha de cuyo resultado final no dudaba, igual que sabía que en el campo de batalla que es la tierra no vería grandes triunfos. Pero es que, en realidad, Nuestro Señor tampoco nos prometió jamás nada sobre las victorias del Cristianismo en la tierra; al contrario, deben hacernos reflexionar un poco sus propias palabras: Cuando vuelva el Hijo del Hombre, ¿encontrará todavía fe en la tierra? Él no dijo la respuesta.

Deben mostrarse un poco cautos los que hablan de la bancarrota del Cristianismo en nuestro tiempo. Nosotros no hemos recibido jamás ninguna promesa de un mundo donde todos los hombres y mujeres acepten voluntariamente la doctrina como su norma de vida. Esto ni siquiera lo han hecho en épocas en que muy pocos eran los que dudaban que Él era señor de cielo y tierra. Sin embargo, intentaron evitarlo o se negaron voluntariamente a oírlo. Porque todos los hombres nacen separadamente y tienen que salvarse separadamente.”

Santa Catalina de Siena, de Sigrid Undset; Encuentro, 2009; pgs. 296-297.

Cabeza de Santa Catalina, guardada en la iglesia de Santo Domingo de Siena

Cabeza de Santa Catalina, guardada en la iglesia de Santo Domingo de Siena

DIME CÓMO ARDER

Rey sol, pon tu voz
Cayó la red que nos cubrió
Rey sol, me entrego a ti
Quebré el timón, no sé seguir

Rey sol, perdí mi tren
Por ser quien soy y ver el mundo del revés
Caí por crecer, callé por hablar
Confundo el agua con la sal

Aprendimos a mirar
Con la duda entre los dedos y a tientas
Descubrimos que al final
Las palabras que no existen nos pueden salvar

Probé a saltar sin red ni hogar
No sé volver, no sé hacia dónde ni con quién
Siembro minas en mi cuerpo y pólvora en la sien
Rey sol, dime cómo arder

Aprendimos a mirar
Con la duda entre los dedos y a tientas
Descubrimos que al final
Las palabras que no existen nos pueden salvar
Sin hablar

Rey de corona rota
Préstame un hilo de luz, voy a explotar
Sólo quiero ir más allá
Sólo quiero que esta herida se prenda
Ser el humo que al final
Escapó de lo que existe por ver qué hay detrás
Más allá

FUEGO A TODA LA CIVILIZACIÓN MODERNA

“Con el pelo rojo de una golfilla del arroyo prenderé fuego a toda la civilización moderna. Porque una niña debe tener el pelo largo, debe tener el pelo limpio; porque debe tener el pelo limpio, no debe tener un hogar sucio; porque no debe tener un hogar sucio, debe tener una madre libre y disponible; porque debe tener una madre libre, no debe tener un terrateniente usurero; porque no debe haber un terrateniente usurero, debe haber una redistribución de la propiedad; porque debe haber una redistribución de la propiedad, debe haber una revolución. La pequeña golfilla de pelo rojo dorado, a la que acabo de ver pasar junto a mi casa, no debe ser afeitada, ni lisiada, ni alterada; su pelo no debe ser cortado como el de un convicto; todos los reinos de la tierra deben ser destrozados y mutilados para servirla a ella. Ella es la imagen humana y sagrada; a su alrededor, la trama social debe oscilar, romperse y caer; los pilares de la sociedad vacilarán y los tejados más antiguos se desplomarán, pero no habrá de dañarse ni un pelo de su cabeza.”

Lo que está mal en el mundo, de Gilbert Keith Chesterton; Ciudadela, 2006; pg. 199.

'Mimitos', de William-Adolphe Bouguereau (1890)

‘Mimitos’, de William-Adolphe Bouguereau (1890)

CANTO DE LUCHA

“Pero al norte de Mesopotamia, en Armenia y en Georgia, la evolución de la cultura cristiana, que se derivó originalmente de la Iglesia siria oriental, se caracterizó por una poderosísima conciencia de independencia nacional.

En verdad, Armenia nos suministra uno de los primeros ejemplos de la historia de una política consciente encaminada al desarrollo de una cultura nacional. Porque, como ha demostrado Pere Peeters, los orígenes de la literatura y de la escritura armenia débense directamente al deliberado esfuerzo de los dirigentes del pueblo armenio de salvar su religión y su nacionalidad de la absorción por los persas. Para alcanzar este objetivo enviaron una misión cultural a los centros de la cultura cristiana siria de Samosata y de Edessa bajo la dirección de San Mesrop el maestro, que, con la ayuda de eruditos sirios, inventó la escritura y el alfabeto armenios y echó los cimientos de una literatura nacional cristiana.

Desde entonces -y durante mil quinientos años- la literatura y la escritura armenias han sido los baluartes de su nacionalidad. Durante su época de esplendor -siglos IX y X- el reino de Armenia fue también el baluarte de toda la Cristiandad oriental, enfrente del Islam, y cuando fue destruido por el miope imperialismo bizantino, el espíritu nacional armenio era aún lo bastante fuerte para sobrevivir a la conquista selyúcida y volver a crear un segundo estado armenio en Cilicia y Commagene. Aquí estableció contacto con el Occidente latino, por mediación de los estados cruzados, y ningún pueblo oriental demostró ser más tolerante y receptivo a la influencia occidental. Los santos occidentales, como Santo Tomás de Canterbury, fueron conmemorados por la Iglesia armenia medieval, y el rito occidental de la coronación fue traducido al armenio por San Nerses de Lampron para ser utilizado en la coronación de León el Grande en 1157.

Al propio tiempo los armenios medievales se entendían bien con el mundo oriental. Haythum I (1226-69) estaba en relaciones amistosas con el Imperio mogol, y visitó en persona la corte del Gran Kan en Karakorum. Intentó organizar un frente común con los mogoles en contra del Islam.

Los mogoles mantenían en aquel tiempo estrechas relaciones con los cristianos nestorianos orientales, y tal frente común había de comprender a los estados cruzados del Oriente, que mantenían la misma íntima relación con Armenia. Estos ambiciosos intentos, realizados por León II y Haythum II, sucesores de Haythum I, fracasaron, debido a la falta de ayuda de la Cristiandad occidental y a la decadencia del movimiento cruzado. No obstante, demuestran que en el siglo XIII la Cristiandad oriental era aún factor importante en la política internacional. No existe documento alguno más interesante en la historia de las relaciones del Oriente y del Occidente que el informe de la embajada de los monjes sirios de China, Mar Yaballaha y Rabban Sauma, enviados al Occidente en 1287 por el Arghun Kan, para asegurar esta alianza, y que visitaron Roma, París y Burdeos. En la misma época, los misioneros occidentales visitaban Asia Central y China, y establecían arzobispados en Pekín, en 1308, y en Sultanieh (Persia), en 1318. Si este movimiento de integración mutua de la Cristiandad oriental y de la occidental hubiera prosperado, el curso de la Historia habría sido distinto, al establecer un canal de intercambio a través del viejo mundo, desde París a Cantón.

Desgraciadamente, señaló un fin, no un principio. Aunque unas cuantas mentes previsoras de Occidente, como Roger Bacon y Raimundo Lulio, Felipe de Mezières y Marco Sanuto, Gregorio X y Juan XXII, presintieron la importancia del Oriente cristiano, la Cristiandad occidental en su conjunto estaba demasiado dividida por rivalidades eclesiásticas y políticas para aprovechar estas oportunidades. La conversión de los mogoles al Islamismo privó al reino armenio de su apoyo externo, y el crecimiento de la intolerancia musulmana, que culminó en la desastrosa reacción de Tamerlán, acabó no sólo con la influencia, sino también con la misma existencia del Cristianismo sirio en el Asia Central. El último rey de la Armenia cristiana murió en el exilio en París, en 1393, y tres años después fue completamente destruido en Nicópolis, sobre el Danubio, el último gran ejército que la Europa occidental había enviado en socorro de los cristianos orientales. Ya no existía posibilidad de expansión oriental para el Cristianismo. Incluso, fueron perdidas las comarcas donde Cristianismo y Helenismo habían tenido su origen -Asia Menor y Grecia-; y Constantinopla se convirtió en la capital de un nuevo Imperio no cristiano, mayor aún que el Imperio bizantino en tiempos de Justiniano.”

Ensayos acerca de la Edad Media, de Christopher Dawson; Aguilar, 1960; pgs. 41-44.

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