El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

UN VERSÍCULO MÁS

Mientras caen las hojas alrededor, nos golpean recuerdos de las primeras flores.

Se desnudan los árboles del acantilado en un silencioso atardecer de oro y nuestra alma insiste en una primavera que ya no gozaremos más.

Por los pasillos de mi hogar vacío corren los espíritus de los hijos que ya no han de nacer; y en sus risas que sólo yo escucho confirmo la verdad tan tardía: hombre fuiste, realmente, aquellos días que hicimos el amor abiertos a la posibilidad de dar fruto.

Cuando fuimos un versículo más de Su Génesis.

Espero disculpe mi torpeza. No me quejo de la soledad, la acepto; aunque no niego su amargura. De hecho, le hablo de ella a la brisa marina, para que dé aviso a los amantes jóvenes y eviten así naufragios en islas lejanas, ajenos al alboroto de una familia propia.

Tarde vi, comprendo. Y aunque me reconforta ser capaz todavía de sonreír al ver a otros dar pasos correctos, no es sin mácula que tal sonrisa nace.

Pues en el temblor de los labios se percibe el símbolo de una derrota.

“The Embrace”, de Nick Alm (2015)

INSUFICIENTES Y CONTRADICTORIOS

“…que la verdad no necesita ser dicha para que se manifieste, y que acaso sea posible recogerla con más seguridad, sin esperar las palabras y aun sin hacer el menor caso de ellas, en mil signos exteriores, incluso en ciertos fenómenos invisibles, análogos en el mundo de los caracteres a lo que son, en la naturaleza física, los cambios atmosféricos. Acaso hubiera podido sospecharlo, ya que a mí mismo me ocurría entonces con frecuencia decir cosas en que no había ni asomos de verdad, en tanto que la manifestaba en tantas involuntarias confidencias de mi cuerpo y de mis actos (confidencias que eran perfectamente interpretadas por Francisca); hubiera podido sospecharlo acaso, mas para ello habría sido preciso que hubiese sabido que a veces era mentiroso y trapacero. Ahora bien; la mentira y la trapacería eran, en mí como en todo el mundo, impuestas de una manera tan inmediata y contingente, y para su defensiva, por un interés particular, que mi espíritu, fijo en un hermoso ideal, dejaba que mi carácter llevase a cabo en la sombra esas necesidades urgentes y mezquinas, y no se desviaba para percibirlas.

[…] Y así fue ella la primera que me dio la idea de que una persona no está, como yo había creído, clara e inmóvil ante nosotros, con sus cualidades, con sus defectos, sus proyectos, sus intenciones respecto a nosotros (como un jardín que uno está mirando, con todos sus arriates, a través de una verja), sino que es una sombra en que jamás podremos penetrar, para la cual no existe conocimiento directo, tocante a la cual nos forjamos numerosas creencias con ayuda de palabras e incluso de acciones que, tanto unas como otras, sólo nos dan informes insuficientes y, por lo demás, contradictorios -una sombra en la que podemos alternativamente imaginarnos con tanta verosimilitud que brillan el odio como el amor.”

El mundo de Guermantes, de Marcel Proust; tercer volumen de En busca del tiempo perdido; Alianza, 1999; pgs. 81-82, 83.

Obra de Louis Treserras

EL PAPEL QUE HA TOCADO

Nos cuesta creer en las coincidencias.

Alguna razón habrá -pensamos- para que se den la mano los hechos de esta forma. Para que se encarne en ti, borrosa, la más alta promesa que este mundo puede dar.

Y para que, recién nacida, se torne sacrificio de un querer más alto.

Alguna razón habrá.

Para que de tu duda resucite mi certeza abandonada.

¿Eres, quizá, mero trampantojo que mi alma ingenia para atreverse a cabalgar -nuevamente- por el campo de batalla del que había huido?

¿Qué guía mis deseos? ¿O quién?

Gracias, en todo caso, por permitir que vuelva a mirar, cara a cara, la sagrada locura.

En otra vida, quizá, me hubiese gustado compartir contigo esta morada. Y entregarme a ti, paciente y servicial, alegre de la verdad.

Pero no corresponde a los actores escoger historia y escenario.

Sólo hacer
o no hacer
bien
el papel que ha tocado.

UNA MÍNIMA CARICIA TUYA

A veces sólo llegas para hacerme llorar de soledad y pena.

Lo llenas todo de tal manera que no dejas sitio para nadie más, pero, aún así, duele quedarse a solas contigo.

Y aunque sé que nadie te supera en belleza, tu celoso amor me llaga la piel. Imposible negarte, doliendo tanto.

Bien sé que aún no es tiempo para que cumplas tu promesa, pero me gustaría, al menos, sentir una mínima caricia tuya, mientras caen estas lágrimas de despedida.

O arrástrame ya de una vez con brutal violencia. Tan fuerte que se me olvide al punto todo lo que queda atrás.

VIRGINIA

“-¿Tenías plan de comer en alguna parte?

-Sí. Bueno, ya no. Venga, vamos. Veo que cojeas. ¿Ya te han herido?

-No. Aunque no lo creas, ha sido por jugar al rugby con una papelera.

-¿En serio?

-Literal.

-Cariño, qué disparate tan impropio de ti.

-¿Sabes? Eres la primera persona que me he encontrado que no se sorprende de verme en el ejército.

-¿De veras? ¿En qué otra parte podrías estar? Por supuesto que yo siempre he sabido que eras bravo como un león.

Almorzaron juntos y después subieron a su habitación y estuvieron hablando hasta que llegó la hora de que Guy tomara el tren.

-¿Todavía conservas la granja de Eldoret?

-La vendí inmediatamente. ¿No te habías enterado?

-Quizá sí que lo oyera por aquella época, pero, ya sabes, tenía un montón de cosas en la cabeza por aquel entonces. Primero el divorcio, luego el matrimonio, luego divorcio otra vez, antes de que tuviera tiempo de levantar cabeza. Tommy no duró nada de tiempo, el muy bruto. Me hubiera compensado quedarme como estaba. Espero que te dieran un buen precio.

-Prácticamente nada. Fue el año en que todo el mundo se arruinó.

-Es verdad. ¡Cómo me voy a olvidar! Ése fue otro de los problemas con Tommy. Lo peor fue que su regimiento se volvió agobiante. Tuvimos que dejar Londres y alojarnos en un pueblo ridículo lleno de la gente más horrible. Incluso habló de irse a la India. Eso fue el acabose. Realmente le adoraba, es cierto. ¿Nunca te volviste a casar?

-¿Cómo lo iba a hacer?

-Cariño, no me digas que tu corazón se destrozó para siempre.

-Aparte de mi corazón, los católicos no nos podemos volver a casar, ya sabes.

-Ah, es eso. ¿Todavía crees en esas cosas?

-Más que nunca.

-Pobre Guy, te metiste en un buen lío, ¿verdad? Se fue el dinero, me fui yo, todo a la vez. Supongo que en el pasado hubieran dicho que fui tu ruina.

-Quizá.

-¿Has conocido muchas chicas encantadoras desde entonces?

-Ni muchas ni muy encantandoras.

-Pues ahora deberías. Yo te guiaré y te encontraré algo especial.”

Hombres en armas, de Evelyn Waugh; Cátedra, 2003; pgs. 211-212.

ESPADA DE HONOR

Noble es la persona capaz de no hacer todo lo que podría.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 582.

 

Siempre lo consideré un papel demasiado complicado para mí. Lo sigo pensando.

¿Por qué volver a pensar en él? Porque el pasado se interpone en mi futuro con el recuerdo de una promesa.

Di mi palabra. Y, por ello, el lugar hacia el que quiero caminar me está prohibido.

Y amo tanto esa prohibición, aunque la deteste… Aunque me arruine la vida, amo tanto ese no.

En sus palabras contemplé de nuevo la nobleza del que no puede vivir de cualquier manera. Del que se hace difícil la existencia por amor al que se la dio.

Sin ni siquiera tener demasiado claro que nuestros actos le importen lo más mínimo.

Pero su alma y la mía están de acuerdo en que esa apuesta es bella.

A pesar de ello, si Él no nos ayuda, nunca seremos capaces de interpretar nuestros personajes.

Y en cuanto la gracia nos sea concedida, un muro sutil se levantará entre ambos.
Y su caricia, como el silencio de la palabra dicha, ya no podrá ser esperada.

Obra de Mark English

(Agradecemos a vanitas que nos diera a conocer este pintor)

TAL PERSPECTIVA

“A menudo me pregunto si Cristo previó la enorme ola que vendría tras él y que ha arrojado a las orillas del tiempo miríadas de iglesias como si fueran conchas de mejillones. Me pregunto si la frase está consumado incluía todo eso y aún más – pero, a la vez, si a cada uno de nosotros se le depara tal perspectiva.”          

Pasados los setenta I. Ernst Jünger, Tusquets, 2006; pg. 400 (escrito en Roma, el 27 de marzo de 1968).

Detalle de la “Crucifixión” de Matthias Grünewald (1512-1516)

BSO

Una de las cosas a las que nos malacostumbra el buen cine es al acompañamiento musical en los momentos cruciales de la vida de los protagonistas.

En nuestra realidad, sin embargo, los momentos cruciales suelen llegar con un silencio banal, interrumpido apenas por vulgares sonidos cotidianos: el acelerar de un coche, la conversación de los vecinos, una notificación que hace vibrar el móvil…

Nada nos avisa de que un mar insalvable quedará a nuestras espaldas tras la decisión tomada, tras el hecho consumado.

La banda sonora de nuestras vidas sólo la escucha Dios.

EL MUNDO EN UNA PINCELADA

Fue el atisbo de una ilusión, pero bastó para hacer rebosar el pozo. Por unos días. En los que escribir bello estaba siempre a la mano.

No llegaba a ser un sentimiento, quizá apenas una premonición anhelante. Pero fue suficiente un destello mínimo para cimentar un futuro de sucesos.

Como me explicó la pintora que me amó, el ojo construye el mundo con recursos escasos.

Fíjate en el cuello de su blusa; donde parece haber un sinfín de matices y detalles, hay apenas una pincelada blanca.

Yo acerqué la imagen que había visto mil veces y por primera vez contemplé lo simple invisible que siempre había estado ahí.

Pues así también trabajan el deseo y la esperanza. Y de un pálpito irregular brota un amor eterno.

MIENTRAS TODOS CHILLAN

Mientras todos chillan, yo dudo sobre la calidad de mi futura interpretación. Teniendo en cuenta los antecedentes, no soy para nada optimista.

Creo que todo sería más sencillo si vosotros dos estuvieseis a mi lado. Tú -siendo quien eres-, apuntando las frases clave desde tu agujero en el suelo, invisible para todos; tú -seas quien seas-, enseñándome el sutil arte del cuidado de los otros, permitiendo que more junto a tus rutinas.

Mientras todos chillan, yo recuerdo el agotamiento de las noches sin sueño, la ira de la paciencia colmada, el dolor rindiéndome ante mis responsabilidades.

Mientras todos chillan, rememoro la debilidad del cuerpo agotado y exhausto, que ya ni recuerda cómo dar sentido a sus derrotas e impotencias.

Oh, sí, mientras todos chillan sus virtudes y sus libertades, yo sólo imploro la gracia suficiente para no fracasar una vez más -¿podría haber fracaso más terrible?- cuando tenga que cuidar el declive y despedida de la que me regaló la vida.

E imploro también tu compañía, mujer -seas quien seas-, para que yo pueda ser mucho mejor de lo que cabría esperar de mi voluntad sola.

En Compostela

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

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